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Zaragoza, Aragón, Spain
Sindicalista de UGT Zaragoza entre 1977 a 2006. Periodo en el que fue uno de los refundadores de UGT Zaragoza, Sº de Acción Reivindicativa de UGT Zaragoza, Sº General de UGT en General Motors España, Presidente del Comité de Empresa de GM España, Sº General de UGT Metal Zaragoza, miembro del Comité Confederal de UGT y formó parte del Comité Europeo y Mundial de General Motors .

jueves, 20 de octubre de 2011

Sindicatos un tesoro a conservar

Cuando la izquierda ha perdido su poder, cuando la política se hace para los mercados financieros expoliando a los ciudadanos, cuando la ideología progresista parece no interesar, cuando sin saber bien el porqué se pierden logros sociales conquistados. ¿Qué viga queda para sostener la equidad en la sociedad? ¿En qué palanca podemos presionar para mover el mundo y alzar la esperanza social de la humanidad?

Si la socialdemocracia es difícil de aplicar en un solo país de la Unión Europea, mal vamos. Con el agravante de que como un profesor amigo me ha dicho, infinidad de jóvenes españoles no se forman lo necesario dejando en esta crisis al país sin salida... Ante tanta adversidad, ¿Queda algo, o se ha perdido todo? Yo diría que lo fundamental se ha dejado en el camino, como consecuencia del fracaso estrepitoso del socialismo democrático en España y en el mundo. Éste, más preocupado en gobernar por gobernar que en defender la política que le caracterizaba, se desvió al centro político con una increíble vocación liberal con dosis neoliberales, siendo la causa de la derrota de valores y de intereses presente. Es evidente de ello, la derivación hacia la derecha del laborismo en el Reino Unido, de la socialdemocracia alemana, lo ocurrido con el zapaterismo español.

La política es defensa de intereses y correlación de fuerzas. Entendiéndose que los intereses de unas y otras personas no son los mismos, siendo los partidos socialdemócratas los que deben velar por los de la mayoría de la sociedad, compuesta por los trabajadores más las clases baja y media. Impulsando estos, de forma continúa, el bienestar de sus representados, a la par que corrigen los abusos de jerarquías financieras, empresariales, de clase y de todo tipo, si estos se produjesen. El admirable filosofo José Luis Sampedro acaba de afirmar: “Los economistas se dividen en dos, los que hacen más ricos a los ricos y los que hacen menos pobres a los pobres. Buena parte de lo que esta pasando hoy tienen la culpa los primeros”. Lo mismo se tendría que decir de los políticos, sin embargo sobre los socialistas ya no se sabe bien en que parte están, debido a su lamentable desideologización general.    

En todo caso, estos defectos de la izquierda y de la política progresista son rechazados por los ciudadanos y por los jóvenes indignados como lo demuestran las masivas y magnificas movilizaciones del 15-O (antes 15-M, 19-J). Entre mil razones, porque el Estado tendría que invertir al menos dos puntos del PIB (sobre 20.000 millones de euros en España), exclusivamente en un Plan de Empleo Juvenil serio, para atajar la pesadumbre del 45% del paro que sufren y sin expectativas de poder trabajar. Retomando en primer lugar, la formación profesional, universitaria, ocupacional, toda la existente, con el objetivo de insertar jóvenes al mundo laboral. Ayudando más a los emprendedores. Infundiendo la necesidad imperiosa de los idiomas. Inculcando el valor del esfuerzo en el estudio y en el trabajo como una auténtica necesidad nacional, para colaborar y acabar entre todos con tanta desdicha y miseria por la crisis y las malas políticas que se efectúan. Si cada español aporta su grano de arena, se acercará el final ganándose el futuro. 

Pero como decía, ¿Queda algo en la izquierda o todo el sueño de emancipación de las clases populares y medias ha tenido un amargo despertar? Parece duro decirlo, mas se ha de llegar a la conclusión de que sólo quedan los sindicatos. En esto coincidía conmigo el amigo profesor. Esta situación se tiene que superar volviendo a su cauce las aguas políticas de la izquierda. Pues bien, hasta que la fuerza del río no se lleve la maleza que lo afea, de momento no hay nada más. Ni lo habrá en mucho tiempo. Por consiguiente, cuidemos y conservemos a los sindicatos porque son el único tesoro que tenemos para hacer frente a los fines inmoderados de la derecha, de los banqueros, de los economistas que hacen más ricos a los ricos, de los especuladores ladrones, de las patronales salvajes, de los empresarios indignos. Por su parte, el sindicalismo no lo hace todo bien, necesita corregir algunos defectos e involucrarse más directamente en la sociedad, debería modernizar algunas costumbres, dando más dinamismo y realce a la actividad, se demanda más firmeza. Sin embargo, su deterioro ideológico es insignificante comparado al de los partidos socialdemócratas antes hermanos y ahora por lo general también frentes que embisten.

¿El movimiento español de indignados debe unirse a los sindicatos mayoritarios para luchar juntos, como ocurre en Estados Unidos con el llamado Occupy Wall Street? Si los objetivos son los mismos, aquí no debe sobrar nadie, la solución tendría que ser unir y sumar. No obstante, por la configuración y el desarrollo de ese movimiento algunas personas tenemos ciertas reservas sobre su viabilidad. Yo pienso incluso que es el momento de orientarlo mejor o fracasará, lo que sería una lástima para la causa social, porque ha tenido la virtud de destapar la olla del descontento y la rabia de la juventud, de los desempleados, de los ciudadanos a modo de solidaridad. Asimismo, surgen temores fundados en la historia de que por ambos extremos (ultraderecha y ultraizquierda), gente radical o sin escrúpulos llegue a manipular y aprovecharse de esta honesta expresión popular. De la que diré, que causa admiración en el movimiento sindical e inquieta a los gobernantes por su espontaneidad y capacidad de resistencia.

“Lo llaman democracia y no lo es”
“Recortad a los banqueros y al clero”
“No hay pan para tanto chorizo”
“Dictadura de los mercados no”

¿Qué cabe corregir? El que con todos sus defectos, en todo momento y circunstancia es necesario dar valor a la política y a la democracia que tanto costó conquistar. En este punto, no caben matizaciones ni excusas. Lo primero, consideración a las personas aun siendo de diferentes ideas y condición, así como, a los políticos, los partidos, los sindicatos, a las instituciones del Estado, a la democracia en sí. Esto no cabe discutirlo, se respeta y ya está. Por eso, en las manifestaciones sobran las consignas coreadas de PP y PSOE la misma M... es, o UGT y CC.OO la misma M... es. El haber ido a las sedes de los sindicatos para encresparlos como ocurrió en Zaragoza, es de mentes obtusas y propio de los ángeles caídos de negro que no saben ni valen para hacer más, los cuales están dañando la imagen de los indignados de buena fe. Así también y como siempre han hecho los sindicatos, a los cafres y a los violentos más pronto o más tarde hay que plantarles cara para apartarlos de las protestas pacíficas. Si no se hace a tiempo, acabaran agotando el movimiento porque la gente lo irá abandonando a causa de su radicalidad.

Hay sin duda miembros de diferentes organizaciones, aprovechando la marea para pescar en aguas revueltas. Cuando se grita desprestigiando a los dos partidos y sindicatos mayoritarios, paralelamente se benefician de la critica otros partidos y sindicatos minoritarios, al arañar algún voto o simpatía para su causa. Esto ha sido así siempre. En este sentido, habría que ver quien es el que lanza el primer cántico guerrero para saber de que tribu proviene. De cualquier manera, el 15-O ha de tener siempre presente que los sindicatos representan a los trabajadores por elección en las urnas, siendo por ello representantes democráticos legitimados con la masiva estimación y fuerza legal. Se llega a decir que los sindicatos ya están presentes en ese movimiento, hasta parece que existe una llamada Coordinadora del Movimiento Obrero del 15-M. En realidad, sindicalmente no son nada. Una campanilla más de los mismos y mismas camisetas negras para llamar la atención. ¿Quién los conoce? ¿En que empresas la gente los ha elegido? Se quieren arrogar en la calle una representación que los trabajadores nos les dan en los centros de trabajo. Este es otro flanco débil a subsanar, protegiendo el movimiento con el apoyo y la fuerza de los sindicatos mayoritarios, los verdaderos representantes del movimiento obrero y sindical.

De todas formas, los sindicatos no necesitan que nadie los invite para participar en este u otro movimiento reivindicativo, porque han llevado y llevarán siempre la bandera de la reivindicación con sumo orgullo. De hecho, infinidad de sus afiliados y delegados  sindicales vienen participando en las manifestaciones y en las concentraciones callejeras desde el primer momento. Lo que deben hacer es, ir e integrarse en el movimiento para impedir desde dentro desviaciones políticas peligrosas, ponerse delante de los que les insultan, tomar la palabra para sugerir ideas positivas y rebatir las negativas. El 15-O y los sindicatos se tienen que encontrar en la calle, con una pancarta delante.

Que no quieren jefes, pues sin jefes. Como un autobús sin dirección. Quizá no piensan que aún con pilotos los aviones se caen. A todo esto ¿La mayoría de los amigos indignados irán a votar el 20-N y a quien le votarán más al Partido Socialista, a Izquierda Unida o al Partido Popular? Por lo que observo, muchos no votarán y los que lo hagan me temo que en mayor proporción a la derecha. Que vamos hacer, otro problema más a cargar en las espaldas de los sindicatos. Sí, conservemos el tesoro sindical que nos hará buena falta a todos.  


20.10.2011                                                                                   Fernando Bolea Rubio
                                                                   Sindicalista    
      

jueves, 6 de octubre de 2011

Economía que llora e industria triste

Para los populares la grave crisis mundial se iba a superar eliminando lo que llaman despilfarros socialistas: con dos coches oficiales menos por aquí, sin fotocopias en color por allá, yendo los cargos públicos andando; cuando sus sueldos son para que hagan gestión, no para que pierdan el tiempo caminando. Menos aún, habiendo bicicletas, patines, pudiendo hacer auto stop y hasta utilizar la caballería de la policía municipal.

Pero si las demagógicas simplezas económicas del PP, empezaron produciendo cosquillas mentales en la sociedad progresista, los recortes sociales reales que la derecha ejecuta cuando llega al poder, son alarmantes y de total preocupación por su atrocidad e inhumanidad. Han empezado clavando las uñas en la sanidad y en la educación, en los dos pilares principales del Estado del bienestar. Y según concibo, continuarán rebajando la cuantía de las pensiones más las prestaciones de desempleo. La líder dos, Esperanza Aguirre, ha dejado en la calle a 3000 profesores públicos interinos en Madrid. La líder tres (o quizá dos), María Dolores de Cospedal, no paga los medicamentos que sirven las farmacias de Castilla la Mancha, ni el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) de locales de la Seguridad Social, con el riesgo de que sean intervenidas las cuentas de las pensiones del Estado. El líder uno (mientras dé cargos), Mariano Rajoy, muestra señales inequívocas de que congelará, recortará, reformará, flexibilizará lo que tenga a mano. Y, hasta glorificará, a liberales equivocados como el catedrático Javier Andrés que sin rubor afirma: “Hay que dar la vuelta al mercado de trabajo como a un calcetín”. Así como al bruto vicepresidente de la CEOE, Arturo Fernández, que declara: “Hay que entrar en una reforma laboral con las tijeras, pero no unas tijeras cualquiera, con unas tijeras de podar”. 

La derecha catalana de CIU, reduce gastos sanitarios cerrando plantas en los hospitales, un 40 % de quirófanos, quitando un 30 % de camas, turnos y el 50% de la paga extraordinaria de Navidad al personal sanitario. El Gobierno popular de Baleares insta 800 despidos. Navarra  recorta el gasto público en cerca de 300 millones. El barón popular gallego fue de los primeros en extender el mantel. El Gobierno de Aragón, de la impetuosa Luisa Fernanda Rudi, empezó debiéndole dinero al Ayuntamiento socialista zaragozano, poniendo en peligro más de cien empleos. Tantean el terreno. Anuncia un tijeretazo en el presupuesto por encima del 5 %, más de 300 millones de euros. Todo llegará. Una pintada advertía: “Un maestro menos hoy, cuatro policías más mañana”.  

El PP decía asimismo que, tan solo con ganar ellos las elecciones, la economía florecería al nivel de los tiempos del ladrillo siendo todo felicidad. Sin embargo, tal como se acercan las elecciones del 20-N y van sabiendo que las van a ganar, cambian sus mensajes aclarando que se requerirá más tiempo para alcanzar la gloria pretendida. Saliendo a la luz otra falsedad. La semana posterior al anuncio de las elecciones, aun creyéndose que Mariano Rajoy obtendrá   una holgada mayoría absoluta, el IBEX 35 cayó 10 puntos y la prima de riesgo de la deuda soberana supero por primera vez los 400 puntos básicos. Fue como consecuencia del curso de la crisis y de la economía especulativa; pero la influencia de que en España pronto gobernaría la derecha, no tuvo ningún efecto corrector. En agosto, The Economist considero que “Rajoy era poco creíble, destacando que es un político sin nada que decir”.

“Si tú no vas, ellos vuelven”, fue el lema del PSOE catalán en la campaña de las generales de 2008. “Jode acabar tu vida con los mismos franquistas que cuando naciste”, ha declarado la actriz Emma Cohen, de 65 años. ¿Cuántos años espera que gobiernen: quince, veinte? No menos. Yo soy de su misma edad y opinión. Si no hay una rápida y fuerte reacción de los abstencionistas exvotantes socialistas, habrá gobiernos del partido popular durante cuatro o cinco legislaturas. Ante lo cual, cabe hacernos la pregunta siguiente: ¿Que es mejor para las personas progresistas españolas, tener un gobierno de izquierdas en España en una Unión Europea con la inmensa mayoría de gobiernos conservadores como hoy en día; o tener un eje franco-alemán de izquierdas con un gobierno de derechas en España, cuando aquí se obedece más al Eje que se gobierna? Yo prefiero la segunda opción. Esta es la esperanza  ideológica que queda. Pronto gobernará la socialdemocracia tanto en Francia como en Alemania, rescatándose  en parte el sueño perdido, aunque la dicha no sea total. 

La economía española llora, por la incompetencia de la derecha europea con su política de recortes salvajes del déficit fiscal y del gasto público; en vez de aplicar una economía socialdemócrata de estímulos públicos, lo que conllevaría que el déficit se reduciría más lentamente, pero de forma coherente y segura dado que impulsaría el crecimiento. Obteniendo el Estado, mayores aportaciones del incremento de la actividad y del aumento de la recaudación fiscal que la política expansiva generaría. El Nóbel Joseph Stiglitz, avisa: “de que reforzar la austeridad sólo ralentizará el crecimiento de Europa y agravará sus problemas presupuestarios”. Otro Nóbel, Paul Krugman, ironizó diciendo: “si descubriésemos que criaturas del espacio exterior planean atacar la Tierra y decidiésemos lanzar un contraataque, dejando el déficit y la inflación en un segundo plano, saldríamos de esta recesión en menos de 18 meses. Sólo una invasión alienígena evitará la tan temida double dip” (doble descenso o caída, otra recesión).

El profesor José Carlos Díez piensa: “que en 2010, cuando el comercio mundial repuntó y sacó a Alemania de la recesión, Ángela Merkel forzó acelerar los tiempos para rebajar el déficit al 3 % del PIB. La crisis ha dejado en evidencia que 2010 no era el año de la recuperación fiscal. El pasado año debería haber sido un ejercicio de fuerte crecimiento”. El mismo error cometió el Presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, al aceptar la noche de 9 de mayo de ese año las draconianas condiciones impuestas por la canciller alemana. Bruselas estableció para todos los países que el déficit debía situarse en el 3% para el 2013. El Gobierno partía de un déficit público equivalente al 11,4 % del PIB español en el 2009. El primer objetivo era situar el déficit en el 9,3 % en el 2010; algo que se consiguió. El segundo paso es el 6 % para el 2011; cifra que parece se alcanzará. “Y si en vez de ser un 6 % es un 6,2 %, no pasa nada. No tanta rigidez”, apostilla Joaquín Estefanía. He oído decir muy acertadamente: “que el camino de la austeridad fiscal no beneficia a quienes más lo necesitan”.

El gobierno español nunca debió someterse a cumplir la reducción de en torno al 8 % del déficit en tan pocos años. Creo, que ese ha sido el gran error del mandato Zapatero. Como máximo debió adquirir el compromiso de una disminución de un 0,5 % por año, en un periodo de liquidación mínimo de quince años. Posiblemente, tendría que haber amenazado a los alemanes con no pagar la deuda, si las condiciones de devolución eran inasumibles, porque frenarían radicalmente el desarrollo económico español, como así ha sido. Aún se está a punto de exigirlo. Junto a otros países, España se tiene que plantar e imponer unas condiciones de pago en los términos aquí expuestos. El decrecimiento económico que origina esta discordante economía merkeliana en el conjunto de la Unión, pronto hará que otros estados análogos hagan lo propio. Así, no se puede seguir. Finalmente, la sensatez se impondrá por la fuerza del agotamiento del crecimiento. Obligando de una vez a plantear una política general de estímulos fiscales keynesianos; siendo su fundamento principal, la reserva de dinero público que proporcionaría el ahorro de un menor coste anual del déficit, junto al incremento de la recaudación fiscal por el aumento  de la actividad y el relanzamiento del consumo. Más una drástica reforma fiscal para que la familia de la criada no pague más que la de la señora. Con una política eficaz contra el fraude al fisco.

Es innegable que, con sus imposiciones en la política económica de la Unión Europea, Ángela Merkel, por encima de todo, defendió los intereses alemanes. No los de la zona euro como hubiera sido lo ideal. Cabe afirmar, que su fin era que los bancos alemanes cobrarán la deuda soberana fundamentalmente de los países periféricos, entre ellos España, sin importarle en exceso la débil situación financiera que quedarían estos. ¿Nadie se dio cuenta de su juego? ¿Por qué se aceptó? Con esta cruda economía, Alemania esta desplazando a España hacia la inoperancia más atroz, al haber bloqueado su desarrollo financiero, atándola de pies y manos para que de hecho no se pueda desarrollar. Soportándose el castigo alemán, con un alarmante silencio español, junto a una inquietante paralización política y mediática. La conclusión de esto es, que el país se encuentra con las empresas sobrellevando la crisis, la banca con los créditos semicerrados y las arcas del Estado recibiendo baja recaudación por el efecto de la recesión y totalmente debilitadas por el alto precio del déficit. Mas, ¿de dónde va a salir el capital para invertir en economía productiva y en el crecimiento económico? Urge abrir la puerta de la iniciativa pública, como la única flecha posible de lanzamiento.

Según el propio Zapatero, en mayo de 2010, la deuda pública española era un 20% menor a la de la media europea. Para él, la deuda pública era baja y la de las empresas también. Sin embargo, la deuda de los bancos era un 20% superior a la media de la deuda bancaria europea, por la caída de la vivienda y los terrenos que había adquirido. Por tanto, España tenía y tiene las cuentas públicas bastante saneadas en comparación a la mayoría de los países desarrollados, lo que todavía le permite exigir otro sistema de pago del déficit fiscal más pausado y eficaz para el incremento del crecimiento propio. En agosto, la deuda pública española era del 60,11% del PIB del año 2010; la más baja de los países grandes y la segunda mejor de la Zona Euro-17 cuya media se situaba en el 85,38%, siendo la más baja la de Suecia con un 39,76%, la superior la de Italia al suponer el 119,00%. La de Alemania alcanzaba el 83,23% de su PIB.

¿A que conduce esta lamentable política de neto interés alemán? En nuestro caso, el problema de España puede llegar a ser, el que sin haberse recuperado de la crisis actual, sufra las penalidades de una segunda crisis como consecuencia de la primera, como muy bien advierte Krugman. Todo ello con las graves carencias que sufre: 21% de desempleo, crisis de la vivienda con su subsector de la construcción paralizado, prima de riesgo en los mercados financieros rondando los 350 puntos básicos, con una banca sin capacidad crediticia, sin suficiente inversión en las empresas, con una industria de automoción a bajo rendimiento soportando una venta de automóviles en el nivel más bajo de los últimos quince años, una productividad mejorable, bajo consumo, la bolsa de mal en peor, con la debilidad interna de un crecimiento irrisorio de 0,2% en el ultimo trimestre.

Toda esta oleada de estancamiento financiero impide además la renovación necesaria de bienes de equipo y la adquisición de nuevas tecnologías en las empresas. En definitiva, se está envejeciendo el tejido empresarial y la industria al no recibir la inversión en innovación y desarrollo que necesitan, lo que debería ser motivo de mucha preocupación en las entidades económicas, en los gobiernos y en el país. Con la necesidad que hay de mejorar la productividad y la competitividad, ¿cómo hay tanta pasividad ante este fenómeno dañino para conquistar y ganar el futuro? De momento, se llevan más de tres años de crisis y los mismos perdidos en la  modernización que se precisaría. ¿Cuánto tiempo más se va a tolerar esta decadencia que puede resultar mortal para la economía y el desempleo? ¿Cuántos años costara recuperar lo que se pierde? ¿Nos damos cuenta de que se están cerrando infinidad de empresas y muriendo poco a poco las demás, sin que se ponga remedio?

La industria esta triste, pasiva, sufriendo, sin moral ni esperanza de recuperación a medio plazo, cuando es el principal barco que nos puede rescatar. ¿Cuándo volverá a funcionar a pleno rendimiento este potente motor económico, exportador y garantía de crecimiento económico, de profesionalidad y de mayor estabilidad laboral. Para el economista Rafael Doménech, la industria representa el 20 % del PIB español, habiéndose convertido en el mejor anclaje para permanecer a flote, pero este sector no puede tirar de la economía si el resto no le ayuda, si no mejora la competitividad, normalizándose la financiación.  

Si bien, ha brotado una pequeña esperanza. Por primera vez un dirigente socialista ha puesto en entredicho la dureza del ajuste Merkel-Zapatero. En la reciente conferencia política del partido, el candidato Alfredo Pérez Rubalcaba, cuestionó la firmeza en el ahorro para cumplir el objetivo de reducción del déficit al 3 % en 2013. Siendo claro al decir: “Hay dudas razonables de que nos estamos pasando en la dosis de ahorro para enfrentar la crisis. Igual tenemos que medir los tiempos y los ritmos optando por la vuelta a los estímulos fiscales para que la política de austeridad no sofoque el crecimiento y la creación de empleo”. Sabio mensaje si se aplica, dado que al día siguiente por la mañana los periódicos destacaban la noticia. Pero por la tarde el candidato intervino en un mitin en Zaragoza, al que asistí; y, en él -con un escenario de fondo azul gaviota- no dijo ni media palabra sobre la cuestión. Sería por olvido. Para justificar su reflexión, si declaró a la prensa: “Digo lo mismo que Obama a Europa”. Es verdad.

Aparte de ello, para mí el partido socialista no podrá ganar las elecciones hablando únicamente de sanidad y de educación. Él afirmó que en España es necesario cambiar los horarios laborales, sin mencionar a los sindicatos en ningún momento. ¿Lo hará por decreto? Eso no me gustó, pero le votaré. A pesar del azul antirojos que vi en el estrado de color derecha recorte.




6.10.2011                                                                                                     Fernando Bolea Rubio
                                                                       Sindicalista    



jueves, 22 de septiembre de 2011

Sindicalismo y tropas enemigas

Gente interesada de mala fe, con un discurso análogo para hacer mayor mal, tienen como ideario debilitar e ir destruyendo los sindicatos de clase en España. Disponiendo para tal vileza, del apoyo de medios de comunicación de derecha y de ultraderecha. Y ahí están, en plena faena, intentando doblar la rodilla de los trabajadores organizados y como tales los más combativos y sensibilizados con el hecho sindical.

Cuando los sindicalistas van a la defensiva se les nubla la vista y yo nunca he padecido ese mal. Así que, para empezar, culpas pocas y virtudes infinitas. Como la siguiente. No conozco a ningún trabajador que, ante una sanción, despido, ofensa, u otro problema   laboral sufrido, haya ido a la camarilla de destructores sindicales para que lo defiendan. En concreto: A las organizaciones patronales, a la CEOE, a las cadenas de TV ultraderechistas, a otros medios antisindicales, a los neoliberales que atacan lo sindical sin descanso, al Gobernador del Banco de España que no duerme porque tiene la cabeza llena de reformas laborales y los bancos medio hundidos con sus ejecutivos multimillonarios, a las bandas enemigas que aparecen por doquier, o a los atroces criticos con las organizaciones sindicales que abundan por las empresas. No, no van a ellos. Acuden a los sindicalistas y a los sindicatos y si son los más fuertes y preparados mejor.

Así, ¿Cómo es posible que los trabajadores en general no se opongan con rotundidad a las campañas de acoso y derribo sindical, cuando es la sindical la única herramienta de defensa que tienen? ¿Cómo se permite que vayan debilitando la protección propia? ¿Por qué se llega a colaborar con los enemigos del mundo del trabajo, si sus intereses son  antagónicos? Cuatro manos hacen más que dos y no se debe repudiar ni maldecir una mano amiga. Como he oído decir: “Hay animales que tienen poca memoria, corren cien metros delante de un león y se paran, porque olvidan que los persigue”.

Para tener ideas y no defenderlas es mejor no tenerlas. En ocasiones se critica sin fundamento a los sindicalistas, pero se ignora que merecen suma consideración porque el sindicalista nace no se hace. Los sindicalistas se mueven por ideología y por sentimientos, por nada más; aunque estos principios de clase, humanistas y sensibles que guían su actividad sindical, no sean lo suficientemente conocidos desde fuera del movimiento obrero y sindical. Varios artículos míos anteriores tratan asimismo esta cuestión. Las palabras del periodista Manuel Domínguez Moreno son ilustrativas en este sentido: “La ideología es un planteamiento, un modelo político y social, una forma de entender la vida”. ¿Qué ya no hay gente así? Por supuesto que existe. Esta semana en una masiva asamblea de delegados de UGT, me emocioné (y se lo dije a ellos) escuchando las intervenciones de Cándido Méndez y de Manuel Fernández López,“Lito” porque pensé que en 35 años no han cambiado nada. Mantienen su mismo discurso sindical de entrega total a los trabajadores y a las trabajadoras, con la misma frescura que cuando siendo críos luchábamos en la calle y en las fábricas por la democracia y por los demás.

Un sindicalista es un idealista. Sin dejar el pragmatismo, los sindicalistas deben ser siempre idealistas. A veces se censura a los sindicalistas por las apariencias, porque se tiene una imagen errónea de ellos. A las personas no se le puede conocer con un mínimo de precisión, sin haber hablado al menos algunas palabras directamente con ellas. Nadie es como parece. De otra parte, ningún sindicalista lo es con intención de hacer mal a los demás compañeros. En caso contrario no serían sindicalistas. Después de mi larga trayectoria sindical, yo podría decir lo mismo que el escritor George Orwell (luchó en los Monegros a favor de la republica): “Después de las experiencias que he vivido no tengo menos, sino más fe que antes en la honradez de los seres humanos”.

He escuchado decir a un joven colega que “el sindicato tiene que ser una amenaza creíble”. Así es, tenemos el valor de jóvenes sindicalistas que piensan bien. Al sindicalismo le queda mucha vida. Por mucho y muchos que se empeñen no lo derrotarán. El líder de UGT, Cándido Méndez, ha declarado: “Ha habido una labor de los medios de comunicación de derecha y de extrema derecha de un martilleo de artillería pesada contra el movimiento sindical a lo largo de estos años, casi como preparando el terreno para la vuelta de la derecha. Pero que no se confíen, que no se confíen, porque después del fuego de la artillería más fuerte, en todas las guerras surge la infantería de los agujeros de las bombas para defender su dignidad y defender a su país”. En los discursos añade que la infantería (republicana) española es la mejor del mundo. “Somos el único baluarte que a los poderosos les queda por vencer, por eso somos el objetivo a batir” subraya -el secretario general de mi federación MCA-UGT antes UGT-METAL-, Lito. La procesión terminará cuando pase el último cura, pero nada conseguirán sin la fe devota de trabajadores conversos. 

“No defendemos la nómina de un mes, sino el empleo de una vida” afirmaba un compañero de Cádiz, ante el cierre de su fabrica de la multinacional Delphi por ser deslocalizada a otro país. De verdad... ¿Quien puede solucionar un problema así? ¿Lo puede hacer un abogado o abogada desde un simple despacho? ¿Lo podría solventar el mejor gabinete de juristas, al ser la deslocalización una opción empresarial legal? Más, si por muy buenas indemnizaciones por despido que pudieran conseguir, los trabajadores no les dieran valor material y las rechazaran, porque su lucha fuera por la defensa a ultranza de los puestos de trabajo. ¿Los abogados con las togas se pondrían delante de las manifestaciones de presión, dando un espectáculo espantoso? Los sindicalistas para esto y los letrados a lo suyo, cumpliendo con su función de técnicos de apoyo.

¿Se haría sindicalismo, reclamaciones, demandas, en las pymes si no hubiera delegados sindicales de los sindicatos? No, casi nadie se encararía con el empresario ni con los tipos de su entorno, al no disponer de la cobertura organizativa que gozan los representantes sindicales. ¿Qué estos tampoco lo hacen? La solución es sencilla, que dimitan y se les sustituye. Yo pienso que una de las dificultades del sindicalismo es debido a que no se propagan suficientemente, las gestiones y los triunfos sindicales que se obtienen. En primer lugar, dado que no se comunican suficientemente a los medios de comunicación. Y en segundo lugar, porque a veces no se utiliza bien la propia prensa informativa propia.

Los trabajadores siempre están hondamente interesados en conocer el desarrollo de los conflictos de sus compañeros de otras empresas, así como la solución que el sindicato les va dando. Si bien ese defecto es sencillo de subsanar, realizando mensualmente en cada federación sectorial del sindicato asambleas generales de delegados sindicales. Así como de afiliados en las empresas y en el sindicato cuando sea menester. Repartiendo además, los boletines del sindicato en la puerta o en el interior de las empresas, dando un ejemplar en mano a cada trabajador, lo que daría pie a tener un pequeño cambio de impresiones y un contacto directo del sindicato con el asalariado.

Probablemente, una suposición drástica ayudara a dar más valía al sindicalismo en sí.  Podemos imaginar por un momento, la sensación de vacío que se produciría en multitud  de trabajadores, en las clases inferiores y en el conjunto del país, si de pronto se diera la noticia de que continuaba la democracia y todo igual; pero que los sindicatos habían desaparecido, que no iban a continuar ejerciendo su labor social en España. A partir de ese momento ¿Quien  garantizaría el Estado del bienestar? ¿Que ocurriría con el sistema de pensiones? ¿Quienes se harían responsables de la negociación de los convenios y de garantizar los salarios a las familias españolas? ¿Como se podrían tratar los Expedientes de Regulación de Empleo? ¿De que forma se haría frente a los cierres de empresas y a los despidos colectivos? En lo referente a los derechos individuales ¿Se cubrirían correctamente los servicios jurídicos de los asalariados en los Juzgados de lo Social? ¿Se velaría por la salud y la seguridad de los trabajadores en los puestos de trabajo? ¿Se harían políticas sociales de inserción, de empleo? ¿Y la formación y los servicios?

En los conflictos laborales sacar a la gente a la calle es fácil, lo difícil es retirarla  ¿Quién lo haría? ¿Cómo se negociaría con los gobiernos y con los sectores productivos, industriales, turísticos, económicos, para reactivarlos socialmente? Las direcciones de las grandes, medianas y pequeñas empresas ¿solventarían los problemas laborales diarios hablando uno a uno con todos los componentes de las plantillas? ¿o pararían la actividad de las firmas para reunir a los empleados en colectividad? La situación se pone fea. En mi opinión, se tiene que analizar sin demora la catástrofe económica que para los negocios y el desarrollo económico del país significarían las tesis neoliberales y provocativas ultra de la desaparición o del debilitamiento sindical.

En el Reino Unido, el thatcherismo destruyó la influencia de los sindicatos casi durante una generación, después de que en 1984 ganara una huelga de un año de duración al Sindicato Nacional Minero (NUM). Dos mineros fueron condenados a cadena perpetua por el asesinato de un taxista. El Gobierno cerró 97 explotaciones mineras y el resto fueron privatizadas y vendidas. Desnacionalizando también el monopolio estatal de los astilleros británicos, telégrafos, gas. Todo ello tuvo como consecuencia la pérdida de puestos de trabajo y un incremento del desempleo. Pero como Primera Ministra y líder del Partido Conservador, Margaret Thatcher tuvo que dimitir en 1990, hace 21años. Y, en la actualidad, los sindicatos (Trade Union) continúan con una inmensa capacidad de movilización y resolución. Ni ella ni su radicalismo ultraliberal enfermizo están y el sindicalismo británico sigue felizmente su trayectoria. 

¿Alguien en España quiere que se repitan aquí los métodos de esa señora? De momento, diversos poderes lo están intentando. Si logran herir al sindicalismo, siempre habrá una líder (ya están haciendo méritos un par de lideresas, así llamadas) o un líder del Partido Popular –ahora con dos gallinas y un gallo que no canta-, para continuar la operación de derribo de los bienes públicos del Estado. De manera tal, que el conflicto puede estar servido.       

Consecuentemente, las patronales, la banca, los comerciantes, los empresarios serios, la prensa conservadora más racional, la parte de la sociedad implicada; deben rebobinar su estrategia de acoso al sindicalismo que han ayudado a generar, tomando cartas en el asunto en sentido contrario. Este juego fundamental de la ultraderecha -del Tea Party /Ti Pari/ o Tintorro español-, no puede ir mas allá. Si no se para pronto, habría que neutralizarlo a la manera sindical. Si no se hace así, como dice un amigo: “Ya veremos después a que monja reclamamos”.

La primera acción  para contener a las tropas enemigas debería ser, que sus posibles afectados no voten el 20-N a los partidos conservadores. Por el hecho conocido, de que si llegan al Ejecutivo les dispararán con cartuchos de sal en el trasero, tratando de eliminar el poder sindical que le garantiza los derechos sociales y el bienestar. Como igualmente  argumenta Lito: “El sindicato con los trabajadores y nada más. Pero en todo caso, para los propios trabajadores siempre es mejor un mal gobierno de izquierdas que uno bueno de derechas”. La teoría de votar con enfado a uno con el propósito de que no salga otro, es una hipótesis. El pueblo decidirá.    


22.09.2011                              Fernando Bolea Rubio
                                       Sindicalista  


viernes, 9 de septiembre de 2011

Los valores como acción política

Como consecuencia de la crisis que los poderes financieros y los gobiernos no saben atajar, están ocurriendo tantas misteriosas e incomprensibles novedades políticas que, a mi modo de ver, algunas personas de izquierdas pueden padecer tal desorientación ideológica que lleguen a asumir las recetas de la derecha, como las únicas validas en el estado actual.

Cuando al principio se preguntaba ¿Quién tiene la culpa de la crisis? Se respondía la banca. Ante la misma cuestión, ahora se dice Zapatero. ¿Cómo se puede solucionar? Con reformas laborales, amigo millonario, indican aun hoy personajes faranduleros, los ricos y sus palmeros. Lo cual es lo mismo que querer ir a Francia con rumbo a Ceuta. ¿Señor Rajoy, como piensa usted solucionar la crisis? Con una profunda reforma laboral, que cuando la conozcas te arrepentirás de no haber ido a votar o de haberme votado, camarada e ignorante obrero. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, critican por estribor. Este Gobierno ha derrochado el dinero, abronca el derechismo político ahora eufórico ante el eminente triunfo electoral del Partido Popular: con las ayudas a los viejos, la Seguridad Social atendiendo emigrantes y operando extranjeros, reparando aceras, con pagas por hijos, los 400 euros en el IRPF, u otras lindezas, critican. Un mensaje político confuso e iluso se ha establecido en la sociedad, con el silencio enigmático del socialismo gobernante, que ha perdido la influencia de la comunicación y por ende la posibilidad de amparar su propia gestión. 

Pero basta con recordar levemente el pasado para que la luz alumbre. La crisis nació en 2007 en EE UU, es mundial, fundamentalmente de los países occidentales. Los culpables de la misma son los banqueros y los mercados financieros especulativos, quienes como consecuencia de sus desfalcos y raterías con las hipotecas basura (subprime), junto con sus innumerables operaciones económicas que Felipe González denomina como de: “Egoísmo inteligente”, se llevaron a sus bolsillos los inmensos beneficios de la economía monetarista que practican. Dejando bacías las arcas de infinidad de entidades financieras, estados, empresas, personas; generando en la humanidad: hambre, escasez de bienes, paro, calamidades sin fin. Sin que nadie pague condena por lo hecho. Con la dificultad de que la política no se ha sabido imponer a los mercados financieros, para influir verdaderamente en la economía de los países. Por ello, Zapatero es una victima más de la crisis, no su impulsor como se le inculpa. Que se dirijan las iras hacia los verdaderos culpables, dejando de penar a los inocentes; aunque la gestión de la crisis de los Gobiernos central y autonómicos españoles, tanto de uno como de otro color, dejen mucho que desear. Así, todo en su sitio y cada cual con su fortuna o tormento. 

De otra parte, esta crisis se recordara en España como la de las reformas laborales continuas. Desde hace un año el Gobierno no para de jugar con la pelota. Empezó facilitando y abaratando el despido. Continuó dando ventajas infinitas a las empresas para reducir personal, pudiéndose declarar hasta pérdidas de futuro... que fue como un cheque en blanco que la Administración regaló a la patronal. El 31 de agosto de 20011 entró en vigor –durante dos años- otra novedad, el encadenamiento sin límite de los contratos temporales; cuando debido a las restricciones que impuso (favorablemente en esto) la Reforma Laboral de 2010, la suma de 24 meses de contratos temporales convertía automáticamente el contrato como indefinido. Triste episodio, porque aparte de perder esa condición; es tanto como decir, que como en muchos centros de trabajo no se cumplía bien esa obligación legislativa, había argumentos legales para conseguir en los tribunales contratos indefinidos como penalización, o al menos una indemnización superior a 20 días en las negociaciones posteriores al término de la relación laboral. Ahora no será así, quedando los temporales más indefensos, al cambiarse la norma y de hecho legalizarse el fraude contractual existente. Una nueva facilidad para los empresarios que de nuevo perjudica seriamente a los trabajadores. El Ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, para enaltecer el evento indicó:“El Gobierno prefiere un trabajador temporal a un parado”. Similares palabras se decían cuando se aprobaron a gran escala los contratos eventuales, llegando a suponer este fenómeno una lacra de hasta un 35% de precarización, de contratos basura.  

¿Agosto podía dar más de sí? Pues claro, los Contratos para la Formación hasta los 34 años si el trabajador no tiene cualificación profesional, cuando al tener 35 años las empresas no contratan a estos jóvenes por viejos. En mi caso, a los 18 años era oficial de primera mecánico fresador en una empresa.¿Nos damos cuenta del destrozo laboral que se ha hecho en este país con los jóvenes, por culpa en muchos casos de la golosina salarial del ladrillo y de no potenciarse a tiempo la formación profesional? ¿Cuándo van a empezar a cotizar a la Seguridad Social? ¿Con cuantos años se tendrán que jubilar para tener derecho a una pensión? De entrada, se les condena a tener que adquirir además de la pública una pensión privada. Con un desempleo del 20% y un paro juvenil del 43%, la situación de los no cualificados profesionalmente está siendo ya dramática. ¿Qué van hacer, ir por la Unión Europea realizando los trabajos que nadie quiera? A estos jóvenes y por supuesto a los demás, no se les puede ayudar con reformas laborales como ésta, que aún los aleja más de la solvencia que como personas necesitan. Son necesarios planes específicos de mayor alcance financiados por el Estado, con ayuda empresarial y colaboración con ímpetu de los agentes sociales.

Se señala que la prioridad del Gobierno es luchar contra el paro y quizá en ese sentido ha debido impulsar las reformas laborales que comentamos. Sin embargo, el paro y la temporalidad en vez de reducirse aumentan, por haberse incrementado la crisis y en mi opinión, debido a que las reformas han tenido un error grave de orientación. La solución no debió ser flexibilizar y abaratar más la contratación y el despido, pensando ingenuamente que con esas premisas los empresarios contratarían más y mejor. Nada de eso han hecho y las medidas gubernamentales han acabado en un rotundo fracaso. No se debió ir por el camino de la desregulación, sino por el de limitar las facultades que las empresas ya tenían para contratar y despedir; para impedir que pudieran desprenderse de los trabajadores con tanta facilidad, contratando a los nuevos asalariados con mayores garantías de estabilidad. Todo ha sido un despropósito. Es lógico y fácil de entender que si se ha deteriorado el equilibrio laboral, dando más poder de ejecución al empresario este lo aplique en su propio bien. Si a los niños se les da caramelos se los comen. Si se hacen reformas laborales gustosas, se consumen con mayor agrado.

En unos meses puede instalarse el PP en el Gobierno, con la receta citada de una nueva reforma laboral profunda. Más de lo mismo. Les parece poco el fracaso que se ha tenido que quieren superarlo con creces. Modificando la legislación laboral no se crea empleo y según como se haga (como se ha valorado) se puede perder más deprisa el existente. No es así como mejoraran las cifras del paro. El desempleo necesita que la economía crezca de forma natural para que cree empleo. No sirve valerse de artimañas ficticias, que pueden tener como principal fin, no el que se dice, sino reducir los derechos de los asalariados, ya bastante limitados en este país en comparación con otros de la Eurozona. Que no empujen para atrás, que hay mucho que hacer por delante.

El vivir por encima de las posibilidades es una afirmación socialmente peligrosa, dado que llevada al extremo, puede ser utilizada por los neoliberales para reprochar a los trabajadores y a las capas populares de gozar de mejoras imposibles de mantener, justificando así que habría que recortar el Estado del bienestar, cuando eso sería totalmente incierto. Aquí sí se ha vivido sin freno ni control; pero han sido sobretodo los promotores y los banqueros del ladrillo, no así la población en general. Ni tampoco  el Ejecutivo socialista, porque no se debe olvidar que antes de la crisis el Estado llegó a tener superávit; siendo aún hoy, el porcentaje de la deuda publica española uno de los más bajos de la Unión. No tanto la privada, que es considerable (más de dos veces superior a la pública), en parte como consecuencia de la errática construcción masiva de viviendas que se efectuó, cuyo estoc sin vender esta restando valor a los activos de algunas entidades financieras. Fenómeno este que impide gravemente la superación de la recesión en España. Una política de vivienda equivocada, que el PP impulsó y que el PSOE desafortunadamente no paró.

Es asimismo sorprendente que, cuando tenemos uno de los mejores sistemas de Seguridad Social del mundo, haya personas que piensen que los responsables y dirigentes que la gestionan son tontos. Como si no cobraran en los correspondientes seguros y países de los afectados, los servicios que prestan a los extranjeros si estos no cotizan aquí. Lo mismo que cuando un español se opera en cualquier otro país y la sanidad española paga la cuenta, o dispone de conciertos económicos establecidos de compensación. El que las pagas por nacimiento de hijas e hijos y del IRPF, fueran para todos, sin limitarlas en función de altas rentas, fue equivocado y censurable. No así las ayudas a la dependencia, porque la falta de protección de los mayores era un déficit social propio que había que cubrir, como en su momento se hizo en otras naciones del  entorno. El Plan-E de rehabilitación de las poblaciones, fue un programa expansivo público para ocupar durante un año desempleados de la construcción, una vez pinchada la burbuja inmobiliaria. Por su objetivo laboral, yo estuve de acuerdo con él.

El poder de la derecha y las incongruencias que seguirán surgiendo desde el partido socialista, continuarán ensombreciendo el panorama político y sindical. En consecuencia, se ha de estar preparados para afrontar los ataques que iniciara el neoliberalismo sentado a la derecha y la izquierda, estando en el Gobierno y fuera de él. Que sus mensajes no confundan a los luchadores sindicales, al movimiento obrero, ni a los trabajadores y las personas progresistas y con conciencia social. En realidad nuestro ideario ha de ser, guiarnos y refugiarnos en los valores sindicales y políticos de la izquierda, cuyos principios e ideales nadie nos podrá arrebatar jamás. Que no se pierda la ilusión y la esperanza, porque los verdaderos socialistas no necesitan tutores, lo que desean lo saben conquistar.        

9.09.2011                                                                                               Fernando Bolea Rubio
                                                                          Sindicalista

viernes, 26 de agosto de 2011

Crecimiento o desastre


Por el contexto en el que se desarrollaba la economía, los que pensábamos que los mercados nos podrían dar un susto en agosto, no nos han sorprendido en exceso los apuros financieros sufridos por el Tesoro Público español, como consecuencia del encarecimiento del pago de la deuda soberana. Aunque ha sido muy desconcertante el error de modificar la Constitución para limitar el déficit público.

¿Qué necesidad tenía Zapatero de hacer ahora esa modificación liberal? ¿Ha valorado el Presidente la situación de debilidad ideológica y política en que ha dejado a Rubalcaba el candidato socialdemócrata? ¿Coartando el déficit público, Estados Unidos hubiera salido sin el New Deal (Nuevo trato) de la Gran Recesión de los años treinta del siglo pasado? ¿Y Europa, se hubiese podido reponer de su hundimiento financiero como consecuencia de las ruinas de la II Guerra Mundial? ¿No se aplicaron en esos casos políticas keynesianas de mayor gasto público, que fueron determinantes para salvar las naciones? ¿Por qué se quiere privar a España y a los futuros gobiernos de izquierdas verdaderos, de realizar esas políticas que evitan estancamientos económicos como el de ahora y garantizan el Estado del bienestar, cuando hasta un banquero ha dicho: “Hay que releer a Keynes”?

¿Por qué el Gobierno español es tan obediente? Hace unos días Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, la derecha europea, la austeridad manifiesta, decidieron por su cuenta y sin tener la representación necesaria que, las Cartas Magnas de los países de la zona euro, regularicen la limitación presupuestaria (el techo de gasto) de sus respectivos Gobiernos. Una restricción, que ahora solo recoge la Constitución alemana. Pero aun así, la docilidad española es tal, que los parlamentarios y senadores aprobarán la indicación sin un referéndum. Y, a vuelta de correo, en valija diplomática, enviarán la esperanza de la izquierda a la derecha reinante. Esta Europa no me gusta. Y este Ejecutivo tampoco. Según Emilio Ontiveros: “Al Gobierno no se le puede acusar de pasividad, sino quizás de excesivo nerviosismo e inquietud por agradar a los mercados financieros”.

Este hombre no sabe lo que ha hecho. Los diputados socialistas tienen ahora en su mano, la responsabilidad orgánica y política de impedir en el Parlamento que esta paranoia ideológica salga adelante. Ésa es la única posibilidad, para que el 20-N, el partido socialista se pueda salvar del más inimaginable debacle electoral. Si se sigue así, el PSOE desaparecerá. ZP ya no es un líder. Se ha convertido es un desconfiado, con la fatalidad de que cada año comete un error insalvable. Con el del 9 de mayo de 2010, se quemó como político, al abandonar a sus votantes con recortes que únicamente ellos padecían. Con el que juzgamos del 23 de agosto, esta generando hastío. ¡Ya vale! Que no haga nada más. Cuando como ahora se equivoca, la derecha lo aplaude. Por sus desviaciones e incoherencias, sufre desconfianza general. A una persona que se comporta así, no se le puede tener lealtad. Que cada parlamentario, proceda en consecuencia, para que al menos se convoque un referéndum.

Es innegable que aparte del color político de sus dirigentes, con gobiernos conservadores no progresará España. Aquí también es necesario un New Deal, porque Alemania está arruinando a España, por la obsesión de la cancillera Merkel con la austeridad. “Esta destruyendo mi Europa”, ha dicho el excanciller y su padre político, Helmut Cohl. Pero en Madrid su palabra se hace ley fundamental. Cada día tiene -como Sarkozy- más oposición en su país; pero los socialistas locales, no escuchan a sus correligionarios alemanes, franceses, portugueses o griegos, colegas de su internacional. Para que, es mejor no hacerse la foto con el griego Papandreou, se debe pensar. Doy un giro a la derecha, rodeándome de un equipillo económico neoliberal, con terror a subir impuestos a los ricos... para que no se enfaden y como ahora den alguna limosna y yo feliz; cuando según Vicenç Navarro, “los ingresos al Estado español son de los más bajos de la Eurozona, un 34% del PIB, frente al promedio de la UE-15 de un 44%, y de Suecia un 54%”. Esta última, con el modelo político que anhela el PSOE real, no el oficial que va a la deriva.

Si por la crisis y los pagos sociales, en 2009, el déficit público español llegó a ser del 11,1% del PIB. No se podrán cubrir esas necesidades si, las administraciones no tienen dinero, no se les permite adquirir deuda pública, si hay un 23% de economía sumergida, con capitales burlando el fisco y sin intención política de aplicar impuestos progresivos. ¿Cómo se va a pagar el desempleo, la educación, la sanidad si la crisis vuelve a repuntar, como ya es seguro que va a ocurrir? Urge hacer políticas expansivas  keynesianas, no restrictivas monetaristas como pregona el PP, porque el principal objetivo ha de ser el crecimiento económico al 2,5%, para que empiece a brotar el empleo y la prosperidad. Sin crecimiento y con las políticas desastrosas de Merkel, Zapatero y Rajoy, España lo va a pasar muy mal. Preparémonos.


          26.08.2011                          Fernando Bolea Rubio
                                                     Sindicalista                    

                                                               

martes, 26 de julio de 2011

Dignidad trabajadora e inmoralidad sin condena

Cada vez es más indudable, que los imperios empresariales y financieros, están aprovechando la crisis, para llevarse al plato la mayor ración conocida del bienestar laboral. Este dulce amargo les produce adicción. Para eso se valen de sus tretas propias: falsean la realidad, financian campañas tratando de crear estados de opinión favorables a sus inexactas teorías, se valen de personajes sin moral para infundir su doctrina. Juntan lo peor, para así obtener un deshonesto provecho.

Pero si su punto fuerte es el poder del dinero, el de los trabajadores la dignidad. Aunque solo con virtudes no basta. Hay que recuperar el orgullo de ser trabajador, junto al valor del trabajo, como unos de los principales activos mundiales de la sociedad. Empezando por reconocer con satisfacción, que ser considerado como asalariado o trabajador es pertenecer a la clase mayoritaria y con certeza la más ennoblecida de la población. No debiéndose caer jamás en la confusión de clases, creyendo pertenecer a una superior cuando no se es de ella, ni se tendría más prestigio personal por pertenecer a la misma. Hay que ser de los nuestros, de los parias de la tierra, sí; pero con corazón solidario mas la mente abierta al bien común, dando ejemplo de fortaleza de principios, de honestidad y de profesionalidad. La clase obrera siempre ha causado respeto, porque mantenía sus ideales de superación y sabía defender sus derechos con gallardía. Pero, ¿los asalariados conservan aun esa consideración respetuosa, fruto de la decidida entrega a su causa? Para mí, se ha perdido mucha. A pesar de ello, en beneficio de los hermanos trabajadores aragoneses, españoles, europeos, del mundo, urge de nuevo recuperarla.      

En el presente, se extiende una opinión sumamente equivocada para el movimiento obrero y sindical, al ir implantándose la idea de que los trabajadores de ahora son de clase media y no clase trabajadora, produciendo un efecto desclasado y desmovilizador tremendamente negativo para la acción sindical y la lucha obrera. Porque claro, ¿dónde esta el límite salarial o de pertenencias que separa a la clase trabajadora de la clase media? ¿Son acaso los de veinte mil euros anuales de clase media? ¿Y los de treinta mil? Cada cual tendrá su opinión, pero la mía es rotunda: Toda persona que ahora percibe menos de cincuenta mil euros al año, ha de pensar que es clase trabajadora y nada más. No hacerlo así sería un engaño para ella misma. Si entre la pareja ganaran el doble, se podrían considerar en conjunto de una república diferente; aun continuando como clase trabajadora cada uno de por sí. Se intenta hacer falsos trabajadores ricos, para que no reivindiquen sus intereses básicos, confundidos por nubes de grandeza ilusorias.

Excepto los altos ejecutivos –aunque he conocido presidentes de compañías alemanas afiliados al sindicato IG-Metall-, tanto los mandos como los técnicos de todos los niveles, tienen que organizarse y defenderse como los demás (en UGT existe la agrupación de técnicos y cuadros), al ser su condición social como trabajadores igual a la del resto de sus compañeros; aparte de las superiores retribuciones que pudieran percibir. Sí, ya sé, que hay autónomos y empresarios de pymes que pueden ganar menos y no llegar a los fronterizos cincuenta mil euros marcados para alcanzar la condición media. Estos emprendedores que se cataloguen como mejor crean, de bronce o de plata, a pesar de que les debería servir la misma regla de selección a una u otra condición. Este dilema me recuerda, lo que un colega dice: “Se tendrían que unir los trabajadores y los empresarios de verdad... contra el resto del mundo”. No le falta razón, dado que buscando objetivos comunes se podrían superar ambas partes, amparados por reglas distributivas justas. Mucho más en este tiempo confuso de crisis, con abusos bancarios junto con reformas sociales sin igual.

Entre las falsedades interesadas con idea de intimidar a los trabajadores, recientemente la canciller alemana, Ángela Merkel, ha venido a decir que, para su genio, los españoles son vagos. Por trabajar pocas horas, jubilarse pronto. Y, hasta puede pensar, al pasarse el día toreando, durmiendo la siesta, de palique matutino, acompañando a la moza a la fuente. ¡Que castigo! Que alguien le aclare que, para nuestro pesar, la jornada laboral española, es superior a la media europea y mayor que la alemana. Aquí por desdicha, no ha sido posible establecer la jornada semanal de 35 horas en vez de 40, como se ha hecho en Francia y Alemania. Siendo peor la circunstancia, de que en España con las horas extraordinarias se hacen nocivos prodigios. Hasta el extremo, de que esta muy extendida una forma de contratación verbal fraudulenta consistente en: “Tanto te pagare por diez horas de trabajo diarias (o por once), en vez de las ocho establecidas. Si quieres el trabajo lo coges y si no otra persona lo hará. Con la crisis, me sobran aspirantes al puesto que tengo vacante”.

Si hay suficiente trabajo, por este método semioculto a la luz administrativa, se pueden estar haciendo en España 10 horas o más de jornada extraordinaria a la semana, las que pueden llegar a sumar hasta 500 extras al año, cuando el tope legal es de 80. Todas ellas, fuera del control de la señora Merkel y de los Inspectores de Trabajo. Basta con ver la salida de los polígonos industriales a las siete de la tarde, para constatar esta anormalidad. Así que, hasta se puede decir, que los españoles trabajan más que nadie y con mayor penosidad, debido al elevado trabajo extraordinario que realizan. Como para aguantar encima, que nos llamen holgazanes. Por descontado que los españoles no son vagos. Pero en España si hay empleadores inmorales, que amparados en el alto nivel de desempleo, no aplican la legislación laboral e imponen a su voluntad, las condiciones salariales y de trabajo, a unos demandantes de empleo menos reivindicativos por influencia de la propia crisis. No obstante, siendo que hay tanto paro, ¿Por qué se tolera el exceso ilegal de horas extraordinarias? ¿Qué hace a tal efecto el Ministerio de Trabajo?  Con la lucha de los delegados sindicales, no basta. Por cierto, en todas las empresas que se hacen muchas horas extraordinarias, se tienen malos convenios.

Es asimismo inmoral y tampoco se condena, pedir continuamente como se hace moderación salarial a las trabajadoras y a los trabajadores, sin solicitar jamás esa misma moderación en los incrementos de los precios, en los beneficios empresariales, en los sueldos vergonzosos de los banqueros y de los altos ejecutivos. Es inaudito. No lo hace casi nadie. Ni tan siquiera desde la economía keynesiana, ni desde el hospital de la socialdemocracia. No lo entiendo. ¿Se cree acaso que han de ser los trabajadores, por el hecho de serlo, los únicos que sufran la caída de sus ingresos por la recesión? Esto es como si se dijera: sin crisis ganamos nosotros como siempre y con crisis lo mismo; no así tú, que has de ganar menos. ¿Quién puede permitir que se le plantee un recorte en estos términos? ¿Es justo que se haga una injusticia así? ¿Es razonable pedirle moderación salarial al camarero, mientras sube el precio del vino el tabernero?

Es más, si la continua solicitud de moderación a los empleados no se quiere hacer general, afectando a todos los estamentos de la población; el sindicalismo debería tomar la palabra para exigir la misma moneda para todos o para nadie, enmendando ese  abuso. Ahora se puede comprobar que en junio, la tasa de inflación se ha reducido tres décimas, bajando del 3,5% al 3,2%, sobre todo por la caída de algunos precios. Es necesaria una mayor estabilidad de precios, para evitar un crecimiento inflacionista descontrolado e inseguro para el desarrollo salarial y económico. Es obvio que sería más efectiva esa medida que la fijación enfermiza en la moderación salarial, aunque esta también tenga su influencia, tal como los sindicatos admiten.  

Los látigos de papel contra los trabajadores, continúan con su labor intoxicadora e impúdica al servicio del dios capital. Estos días han escrito: “Hay que avanzar en la movilidad geográfica”, “hay que continuar reformando la regulación de la contratación, el despido y la negociación colectiva”, “hay que intensificar la reforma laboral”, “hay que seguir abordando reformas del mercado laboral y mejorar la movilidad geográfica del capital humano” (los humanos no son capital, son personas), “hay que generar las condiciones en el mercado laboral, para reducir al mínimo la pérdida de capital humano (se dice factor humano, no capital), “hay que profundizar en la reforma del mercado de trabajo”, “el mercado laboral tiene que ser más ágil y flexible en el sistema de contratación-despido y en la adaptación de los salarios a la productividad. Mientras se avanza por ese camino hay que incidir en la movilidad”, “hay que profundizar en la reforma del mercado laboral para dar cabida a un mayor volumen de empleo”. “el trabajo a tiempo parcial es un instrumento válido en los debates sobre el futuro del empleo y el reparto del trabajo en España”. Hasta ha habido un atrevido látigo local, que bárbaramente ha llegado a publicar, que el coste de los trabajadores fijos españoles es el más caro del mundo.

En concreto, más reforma laboral, con el anuncio de dos nuevos grilletes: La potenciación de la movilidad geográfica y el trabajo a tiempo parcial como solución al desempleo. Su sabiduría de la contratación parcial, sospecho que consistirá, en que trabajen más personas con el mismo volumen de trabajo y menor salario para todas; o se firmaran cuatro horas diarias de trabajo y se harán ocho. Los látigos papeleros, no paran. Son personajes muy atareados. Los banqueros no les dan respiro. Al final, los sindicalistas tendrán que hacer con ellos, lo mismo que antes se hacia con los esquiroles en las huelgas; dar a conocer sus nombres a los trabajadores, por medio de listas expuestas en los tablones sindicales. Se ve que la derecha va a llegar al gobierno y los pájaros aumentan sus trinos. 

Hoy, sin embargo, todo lo anterior carece de importancia. El 22 de julio se hizo la noche y broto el dolor en todas las partes del mundo, por el odio de un vil asesino de ultra derecha que en Oslo asesino a 76 personas, de ellas 68 adolescentes socialdemócratas, que se hallaban de acampada juvenil en la pequeña isla de Utoya, convocados por el Partido Laborista. El homicida ha dicho que su objetivo era castigar a la socialdemocracia por importar musulmanes; queriendo salvar a Noruega y a Europa occidental de los musulmanes y del marxismo cultural. “Este es vuestro último día, os voy a matar a todos, hijos del diablo”. “Los jóvenes le suplicaban, él disparaba”. “Quería liquidar a los futuros dirigentes de la poderosa socialdemocracia noruega”.

No caben más palabras. No puedo escribir más. Solo me viene a la mente, la figura de Olof  Palme, que en homenaje a las víctimas, a sus hijos ideológicos, también debemos recordar.

 26.07.2011                                                                                                  Fernando Bolea Rubio
                                                                  Sindicalista

lunes, 11 de julio de 2011

La socialdemocracia que nunca llega (2)

“Era un igual. Quería ser un igual. Nunca tenía nadie la sensación de que te miraba desde la cumbre de su alto cargo. Al contrario, él trataba de encontrar en sus colaboradores alguna cualidad en que lo superasen para ponerla de manifiesto”. Así hablaba un colaborador de Olof Palme. Solía expresar su visión de la Humanidad en relación al tercer mundo: “No hay ellos y nosotros. Sólo nosotros”. El día del entierro de Palme, el presidente de Mozambique dijo: “Ha muerto uno de nosotros”. ¿Se puede decir algo mejor de uno de los principales lideres socialdemócratas?

Con motivo del 75 aniversario de la Confederación General de Trabajadores de Suecia, en su discurso Palme dijo: “En 1973 proliferan los homenajes a los sindicatos. Todo el mundo manifiesta su respeto. En el fondo es la expresión del respeto que el obrero sueco se ha ganado. Todo el mundo sabe que el movimiento obrero es un sólido puntal para la democracia. En Suecia, la transformación de la sociedad ha tenido lugar de un modo pacífico. Las batallas sociales han sido duras. Pero nos hemos librado del cambio violento. No hemos sido víctimas de la catástrofe que supone el que los ciudadanos se enfrenten entre sí con la violencia escrita en el rostro. La amargura y el estancamiento que pueden nacer de una revolución violenta no nos ha afectado a nosotros”. En esos años, las luchas del pueblo español por conquistar la democracia eran intensas. El triunfo llego poco después, pero aquí habiendo sufrido una guerra civil con centenares de miles de muertos inocentes de los dos bandos y cuarenta años de dictadura. La historia enseña, que los buenos estadistas marcan la trayectoria de la humanidad. Al final, él fue el único que pago con su vida la ferocidad de sus enemigos.

Olof Palme,1927-1986; fue ministro sin cartera en 1963, a los 36 años, de Comunicaciones, de Educación y líder del Partido Socialdemócrata de Suecia desde 1969. Primer Ministro entre 1969 y 1976, volvió a ser reelegido en 1982. El 28 de febrero de 1986, a los 59 años, siendo aún Primer Ministro, fue asesinado por un desconocido mientras paseaba con su esposa antes de entrar en un cine. Este año, en 2011, al cumplirse 25 años, prescribe el caso y no se buscará más al culpable. Se sospecha que los autores pudieron ser los servicios secretos de la República de Sudáfrica, ya que Palme era un luchador contra el apartheid al que estaba sometida la población negra de ese país. Se apunta que pudo ser la CIA o los servicios secretos ingleses, debido a que se destacó por su oposición al neoliberalismo entonces incipiente que estaban llevando a cabo Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Tal vez, por ser una expectativa diferente y contraria a la política de bloques (capitalista y comunista)  en los que se dividía el mundo. Él se distinguió por su política a favor de la paz y el desarme. Se afirma que quizá fue por mandato de alguna de las personas ascendientes de los dictadores portugués, chileno, español. Se ha considerado, que fueran fascistas italianos, neonazis alemanes o paramilitares argentinos.

¿Fue un asesinato del fanatismo ultraderechista, del neoliberalismo como se sospechó,  de imperios económicos ocultos al considerar su política un peligro para sus intereses, u obra de un loco? A mí, la última posibilidad es la que menos me convence. En cualquier caso, es vergonzoso que no se haya atrapado al culpable. Debieron ser poderes muy fuertes y organizados para no llegar a descubrirse. ¿En que mundo vivimos? ¿La juventud se da cuenta en donde está, al llegar a pensar algunos indignados que la solución a problemas como éste y de todo tipo es, la falta de compromiso personal con inútiles procesos asamblearios, en vez de organizarse en función de sus ideas en partidos y sindicatos coherentes? Los verdaderos indignados con el mundo son los  afiliados. Con la resistencia en la red, no es suficiente. En las organizaciones políticas y sindicales hay que estar por sus ideas, no por las personas que temporalmente las rigen como a veces se censura, porque estas si son rechazadas se  cambian; aunque una gestión tan fabulosa como la de Palme, no se puede hacer si los mejores dirigentes se sustituyen cada poco tiempo, como ciertos jóvenes erróneamente parecen preferir. Los líderes malos se apartan, los buenos se apoyan. Los viejos socialistas tuvieron unas vidas entregadas a la defensa de la honestidad, la libertad y la justicia. Olof Palme es un buen ejemplo a seguir, por las nuevas generaciones con inquietudes sociales y rasgos de superación. Tal como he oído decir: “Ser un buen socialista siempre es un objetivo noble”. 

Con su muerte, se cortó el tallo de una rosa que florecía como ninguna, en la esperanza de los desfavorecidos de la humanidad. Con él, hoy Europa sería mejor y las injusticias globales menores. Él afirmaba: “La democracia es una forma de gobierno exigente, exige justicia, uno no puede ganarse al pueblo llenando el bolsillo de los que ya los tienen llenos mientras los pobres se hunden cada vez más en la miseria”. Un mensaje que goza de total actualidad. Aseguraba que la democracia no debía detenerse en las puertas de las fábricas. Prediciendo lo que ahora ocurre: “Si no son los ciudadanos los que forman la política, los partidos se convertirán en máquinas de propaganda y la gente perderá la confianza en la política”. Al PSOE ya hace tiempo que lo convirtieron en una simple máquina electoral. Para colmo, he oído decir en una tertulia, que en el PP también hay socialdemocracia. Es de coña. ¿Tanto temor electoral tiene la derecha a esa alternativa fruto de la cultura social popular, y a que los votantes socialistas desencantados hagan las paces con el PSOE?  

Conservo un librito del zaragozano Francisco Uriz (del añorado periódico “el día”), con una selección de discursos de Olof Palme, que sería sumamente ilustrativo para la juventud actual, más incluso que el  libro ¡Indignaos! de Stéphane Hessel. De entre Willy Brandt, Bruno Kreisky, François Mitterrand y Olof Palme, he destacado a este último, por considerar que fue un socialista excepcional. Siendo Primer Ministro, al averiarse el coche de la policía que lo trasladaba, fue capaz de hacer “auto-stop” e irse solo, para llegar a tiempo a coger un avión. Iba por la calle sin escolta, lo cual no debió hacer nunca. Trato de cambiar el mundo a pecho descubierto, arropado con la fuerza de los ideales y la palabra. Sembró raíces que germinaran cada día con más impulso, aunque ahora los dirigentes socialistas no lo recuerden.

En el PSOE se decía: “Nuestro modelo socialdemócrata es el de los países nórdicos”. Con él, los suecos llegaron a la socialdemocracia casi plena, partiendo de un país retrasado y pobre. A una socialdemocracia que en España nunca llega. La cooperación político-sindical entre el partido socialdemócrata y la actual Unión General de Trabajadores Sueca (LO), fortaleció el crecimiento y desarrollo de la socialdemocracia. Palme creo ilusión, un Estado del bienestar insuperable, no se olvidó de los demócratas españoles, al pasearse rodeado de periodistas por un mercado de su país, con una hucha en la mano, en una acción de protesta contra el dictador Franco. La noticia dio la vuelta al mundo. ¿Fue esta la causa de su asesinato? Era otra hipótesis, pero nunca se sabrá. 


Socialismo es libertad

“En la década de los ochenta, con usted, Felipe González, tocamos el cielo con la punta de los dedos. Y cuando algo tan hermoso se pierde, se cae en la añoranza”, escribió Pilar Miró en 1996. Yo creo que estas palabras reflejan bien, lo que fue el ascenso espectacular del felipismo y el desencanto que en unos años generó, fundamentalmente en el movimiento sindical. El Felipe (Isidoro) de la clandestinidad, del Congreso de Suresnes (Francia) en 1974 cuando alcanzó la Secretaría General del partido, el de 1982 cuando obtuvo la Presidencia del Gobierno; se consideró de forma muy diferente, al Felipe González (ya con apellido) que llevo a UGT y CCOO a realizar la histórica huelga general del 14 de diciembre (14-D) de 1988.

Hubo un Felipe de la ilusión y la esperanza colectiva de la mayoría de los españoles, que supuso un soplo de aire fresco democrático y social. Al contrario que Zapatero, él si empezó hablando de los trabajadores. En 1978, en el libro: “Socialismo es libertad”, con una biografía suya de Antonio Guerra; Felipe escribió:“Durante siglos, las clases trabajadoras han luchado por la consecución de un orden que les permitiera aspirar al máximo de la felicidad, en el marco de la libertad. Hoy, el socialismo es un movimiento de trabajadores de todas las clases, de hombres que viven exclusivamente de su trabajo. Desde la permanente tensión utópica hacia la felicidad, en la libertad y la igualdad, los socialistas hemos luchado: por un salario digno, por un puesto de trabajo para todos, por una jornada  laboral no agotadora, por el derecho a la huelga en defensa de estas condiciones laborales...”

El PSOE fue fundado (1879) por Pablo Iglesias, en un principio como partido marxista de la clase obrera, socialista y revolucionario. Evolucionando más adelante hacia tendencias reformistas, dentro de la socialdemocracia. Finalmente, con Felipe González, en el 28º Congreso del partido, en 1979, al que asistí, se terminó aceptando la economía de mercado, renunciando a toda relación con el marxismo, incluidas las teorías revisionistas de Eduard Bernstein. “Hay que ser socialistas antes que marxistas”, invocó Felipe desde la tribuna ante un auditorio a lagrima viva, al afirmar que no se presentaba a la reelección; si bien, retomo la Secretaria General unos meses después. Él sabia que en la nueva época democrática, con la ideología marxista, el partido nunca ganaría las elecciones legislativas en España, dado que era victima de la critica confusa y fácil de sus oponentes.

En concreto ocurrió, que se renunció a la transformación a una sociedad socialista sin clases, ni propiedad privada; como ya se había hecho en los demás partidos socialdemócratas. Aceptándose el mercado como guía general, separándose del Estado neoliberal de la derecha, por un Estado social de orientación socialdemócrata, amparado en el Estado del bienestar. Este cambio se considero lógico en ese contexto, no causando gran malestar en la militancia. Intelectualmente, cada cual conservó su propio ideario.   

En 1985, tres años después de ser elegido Presidente (en las elecciones de 1982 el PSOE aventajó en 20 puntos a la derecha), muchos sindicalistas de UGT ya no lo defendíamos en las fabricas, debido a que no estábamos de acuerdo con su política social y porque hubiera afectado a la credibilidad del propio sindicato. Se rompía así, el modelo de colaboración político-sindical PSOE-UGT de muchos años, tipo sueco y de otros países. De la critica moderada se paso al enfrentamiento total al final de los ochenta, cuando por haber recaudado el Estado más dinero del esperado, el sindicato consideró que se daban las condiciones económicas para que se hiciera el Giro Social que desde el principio demandaba. Al rechazarlo el Gobierno, se originó la huelga general del 14-D, que paralizo el país, prestigió a los sindicatos y debilito la influencia presidencial. A partir de entonces, el partido y el sindicato son dos organizaciones autónomas, aunque en momentos determinados puedan buscar el mismo fin.

Antonio García Santesmases ha dicho que, para muchos, Nicolás Redondo pasará a la historia como el hombre que convocó tres huelgas generales al gobierno de Felipe González. Con todo, no se logró cambiar la política económica del gobierno. El PSOE había derivado hacia el social liberalismo, a lo que se podría llamar capitalismo social, pero no socialdemocracia; consistente en una política liberal no distributiva ni de Estado en lo económico, con algunas medidas sociales, siempre que ese tipo de economía de bajos impuestos y reducido patrimonio y gasto publico lo permitiera. Junto a los recortes laborales que se efectuaron y que los sindicatos atajaron en parte. Así, con Felipe González la socialdemocracia paso al baúl de los recuerdos, al girar su política a la derecha en vez de a la izquierda, como esa alternativa requería para materializarse y UGT le había sugerido. “En Felipe no reconozco a Isidoro” declaro Nicolás.

En febrero de 1987 escribí algo jocosamente mi primer articulo critico titulado: “Los trabajadores, Solchaga y la patronal”, debido a las constantes declaraciones antisindicales chulescas del ministro de economía; en él decía, “los críos no callan con lo de papa, ¿qué es el socialismo? Pobre gobierno socialista tan lejos de los trabajadores y tan cerca de la CEOE”. No deseábamos debilitar el socialismo, sino que se comportara como tal. En 1989, el propio coautor del libro citado, Antonio Guerra, escribió sin duda con pesar: “Subió al estrado y arengó, hemos logrado situar a los ciudadanos españoles en unos niveles de bienestar europeos con los que nunca podían haber soñado. El límite de los sueños es infinito, situando al presidente lejos del análisis sereno y comunicador del que supo hacer gala tantas veces. ¿Habrá que volverlo a enfundar en su vieja pelliza con la que repartía la leche y asistía después a las clases de la Universidad, para que la memoria nos devuelva al Felipe González de siempre?”

Fue una autentica pena, que este hombre no llegara a ser políticamente el Olof Palme español, como muchos deseábamos, porque al principio tenia ideales y facultades para serlo. Ciertamente, hubo un Felipe de  espejismo... y un Felipe González de frustración. En España, no terminamos de tener suerte con los políticos socialistas, todos empiezan bien y acaban mal. Habría que formar mejor a la juventud y a muchos dirigentes actuales, para que lleguen a ser de una vez lideres socialdemócratas auténticos. Si no se hace, los jóvenes, la sociedad y el partido lo perderán.     

Este tipo de política se ha mantenido hasta hoy, agravándose más en el segundo mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, por el hecho de que son los bancos y los poderes financieros los que tutelan la economía gubernamental. ¿Será posible ahora el  incipiente giro a la izquierda, que ha anunciado el candidato socialista a las próximas legislativas? Para ello, tendría que asumir en los programas de ahora y de futuro, los postulados de la socialdemocracia real que actualmente, en mi opinión, son al menos los siguientes: Política socialdemócrata verdadera, distribución de la riqueza, impuestos progresivos, igualdad de oportunidades, pleno empleo decente y con derechos, oposición al neoliberalismo, ministros de economía socialdemócratas fidedignos, que las crisis las paguen los culpables, desconexión de las directrices de los mercados financieros, control gubernamental bancario, creación de una banca pública influyente, política económica de crecimiento invirtiendo el dinero público necesario, no a los incrementos abusivos de precios, lucha constante contra la corrupción y el  fraude fiscal, situar el SMI en el 60% de la media de los convenios, incremento del gasto social a la media de los países de la UE-15, pensiones adecuadas, garantía como mínimo del poder adquisitivo de los salarios. 

Servicios públicos de sanidad, dependencia y educación a cargo del Estado, extensión de la dependencia para las personas mayores y necesitadas, fortalecimiento continuo de las prestaciones sanitarias y de los planes formativos, centros educativos suficientes, protección decidida del medio ambiente y la ecología, movilidad en transportes colectivos, ayuda social a los desempleados sin prestación y a sus familias con apoyo efectivo de búsqueda de empleo, incremento del seguro de desempleo, políticas activas de empleo fundamentalmente para los jóvenes y los mayores, sector público empresarial estratégico, apoyo al autoempleo y a los autónomos, fortalecer la formación profesional, política social de vivienda, promoción de la justicia social, los derechos humanos, derechos sociales, derechos y libertades civiles, política fiscal para hacer sostenible el Estado del bienestar social.

Todo ello, dando un tratamiento moderno, justo, así como eficaz, al mundo del trabajo y de las empresas, a la economía productiva: Estabilidad laboral y competitividad empresarial; seguridad y salud laboral en el trabajo; salarios a la cabeza de los países europeos como fin; igualdad retributiva entre hombres y mujeres; empleo de calidad, con calidad en todo, en el trabajo, en el empleo, y en las medidas económicas y sociales de los convenios; mejora continua de la producción y de las condiciones de trabajo; economía segura y competitividad con flexibilidad pactada; sistemas de participación compensada de los trabajadores, en los centros de trabajo; relaciones laborales de confianza en las empresas y en la negociación colectiva general; nuevos conceptos de gestión en los negocios, con direcciones horizontales; principios de democracia en las empresas; difundir cultura empresarial en la sociedad, con ayuda y asesoramiento a los emprendedores; máxima consideración a los trabajadores y a los sindicatos, con relaciones de consenso; concertación social.   

Y, seleccionando algunas ideas, para que sean divulgadas de inmediato, plantearía que se hablara: de socialdemocracia efectiva y vigente, con referencia continua de partido socialdemócrata como marca; de un giro real a la izquierda; oposición continua al neoliberalismo;  plan urgente de empleo juvenil, con renumeraciones dignas, protección y derechos; inversión  pública (keynesiana) de crecimiento, para crear empleo; nuevos sistemas de dirección, participación y compensación en las empresas; establecimiento de un salario social publico, para todas las personas y familias necesitadas; líneas bancarias para que el crédito llegue a las pyme y a las empresas.

En definitiva: Orientación socialdemócrata, giro a la izquierda, creación de empleo con mayor énfasis  en los jóvenes, cambio económico social en las empresas, fluidez de créditos, salario social. Con un programa electoral en base a estas consideraciones, el candidato Alfredo  P. Rubalcaba (escuchar, hacer, explicar) tendría un buen comienzo; aunque ya sabemos, que el problema de los líderes socialdemócratas españoles no es como empiezan, sino como terminan. En esta ocasión, Rubalcaba tiene como Palme la virtud de la modestia.

Si preguntas a los compañeros: ¿Tu que eres socialista o socialdemócrata? Hombre, socialista, suelen contestar, porque soy más de izquierdas. Espero que con estas indicaciones corrijan su error, considerándose socialdemócratas de pura cepa  informados y más de izquierdas a la vez.  

                                      Fernando Bolea Rubio                                 11.07.2011                 Sindicalista