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Zaragoza, Aragón, Spain
Sindicalista de UGT Zaragoza entre 1977 a 2006. Periodo en el que fue uno de los refundadores de UGT Zaragoza, Sº de Acción Reivindicativa de UGT Zaragoza, Sº General de UGT en General Motors España, Presidente del Comité de Empresa de GM España, Sº General de UGT Metal Zaragoza, miembro del Comité Confederal de UGT y formó parte del Comité Europeo y Mundial de General Motors .

jueves, 24 de febrero de 2011

La productividad como guinda salarial

Ahora al deseado recorte salarial del 20% que la Unión Europea y los cómplices del capital pretenden para España, lo definen como: Muchacho, no pidas tanto salario, que tu no sabes lo baja que tienes la productividad. Pero, no ganarán la ofensiva. El movimiento sindical esta más preparado de lo que creen y superara este nuevo obstáculo sin dificultad, a pesar de las falsedades que se publican en contra, a veces más por desconocimiento que por manipulación.

En mi actividad sindical, los periodistas que he conocido son grandes profesionales y personas honestas. Si bien, los medios de comunicación como tales, deberían ser más pluralistas al informar y opinar, dado que en general van perdiendo esa condición, notándose en ellos cada día más las manos financieras y bancarias que los sostienen. Que le vamos a hacer, hay jefes para todo. A mayor enemigo, mayor victoria. Animándose el partido, con lo que decía un jocoso empresario: “Los datos hay que torturarlos hasta que canten lo que tu quieras”.Y a esto se dedican muchos como deporte de élite, en el país y en la Comisión Europea. Antes los ricos y los recoge pelotas -sus acólitos neoliberales-, jugaban con raquetas de madera; hoy se entretienen, dando de comer salarios de los pobres a los mercados, a ellos mismos; sin mencionar para nada ni reprobar lo suyo: los precios de los productos, los beneficios empresariales, ni los desorbitados salarios de los altos ejecutivos. Que yo sepa, ningún periódico, ni emisora de radio, ni TV, ha censurado una sola vez, estas cuestiones.

Es muy fuerte, la verdad. Las clases populares y los trabajadores españoles y europeos están acorralados; pero no indefensos y sin animo de superación. Joaquín Sabina sabiamente ha dicho: “La batalla en Europa, brutal, es contra el Estado de Bienestar, contra la socialdemocracia, contra los sindicatos. Y la están perdiendo”. No, no se perderá, al menos del todo. Queda mucho por decir y hacer al tener la razón, la fuerza del trabajo y el poder del consumo, si todos estos componentes se combinan bien.

A los trabajadores no les gusta que se les hable de productividad, porque ellos suelen padecer en sus espaldas lo que los malos ingenieros solo dibujan sobre el papel. No significa trabajar más, sino mejor. Las empresas necesitan mejorar constantemente la productividad para ser rentables y seguras. La mejor medicina contra la recesión es, mejorar la competitividad empresa por empresa, ganando mercado exterior. Solo progresa económicamente un país si son competitivas sus empresas.

A estas reflexiones personales añadiré las del Ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, que en diciembre de 2004 afirmo:“La productividad, es un fenómeno que tiene una doble dimensión, porque efectivamente, permite producir con menos mano de obra, y por otro lado, mantiene un nivel de disminución relativa de precios, esencial para mantener las cuotas de mercado”; agregando: “Es necesario mantener un conjunto de políticas de competitividad basadas en la tecnología, en el desarrollo de la investigación y la innovación, en el desarrollo de métodos de la organización de la producción, como fórmula alternativa de un concepto de competitividad, que no puede estar exclusivamente basada en la moderación de costes salariales”. Bien, así es.¿El ministro seguirá pensando lo mismo? Pienso que sí y por tanto ha de estar en el lado sindical, diciéndole al no improductivo muchacho de la historia: Sigue que vas bien y dile a tu anticuado censor que aumente la inversión y la innovación que así, los dos ganareis más. Cada día más baratos ¡NO!, pero cada vez más competitivos ¡SÍ! La productividad no reduce empleo, al incrementarse con ella el volumen de fabricación. Queda claro, pues, que el mundo del trabajo asume y defiende la productividad bien aplicada; pero no a modo de lanza mortífera, o como simple patraña de reducción salarial que tal es el caso.

Alemania quiere acabar con la legislación y las practicas que vinculan el incremento salarial a la inflación, como básicamente ocurre en España. La canciller alemana, Angela Merkel, defiende un sistema de aumentos saláriales basados en la productividad y los resultados de las empresas; llegando a pedir a los socios del euro, que supriman las cláusulas de revisión salarial. En definitiva, que aquí como primera condición, cada año se venga a perder un 2%  de poder adquisitivo, para restar al fin político del 20% del sueldo a devaluar. No tiene otro propósito, a no ser que esta señora no conozca las altas y desproporcionadas tasas de inflación que sufre este país; sin que el señor: “reformas, reformas, reformas, saneamientos...” del Banco de España diga nada a tal efecto, porque tendría que censurar los precios y los beneficios, lo que sería ingrato para él.

El mayor lastre empresarial y de la economía española no son los salarios, sino su desorbitada tasa de inflación, que en periodos de crecimiento dobla la registrada en la zona euro. Por lo general, en vez de un 2%, un 4%. Así, el coste laboral se incrementa anualmente más en España, sin que de ello se beneficien los trabajadores con mayor poder de compra, aun con la cláusula de revisión, al subir a la par el coste de la vida; mientras que los precios de venta de los productos exportados, se suelen elevar a la mitad de lo que lo hace el coste laboral, al regirse los mismos, por la inflación del resto de la UE que es donde se exporta y vende; en algunos casos, hasta el 90% de la producción. Además, a dos puntos más cada año, en diez se tendría que empezar de nuevo la cuenta del 20% de devaluación salarial pretendida, puesto que ya se habría fundido su efecto; o si la diferencia salarial entre una empresa Alemana y otra española fuera de un 30% menor aquí, en quince años sería igual, siendo los asalariados españoles igual de pobres que ahora, al no obtener ningún beneficio por ello. Este fue uno de los mayores problemas que tuvimos que sortear sindicalmente en GM España, cuando en 2005, evitamos la deslocalización de la fabricación del modelo Meriva a una planta de Polonia (con salarios bajísimos allí), que hubiera causado la desaparición de media fabrica.

Pero aún se abre otra variante. Si también se han fijar los salarios en función de los resultados de las empresas como se sugiere, habrá que establecer un sistema que controle muy bien los beneficios, como segunda condición. En realidad no se tendría que inventar nada nuevo, basta con que se copien en España los llamados Aufsichtsrat, los Consejos de Vigilancia alemanes –compuestos por representantes de los accionistas y de los trabajadores-, que con tan poco placer vería el Gobernador del Banco de España, tan mal amigo él de estas cosas progresistas, como sería este método de cogestión. Desde luego, el que algo quiere algo le cuesta. Que no piense nadie, que se toleraría un cambio salarial con pies de barro, como sería dejarse llevar sin certeza, por las cifras de beneficios que se tengan a bien declarar. De todos modos, una cosa es la cogestión y otra la codirección. Con la cogestión las partes son autónomos y pueden proceder en línea crítica. Son elegidos cada cuatro años. Solo pueden intervenir en temas de personal, lo que incluye evolución económica y política salarial. Los sindicalistas alemanes de los consejos si reciben una retribución por esa función, la entregan después voluntariamente a organizaciones humanistas y sociales, sin animo de lucro.

En todo caso, esta disyuntiva sobre salarios con inflación o productividad, hace años que el sindicalismo la ha debatido y superado, fijando su posición por medio de las organizaciones sindicales internacionales y aplicándose en los países con ligeras variaciones. El criterio es simple y justo. Tanto en Alemania como en España se utilizan las dos variables, la de inflación y de la productividad; por el hecho, de que si solo se empleara la inflacionista, el incremento de la productividad repercutiría en el rendimiento de la inversión, y ha de incidir  en los salarios, al objeto de que los trabajadores participen también en el crecimiento de la riqueza.

 Y así, en las reivindicaciones saláriales alemanas, aplican la formula: Tasa de inflación, más aumento de la productividad, más lo que llaman aumento real de la renumeración. De esta manera, en 1999 (año que ellos me citaron como modelo), con una inflación del 1% y con un aumento de la productividad del 3-4%; el sindicato IG-Metal solicito en ese país un incremento salarial del 6,5%, pactándose los convenios en un 4,2%. En concreto, obtuvieron un 3,2% por encima de la inflación y de lo que se hubiera logrado entonces en España, con el hoy perseguido procedimiento de inflación y cláusula de revisión. En los últimos años, el liberalismo de ese país, otras circunstancias, más la crisis mundial, han frenado los salarios reales. No obstante, este mes, Volkswagen ha subido un 4,2% los sueldos en Alemania. En SEAT han pactado para el 2011 el IPC real más el 0,2. En definitiva, en la empresa alemana posiblemente mejoraran su poder adquisitivo un 2,2%, porque la inflación será baja; mientras que en la española aun siendo de la misma compañía y aunque la inflación suba mucho el salario, únicamente mejorarán su nivel de vida en un 0,2%. Por el juego de las inflaciones, para la compañía el coste laboral entre unos y otros puede ser casi igual; sin embargo, por esa perversa inflación descontrolada, los trabajadores españoles no recuperaran prácticamente poder de compra.

En España la configuración de la negociación colectiva es similar, después de que se introdujera por primera vez el crecimiento de la productividad, no solo el de la inflación mediante revisión para pactar los salarios, en el Acuerdo Interconfederal para la Negociación Colectiva del 2002 (ANC-2002). El texto decía lo siguiente: “Puede haber incrementos superiores a la inflación prevista dentro de los limites derivados del incremento de la productividad”. El 10 de enero de ese año publiqué un articulo titulado: “Salarios y productividad”(Periódico de Aragón) donde destaqué las ventajas de este avance, después de haber participado activamente en el sindicato, para que se introdujera en la negociación colectiva española esta interesante novedad, la cual descubrí en Alemania en los foros sindicales que participé. En el hoy en día, AENC 2010-2012 (Acuerdo Interconfederal para el Empleo y la Negociación Colectiva), se contempla que el incremento salarial sea hasta el 1% en 2010, entre el 1% y el 2% en 2011 y de entre el 1,5% y el 2,5% en 2012. Poco supone, la verdad. Es consecuencia de la crisis, aunque si la inflación se dispara de nuevo, estos incrementos  pueden suponer con la revisión un 3%, un 4%, quien sabe.

 Según la Secretaria de Acción Sindical de UGT, se está cumpliendo con la moderación salarial en el conjuntos de los convenios, ya que el incremento salarial medio pactado hasta diciembre de 2010 se sitúa en el 1,31%; mientras que la subida media de la inflación anual se ha establecido en el 1,8%. Un 53,16% de los convenios ha contado con cláusula de garantía salarial; si bien, un estudio de las cláusulas de revisión pactadas, demuestra que un 42,84% de los trabajadores con convenio cerrado en 2010 han perdido capacidad de compra. Por eso son tan necesarias las cláusulas de revisión o garantía. Para Malo de Molina del Banco de España: “Las cláusulas salariales son un residuo, un obstáculo que no permite la suficiente flexibilidad en los salarios. La mayor parte de los países europeos se las han quitado de encima, las tacha de inflacionistas”. Por su parte, Toni Ferrer ha afirmado: “Lo que busca el Banco de España y no se atreve a pedir es un recorte de los salarios”. 

Hay que puntualizar que la trilogía: inflación prevista, productividad y cláusula de revisión, se ha venido repitiendo en España durante siete años, en todos los acuerdos interconfederales firmados y con la misma redacción inicial de 2002. En 2009 no hubo pacto. No figurando esa condición en el AENC 2010-2012, al constar la declaración de que se llevará una política de crecimiento moderado de los salarios que permita el mantenimiento y recuperación del empleo, y que contribuya a la reactivación económica. Con la afirmación, de que los criterios para determinar los incrementos saláriales deberán ser objetivos y tener en consideración las realidades especificas de cada sector o empresa. En total, que no recoge relacionar los salarios con la productividad, debido a que con la necesaria moderación salarial por la crisis y el alto desempleo, en estos tres años se ha optado solamente por garantizar con la cláusula de garantía el IPC real de los sueldos, eliminando temporalmente los crecimientos del nivel de vida establecidos; al objeto de fomentar la reactivación económica, el empleo y la estabilidad laboral.

Con este hecho, ¿No se demuestra suficiente responsabilidad sindical? En los malos tiempos, el sindicalismo español sabe estar a la altura de las circunstancias. Y, en los buenos tiempos, será justo que las trabajadoras y los trabajadores ganen más. A los sindicatos españoles, nadie ajeno les tiene que marcar su política, porque es fruto de muchos años de cultura social y económica, tanto en el ámbito nacional como internacional. 

De todas formas, si la señora Merkel y el ejército liberal español, siguen soñando con la productividad y los salarios como único matrimonio a bendecir, tal vez les haga cambiar de opinión  los datos del ciudadano Miguel Boyer, que en un magnifico articulo titulado “Ni perezosos ni improductivos”, publicado en El País el 17.2.2011, dice:“El tópico de la baja productividad de los trabajadores españoles es una generalización errónea del estancamiento que esta tuvo en el periodo entre 1996 y 2002, dominado por la inmigración y la ocupación en el inmobiliario. Pero el crecimiento del PIB por ocupado español fue más rápido que el de Alemania y el de Italia entre 1982-1993 y, de nuevo, entre 2004 y 2009. Y, en 2009, la productividad por ocupado española, estaba entre el de Alemania y el de Italia. En 2010, la productividad por asalariado fue del 2,4% en el conjunto de la economía y del 6,6% en la industria”. ¿Qué le parecen estos datos... señor Fernández Ordóñez, se viene a negociar el convenio del metal? 


24.02.11                                                                      Fernando Bolea Rubio
                                                                                     Sindicalista     

jueves, 10 de febrero de 2011

Sindicalismo y pensiones

¿Hacia donde dirigir los dardos? El enfado por la política laboral del Gobierno es mucho y sus explicaciones no convencen. Podemos ir contra Ángela Merkel por sus sugerencias, u otro político y de paso criticar a ZP, por ponerse por el medio pitando a favor del equipo contrario; pero así no erradicaremos de todo el mal, porque la avalancha que nos invade como la niebla, tiene una raíz y un componente ideológico de derechas claro, que de modo suave llaman liberalismo Un tsunami que crece y barre desechos de los trabajadores y de las clases populares sin un freno efectivo, debido a que nos dedicamos a sacar el agua con cubos, en vez de cortar de una vez el caudal del río, secando las fuentes que lo imbuyen.

Todos los problemas que nos llegan proceden del mismo punto, de la cuna liberal que domina la economía y la política del país y del mundo. En ella hay, hasta mentes ultra conservadoras con lenguas progresistas. Así las cosas, debemos saber que la lucha fundamental ha de ser contra el liberalismo general implantado, no solo por una o varias consecuencias individuales de éste. ¿Cómo hacerlo? Muy fácilmente, no apoyando ni votando las candidaturas de tendencia liberal y de derecha, como primera condición. Y, en segundo lugar, peleando desde todos los frentes, para que la socialdemocracia sea la guía del PSOE y su fundamento de existencia, que no lo es del todo; corrigiendo lo que proceda  en otras formaciones de izquierdas.

Los dardos dialécticos de oposición, han de ir en esa dirección. Menos banqueros y más trabajadores en las mesas socialistas. No tanta preocupación por el aval alemán o de la Unión Europea, con más calor ideológico y político local. Si se pierde el ideal, no queda nada: incomprensión, desanimo, con sensación de derrota, tan sólo.¿Pero por qué no animarnos? Con desánimo no se avanza en la vida, ni corregiremos la desviación, únicamente se pierde fuerza y facultades de convicción.

Por qué no analizar la reforma de las pensiones con mejor cara, aunque no nos guste; si al fin y al cabo los sindicatos no han podido hacer más, siendo incluso necesario que se hayan comprometido, como lo han hecho, por la desconfianza económica y política existente en el contexto actual. Demostrando así, su alto grado de responsabilidad con los trabajadores, la sociedad y el país. Una responsabilidad que ha sido superior a la del propio Gobierno, si se analiza con detalle las actuaciones de cada cual, incluido el adverso atrevimiento gubernamental de la ruptura del dialogo social, que se acaba de recomponer. “Yo no puedo hablar en términos de satisfacción con el acuerdo. Puedo hablar en términos de implicación y responsabilidad”, ha declarado Cándido Méndez, Secretario General de UGT. 

Cuando se pacta, nunca se esta de acuerdo en todo. En sindicalismo, no siempre se firma lo que gusta. En una negociación jamás se consigue todo lo que se reivindica. La otra parte también existe. Hasta se dice que, los acuerdos son buenos, cuando ninguna de las dos partes se queda contenta con lo conseguido. En sindicalismo raras veces se logran satisfacciones plenas puntuales; si se pueden obtener, si se valoran trayectorias de largo plazo. Y en este caso, la negociación global aun no ha acabado, porque el nuevo Acuerdo Social y Económico (ASE), del 2-F, solamente esta hilvanado al quedar por concretar: la negociación colectiva, la política industrial, el modelo energético, la innovación y las Políticas Activas de Empleo.

De hecho, los sindicatos han implantado un método de coherencia y efectividad, al conseguir agrupar en un mismo paquete los diferentes temas a tratar, porque con la velocidad y la fiebre  reformista del Ejecutivo, las centrales sindicales no podían firmar un día un acuerdo y cuatro días después tener que convocar una huelga por otro asunto. Así diré, que era totalmente necesario establecer el tiempo de calma que las conversaciones requerían, debido a que la táctica sindical o es de negociación o de confrontación; pero nunca de ambas formas a la vez, como si de cambiar de camisa se tratara. 

“Mis hijas van a vivir unos cuatro años más que yo por esperanza de vida”, viene diciendo el ex ministro Jesús Caldera. La esperanza de vida es cada día mayor, “en virtud de que aumenta un año cada lustro, siendo en el 2.050 de 85 años y cuando a principio del siglo pasado, se fijó el retiro a los 65 años era de 40”, según el catedrático Antón Costas. ¡Quien lo duda!, si esta apreciación, hasta los mas firmes opositores de la reforma la han tenido en cuenta. Tanto es así, que no ha habido prácticamente nadie que haya defendido que la jubilación se quedara establecida y, bloqueada, a los 65 años sin ninguna modificación. La discrepancia ha estado en la forma más que en el fondo, porque aun con diferencias, se venía a coincidir en el límite de 67 años; pero con la diferencia sustancial, de cubrir esos dos años de manera obligatoria como quería imponer el Ejecutivo con carácter universal, o voluntaria como pretendían  las centrales sindicales y ya existía. Incrementando más la cantidad del 2% por año, que se obtenía en compensación.

¿Qué posición era la más razonable? Para mí la sindical, sin duda, porque era una opción libre y de mayor deferencia; ya que después de una carrera larga de cotización, había humanidad y consideración personal hacia el jubilado o la jubilada. Entre retraso obligatorio o alargamiento voluntario, se centro el proceso. Del resultado se puede decir que, la negociación ha quedado al 50%, con peores efectos en los más jóvenes con contratos precarios, que ahora más que nunca se tienen que estabilizar (el 43% de los jóvenes españoles menores de 25 años busca trabajo y no lo encuentra). Se alarga de forma gradual la jubilación a los 67 años. Crece el periodo de cálculo de 15 a 25 años. Serán necesarios 37 años (dos más) de cotización para obtener la pensión máxima. Situándose en 38,5 años el periodo cotizado para jubilarse a los 65.

Que por cierto, cuando el 77% de los pensionistas no llega a ser mileurista, esta reforma supone una reducción del 20% del valor las mismas. Un 10% por la ampliación de los años de calculo y otro 10% por el aumento de la edad de jubilación, aunque en realidad el recorte para los afectados será de un 10% en dinero y un 10% en tiempo al tener que trabajar más años, ahorrándose el sistema el 20%. Las medidas entrarán enteramente en vigor en el 2.027.

¿Había una necesidad urgente... de hacer ahora la reforma de las pensiones? Ninguna. El sistema es totalmente solvente ahora y en el futuro, porque a pesar de la crisis, cuenta con superávit y con su Fondo de Reserva intacto. Por consiguiente, las actualizaciones se podrían haber hecho sin ningún problema dentro de cinco años o de más, empezando por contabilizar el incremento de la productividad de las próximas décadas, la cual incrementará sustancialmente los ingresos; cosa que ahora el Gobierno no hace, al enarbolar solo la bandera de la esperanza de vida, como argumento ventajoso de justificación. ¿Por qué se plantea la reforma en medio de la fuerte recesión económica y financiera que padece el país y, cuando por ello, hay más parados y pérdidas de cotizantes a la Seguridad Social? ¿Es el momento más oportuno?

A este propósito, unas declaraciones del Ministro de trabajo, Valeriano Gómez, son tremendamente ilustrativas: “La Reforma de las Pensiones pactada influirá positivamente para calmar los mercados. Tenemos que financiarnos en el exterior, Estado y empresas. Si hacemos reformas que estabilicen el gasto público a medio y largo plazo, tendremos más capacidad de financiación exterior”. Lo que cabe apuntillar con lo dicho sin ningún rubor por el Presidente de MAPFRE, José Manuel Martínez: “Sería una pena que no se aprovechara esta circunstancia (de la reforma) para fomentar el ahorro y las pensiones privadas. Hay que explicárselo a la gente de la misma manera que se le dice que se necesitan más contribuyentes según aumentan los jubilados. Abogando por una mayor deducción fiscal a los planes privados de pensiones”. Para el catedrático Ignacio Zubiré: “Los planes de pensiones suponen altas comisiones y muy baja rentabilidad”.

De lo anterior, por las palabras del ministro queda demostrado, la inmensa preocupación del Gobierno por generar confianza inversora, tranquilizando a la par a los mercados  extranjeros, para obtener en ellos la financiación que las empresas y las entidades publicas necesitan. Así, ¿son estas dificultades de financiación, el principal motivo para que se hayan tratado ahora las pensiones y no en otro contexto más acorde? Creo, firmemente, que sí lo es.¿Por que motivo? Por la sencilla razón de que, todos los abaratamientos de los planes públicos de pensiones, abren un poco más la puerta a los fondos privados de pensiones, para satisfacción y goce de esos mercados financieros y del presidente de la mutua mencionada. En resumen, ¿ha sido la modificación un regalo a los mercados, para que se porten bien e inyecten a precio justo el dinero tanto público como privado, que el país necesita a la mayor urgencia? Esencialmente, sí.

Siendo como siempre muy interesante la opinión - Público de 3.02.11- del catedrático Vicenc Navarro: “Los sindicatos UGT y CCOO han hecho lo que tenían que hacer: han defendido en condiciones dificilísimas los intereses de los trabajadores. Debido a su esfuerzo se suavizaron algunas de las propuestas más duras del Gobierno y la reforma mejoró considerablemente. Es injusto que se les acuse de traicionar a la clase trabajadora, pues hicieron lo que pudieron, aunque se les puede reprochar que nunca debieron haber aceptado el retraso obligatorio de la jubilación”.

A primera vista, parece tener cierta razón en el regaño final. Pero cabe añadir una circunstancia que, oprime el desarrollo y la trayectoria normal del país, y que a pesar de verla todos los días, continuamente, no se percibe en toda su gravedad. Es la siguiente: en España hemos pasado del ladrillo a la deuda, y exagerando el término, de la deuda casi a la ruina. Esto es lo que hay. ¿Acaso olvidamos, que lo mismo que Grecia e Irlanda, España ha estado a punto de tener que ser rescatada? Las Cajas hacen agua. Las empresas están maniatadas por los créditos. Los salarios y el consumo bajando y la inflación subiendo. Las pensiones congeladas. La sociedad no confía mayormente ni el Presidente, ni el líder de la oposición. La alternativa del PP está en campaña electoral permanente, sin colaborar lo necesario en este momento crucial.

Aragón cerró 2.010 con 103.300 desempleados, el 16,06%, la cifra más alta de la historia, según datos de la EPA. 28.700 hogares aragoneses tienen a todos sus miembros en paro. El año acabo con 4.696.600 desempleados en España, un 20,33% de la población activa. 1.328.000 familias españolas tienen a todos sus componentes desempleados. España con una tasa del 42,80%, es el país de la Unión Europea con más paro juvenil, ya hay 840.000 menores de 25 años sin trabajo, los de la generación perdida.

Para mí, estos son los verdaderos motivos que han llevado a la Unión General de Trabajadores, a firmar las pensiones y el Acuerdo Social y Económico. Había que colaborar, dando confianza, para levantar el país y ayudar a salir a infinidad de personas del drama en que se encuentran. Creo que dadas las circunstancias, los sindicatos han actuado responsablemente y con buen criterio. Sin embargo, a la sociedad le falta por asumir, que la especulación en general y los abusos de la vivienda, han pasado de las gracias en los programas del corazón de TV, a la economía real, a las necesidades de la gente y, al propio sindicalismo, que se ve abocado a definir estrategias acordes con la realidad social y política, para hacer más efectiva su gestión, sin renunciar nunca a sus ideales.

Se ha llegado a decir, que los sindicatos han firmado el acuerdo, porque creían que una nueva huelga general sería un fracaso, como ya lo fue la anterior del 29-S. Se buscan mil argumentos tratando de entender el comportamiento sindical, debido a que no se sabe ni se llega a comprender desde fuera de las organizaciones, el que los sindicatos hayan sido capaces de actuar con la altura objetiva que lo han hecho, durante toda la crisis y en el momento actual. Primero, que los sindicatos le tenían que hacer una huelga a Zapatero, ¿dónde están que no la hacen? Segundo, la huelga ha sido un fracaso, los sindicatos están anticuados por hacer huelgas. Tercero, tienen que firmar, no tienen que firmar.

Basta de tanto desatino. En la última huelga pararon masivamente todos los sectores productivos, junto a otros y millones de personas se manifestaron por las calles, lo mismo que harán nuevamente cuando se les convoque. Por lo tanto, ningún temor de fracaso ante nada. En todo caso, es más difícil hacer una huelga general a un gobierno al que se le ha votado y se le piensa seguir votando, que a otro menos afín. El movimiento sindical español, está siempre preparado y dispuesto para pactar o para pelear. Así se ha demostrado y se seguirá haciendo. Claro que sí.


10.02.11                                                              Fernando Bolea Rubio
                                                                             Sindicalista                 

martes, 25 de enero de 2011

Esperanzas, salarios y látigos de papel

Con medio año de retraso, aunque más vale tarde que nunca, una pequeña esperanza brota en el movimiento sindical, debido al hecho de que el Ejecutivo esté negociando con los Agentes Sociales: la reforma laboral y las pensiones, entre otros asuntos; lo cual es positivo, porque a pesar de que los sindicalistas llevan eternamente las movilizaciones en el corazón, negociando nunca se pierde el tiempo. La negociación es buena para las partes, siempre. Al final hasta las guerras acaban con un acuerdo. En próximas fechas conoceremos el resultado.

Otra rama de confianza florece, al reconocer en los últimos días, tanto el Presidente Zapatero como el Gobernador del Banco de España, la tormenta  bancaria española, asentada más fuertemente en las cajas, por su necesidad de una rápida recapitalización por las secuelas del ladrillo, que han secado la fuente que fluía el crédito a PYMES y autónomos.

“Lo que el ladrillo nos dio el ladrillo nos va a quitar”, ha dicho un líder socialista. Sí, pero no a todos, ya que como afirmó en 2006, Antonio Baratech, del Grupo Ferrovial: “Las grandes fortunas han venido por ventas de suelo urbanizable”. Esta semana  leemos impresionantes noticias de prensa: “Los mercados han cerrado a cal y canto el acceso a la financiación de las cajas”, “Fondos de otros países buscan comprar cajas a precio de saldo”, “Las dudas sobre las cajas en los mercados son formidables”, “La conversión obligatoria de las cajas en bancos no nos gusta” (CECA). “El lobby de las cajas planta cara al Gobierno por la aceleración de la reforma”, a pesar de que el IBEX-35 avanzó casi un 15% en menos de dos semanas, desde el 11 de enero que ZP anuncio que se preparaba la reforma en pos de la solvencia de estas entidades.

El efecto sobre el empleo será enorme. Se cerrarán oficinas, empeorándose el servicio. Y, por descontado, nadie sabe con exactitud el capital que necesitan las cajas. La desorientación es tal, que  se habla de una imprecisa horquilla de entre 10.000 y 80.000 millones. Ningún ser humano sabe la cantidad exacta. Unos la cifran en 42.800 millones, otros en 44.900, lo hacen en 50.000 y parece existir un cierto asentimiento en valorar la brecha en 60.000 millones de euros. Pudiendo ser más, sobretodo si entran en juego algunos bancos y empiezan a lanzar la pelota.

Con este desaguisado financiero se demuestra que la incompetencia del Banco de España, ha llegado a limites inconcebibles. Ha estado perdiendo el tiempo dos años, al afirmar reiteradamente que la banca española no tenía problemas, a pesar de que la burbuja inmobiliaria en España era una de las más grandes del mundo, lo que parecía milagroso; mientras que otros países, se dedicaban a sanear sus entes financieras y actualmente están saliendo de la crisis: véase Alemania y EE.UU. Al final, va a tener que ser el Estado el que aporte temporalmente capital a las cajas, con pago de intereses o a cambio de participaciones en el capital, con la idea de devolverlas; hasta que el capital privado esté dispuesto a desarrollar esa función, dado que de momento no lo está”. El crecimiento experimentado por España solo es comparable al de Irlanda”, aseguro en el 2007, Danny Leipziger, vicepresidente del Banco Mundial. El ladrillo allí y aquí hacia prodigios y hoy sus estragos son descomunales. Ese país ha sido rescatado financieramente por la Unión Europea y en nuestro caso se intenta evitarlo.     

Ahora, sin embargo, los que tiraron la piedra y rompieron el cristal, el principal partido generador del debacle... se presenta como la solución mágica al desastre. No está mal. El crecimiento económico con los Gobiernos del PP (1.996-2004), fue debido básicamente, a que con su desmedida apuesta por el suelo y la vivienda, seguida después por el PSOE, se llegó a que en 12 años se construyeran los pisos que se necesitarían en 20.Y ahora ¿qué? Tenemos hechas las casas que se van a precisar al menos hasta el 2015 y el sector está parado; cuando la construcción inmobiliaria debería ser, uno de los motores fundamentales para superar la crisis general que resistimos.

Si llegan al poder, ¿Cómo piensan remediar los populares esa falta de impulso de la construcción? ¿Caminando socialmente para atrás del todo, por ejemplo, bajando un 20% los salarios para que el país sea competitivo, como destacados economistas y personajes afines a la derecha, como el aragonés Manuel Pizarro, han insinuado? “Para conseguir equilibrar sus posiciones netas externas, España necesitaría devaluar su tipo de cambio real un 20%. Pero el gran reto está en aumentar la productividad laboral”, decía asimismo Guillermo de la Dehesa, el pasado octubre. Y cosa curiosa: nadie cuestiona los beneficios empresariales, la falta de inversión, ni la limitación de créditos de la banca, que son la principales imperfecciones que erosionan la competitividad nacional.

Los sueldos españoles no son una burbuja a reventar, como sueñan en círculos liberales acercando la aguja, porque los salarios medios españoles son de los más bajos de Europa. Bulgaria: 2.862 euros brutos al año. Hungría: 9.899. Portugal:17.179 euros. España: 21.500. La media en la Unión Europea: 27.036. Alemania: 40.914. Holanda: 42.720. Reino Unido: 46.058. España solo figura por encima de cuatro países que no alcanzan 10.000 euros y de Portugal. El salario medio español es un 20% inferior a la media europea. La diferencia con los tres que más cobran es del 34,4%. Para el catedrático Vicenc Navarro: “Las empresas españolas han visto aumentar sus beneficios netos un 73% entre 1.999 y 2.006, más del doble que la media de la UE-15, mientras que los costes laborales solo han aumentado un 3,7%, cinco veces menos que en la UE-15. La exuberancia de los beneficios empresariales en España se basa en gran medida en la moderación salarial”.

Así que bromas ninguna. Influye el que aquí se ha optado excesivamente por un trabajo de baja cualificación y coste; pero ante todo, a que se gana menos dinero a todos los niveles. Sin bastante crecimiento, no se generará suficiente empleo ni se podrá pagar debidamente la deuda soberana. En este sentido, es básico elevar la productividad, pero no a costa  de reducir las condiciones saláriales y laborales; entre otros motivos, porque como ha asegurado, José Maria García de la patronal CREA: “La productividad no depende de las horas que trabajas, sino del capital que dispones”. Productividad o rebaja salarial, dicen los catedráticos del capital.

Por si es poco, el 12 de enero entro Bruselas sin freno en nuestro corazón, con sus opiniones y propuestas fantásticas, propias de un atroz desconocimiento sobre la realidad española y del pensamiento liberal-conservador que domina la Comisión Europea. Así, empieza afirmando: “España es el país de la zona euro que más competitividad ha perdido desde 1.998 y señala que necesita un amplio ajuste de precios y salarios para corregir sus desequilibrios económicos internos”. Y, continua: “Los países con un alto déficit público y una elevada tasa de desempleo, como España, deben revisar sus seguros de paro y flexibilizar sus salarios para fomentar el crecimiento económico y la creación de empleo”.

Proponiendo en concreto para los países periféricos, o sea de nuevo señalando a España: “Que se flexibilicen los salarios y la contratación”. “Que se reduzca la sobreprotección de los trabajadores con contrato permanente”. “Que se introduzca una estricta moderación salarial”. “Que se eliminen las cláusulas de revisión salarial”. “Reforma de los seguros de paro para que incentiven a buscar empleo de forma activa, penalicen a quien no lo haga y eviten una dependencia de los subsidios”. En definitiva, todo un destructivo primer ataque político y económico a nuestro Estado de Bienestar. No se si inspirado por los liberales alemanes, pero quizá sí. Por de pronto, otra mano que nos quiere mecer la cuna y ahogar laboralmente, con el asentimiento, al menos de momento, del comisario socialista español, Joaquín Almunia, dado que no se ha manifestado de contrario. 

Pero, por si no basta con todo lo dicho, viven en el mundo los “látigos de micrófono y  papel”. Sí, existen, lo puedo asegurar. Se les localiza pronto, la mayoría son azules de corazón, ultraliberales de cabeza, de pequeña mente. Se distinguen por ser contrarios acérrimos de los sindicatos, del sindicalismo en sí. Actúan en las cavernas del “cazalla party” y a veces por desconocimiento e ignorancia, pero casi siempre con idea de desprestigiar y herir. Mienten y no rectifican. Se sientes dueños y señores del debate mediático. Reyes y reinas del infundió. Maestros de la confusión. Yo ante ellos tengo un pesar enorme. ¡Que penalidad! Me acuso de ser sindicalista. Que para mayor recargo he sido delegado sindical. Y liberado... y, a mucha honra, para que alucinen más.

Las perlas con las que los látigos nos han obsequiado en las últimas jornadas son de mérito: “Uno de cada tres delegados sindicales esta liberado de sus tareas”; no estaría mal, pero es una falsedad mayúscula. “El que piense que va a ganar 1.500 euros, trabajando ocho horas y con un mes de vacaciones, tendrá que cambiar de idea”. ¡Impresionante! Un azote en el programa de TVE , 59 Segundos: “No es momento de derechos, los sindicatos que digan lo que quieran y ya esta”. Que majo él. Otro, en el mismo espacio, concretamente, Pedro Schwartz: “No al Salario Mínimo, fuera los convenios, y así con una reforma laboral acorde el 20% de los parados trabajaría”. Un nuevo participante: “Son necesarias reformas más potentes, reformas de caballo”. Simpáticos, ¿verdad?

Todo este acoplamiento de recomendaciones devastadoras contra la clase trabajadora española, ha sido culminado con la reciente frase de Mariano Rajoy: “Hacer más, con menos”. Pues mire, no. Ése es un mensaje ruin y de perdedores. Sin embargo, siempre he defendido la idea de: “Con lo mismo más, por medio de la colaboración”. Pero es igual, ya sabemos que la derecha y muchos trabajadores votan al PP aunque el candidato sea una escoba.

                                                                                   Fernando Bolea Rubio

      25.01.11                                                                 Sindicalista

domingo, 16 de enero de 2011

Verdades, recortes y desencanto

Hay que ser coherentes con las ideas y no escupir sobre lo que se ha querido; pero, como dicen los marineros: “A buen puerto no vamos”. Yo diría que además de la ideología o la simpatía, la política es ilusión y entusiasmo. Sueños ahora perdidos en infinidad de votantes y militantes socialistas, por el incomprensible giro a la derecha de Zapatero. Manuel Azaña dijo: “La verdad debe decirse siempre, caiga el que caiga”. Pues bien, en la búsqueda de la verdad de esta crisis es, donde el Gobierno y los progresistas se deberían volver a encontrar, para luchar juntos, superarla, e ilusionar de nuevo a la izquierda con un proyecto político económica y socialmente razonable, dado  que lo que hoy se hace no lo es. 

Así, hay una pregunta fundamental: ¿Cuándo se acabará la crisis?, cuya contestación es una verdad indiscutible: Cuando la banca quiera. En el momento en que los bancos y las cajas concedan los préstamos que les solicitan las empresas viables, para desarrollar su actividad normal. Desde hace dos años y medio no llega el suficiente dinero a los negocios. Este es un país ruin en créditos. El objetivo de las empresas es ganar dinero, pero si no se tiene capital para invertir, ni suficiente liquidez, el fin se malogra, no se recupera la actividad óptima, y socialmente el empleo no fluye ni se estabiliza. Al no correr el dinero, esta es una economía medio moribunda, en cuyo diagnóstico se tendría que coincidir con los sindicatos. Sería un buen paso para ponerle remedio a este estado económico en parte quebrado, dándose una muestra de inteligencia que, por su realismo, generaría confianza inversora y de consumo en la población. 

Pero si el negocio de los bancos es prestar dinero, por qué no lo hacen. Sencillamente, porque sus deudas propias los limitan. Según el catedrático, Santiago Niño Becerra, la deuda española es de un 400% del PIB, siendo los máximos deudores los bancos y las empresas, no el Gobierno ni las familias. ¿Estas cifras deben causar pánico en los impositores bancarios? No, pero la deuda de la banca se ha de descubrir y dar a conocer a la opinión publica con el máximo detalle, para que por fin sea conocida por ésta; valore en su justa medida la losa financiera que impide el desarrollo pleno del país; y, sobre todo, pueda rechazar las sucias soluciones tipo recortes sociales que el Gobierno ofrece como alternativa a este mal, en vez de ir directamente a la cartera de los pícaros, a las cuentas tóxicas, al objeto de que se purifique el sector financiero. Siendo necesaria, como no, una banca publica para impulsar los créditos y ordenar el sector. Ya existía Argentaria, pero 1998 se termino de privatizar.

De donde viene tan descomunal deuda bancaria es fácil de adivinar. Del ladrillo. De los imprudentes y rentables créditos basura facilitados a promotores de viviendas, muchos de ellos utilizados para comprar solares para especular, que ahora por la caída del mercado inmobiliario nadie adquiere para edificar; de modo que, no se pagan bien los créditos, quedan los terrenos en depósito de las entidades financieras, que tampoco los pueden vender y se incrementan sus dificultades económicas al acumular esos valores muertos. La banca se queda con los solares y con los pisos de los morosos, acumulando un activo que cada día que pasa pierde más valor, sin que este deterioro financiero se quiera contabilizar en las cuentas de resultados, debido a que si se hiciera, en algunos casos podría suponer la quiebra de la entidad. Hay un gran problema en la banca, como consecuencia de la especulación y del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, que no se ha terminado de solucionar, y que con el paso del tiempo se empeora más.

Debiéndose reconocer que, los mercados financieros, además de especular y hundir la economía mundial,  han prestado también el dinero a los bancos españoles y lo quieren cobrar. De hecho, fueron esos mercados desconocidos los que pincharon la burbuja inmobiliaria española, al cortar los préstamos a las entidades financieras a causa de la crisis global y a la alta deuda ya generada por éstas, paralizando casi totalmente la actividad de ese sector y ocasionando un autentico drama laboral, en virtud de que la construcción ha perdido un millón de empleos en España. Se calcula que 180.800 millones de euros en créditos para la vivienda son problemáticos de poder cobrar. Existen entre 700.000 y 1,1 millones de pisos sin vender.

Sin embargo, que dice de todo esto el Gobernador del Banco de España. Nada. Con girar la llave para doblar más la espalda y rascar el bolsillo de la clase trabajadora se le pasa el tiempo. Lo suyo son los despidos baratos, las pensiones bajas, cubrir a los banqueros desviándoles la atención de la gente con falsas propuestas ajenas a ellos y nada más. En mi opinión, ha llegado el momento de pedir serias explicaciones a este señor. El Gobierno es el primero que lo debería hacer, pero no desde el Ministerio de Economía, porque el liberalismo une y tira mucho; aunque el zapaterismo también se siente feliz en esa línea de pensamiento, o al menos, lo parece.

 Lo cierto es, que políticamente, se oculta la posición real del sector financiero español, sin que la posible bancarización de las cajas y los apoyos del Gobierno, garanticen hasta ahora su solvencia de futuro; evitando así, con total seguridad, la descapitalización bancaria que, si no se remedia mejor, quizá se podría llegar a dar. Ya ha tenido que salir al rescate de España y de otros países, el Banco Central Europeo comprado bonos de forma especial. Eso sí, de todo lo referente a carencias de la banca y de la debilidad crediticia, cautelosamente no habla ni opina públicamente casi nadie. Sólo se hace en privado. Por que será, tanto temor se le tiene. ¿El Gobierno también le teme? Si se rodeara de la población, de los sindicatos, de la izquierda, tendría más protección.“Somos la cuarta región con mayor crecimiento de la séptima potencia mundial. El crecimiento económico durará hasta el 2010”, dijo hace tres años el máximo dirigente empresarial aragonés. Pero por desgracia, tan solo seis meses después, se derrumbó la fantasía de grandeza. Alzada por el ladrillo, España vivía en las nubes y en la irresponsabilidad financiera más absoluta.

 De la cual no hemos aprendido nada. Es decir, seguimos igual. ¿O acaso no es irracional que el precio de la vivienda se mantenga prácticamente idéntico, al que había antes del descalabro del sector; cuando en todo el país tenía que haber bajado un 30- 40% -como ha ocurrido en EE.UU. por el mismo problema que aquí-, y únicamente ha caído una media del 12.8%? ¿Quién va a comprar una casa, si se vende cerca del doble de su valor actual en el mercado? ¿Habrá alguien, que rubrique una hipoteca un 40% superior al valor del inmueble que  adquiere? ¿Por que el Gobierno viene afirmando desde hace dos años que, el coste de las vivienda ya se ha reducido y no bajará más, cuando los analistas no interesados afirman, que la vivienda está supervalorada y se ha de reducir en los términos expuestos aquí? ¿Se hace por defender los beneficios bancarios, en contra de los intereses de los consumidores y del personal que mayoritariamente les ha votado? ¿Quién entiende esto? ¿Se quiere engañar a la gente? Creo que no.


Quiero pensar que se pretende proteger la solvencia bancaria, ante el deterioro que sufre por no vender sus stock de terrenos y viviendas. Con lo cual nunca se van a reactivar las ventas, manteniéndose a perpetuidad una situación ficticia y sumamente gravosa para el repunte de la concesión de préstamos. Los jóvenes seguirán sin poder comprar su piso, los bancos y cajas continuaran con sus pisos nuevos vacíos, el sector permanecerá inactivo y marchito, en espera de un milagro que no se producirá; o de que el Ejecutivo del momento se rinda (con el PP a punto de llegar), y asuma las pérdidas de la banca por esta cuestión, mientras ellos se hinchan de repartir beneficios, siendo los sufridos españoles los que finalmente paguemos la factura..., como igualmente cabe imaginar y podría suceder. El año pasado los ricos en España han ganado un 8.6% más, mientras los pobres tienen congelados sus convenios.

 Haría bien el Gobierno en no confiar tanto en los banqueros, marcando más firmemente el Banco de España -claro está, con un nuevo Gobernador-, la política financiera que verdaderamente necesita la nación. El deterioro y el afán monetarista bancario está llegando a términos insospechados. En algunos casos, las entidades financieras les  roban los compradores a los promotores supervivientes, que es a lo último que se podía llegar. Van estos a solicitar la hipoteca y sólo se las conceden si cambian el piso a comprar por otro del banco, hundiendo a veces la empresa del constructor que se ve obligado a cerrar, como esta semana le ha ocurrido a un pequeño empresario. Esto es vergonzoso. Cuantas barbaridades lucrativas derivadas del ladrillo, se están aún cometiendo. ¿Para que están los responsables políticos de la vivienda, si no dicen ni hacen nada, al menos visible? ¿No hacen o no los dejan hacer? Si es por lo último que se vayan.

Naturalmente, es más fácil escribir que gobernar. Catalina de Rusia decía: “Los filósofos escriben sobre el papel que nunca se queja, pero yo tengo que escribir sobre la piel de la gente que nunca deja de quejarse”. Todos hemos recibido criticas a nuestras gestiones. No obstante, lo más importante es vivir en la verdad, gobernar en la verdad, decir la verdad, para crear bases reales de entendimiento con los demás.

Con todo y volviendo al principio, cabe asegurar que junto a la problemática de la crisis de la construcción, la necesaria reducción del precio de la vivienda es, otra realidad o verdad, de la que sería necesario dialogar para que existiera un consenso social y político a la mayor brevedad. Cándido Méndez entiende que se han confundido las reformas y tiene razón. UGT considera que debe haber una reforma energética, junto con la recuperación del sector financiero y de la actividad empresarial. Ése es el camino a seguir y posiblemente el punto de encuentro con las fuerzas sociales que se anhela.

A mi modo de ver, lo que de verdad enfada de la política de ZP es el pensar que, cuando desde el principio se tendrían que haber tratado estos temas, por ser algunos de los clarísimos cánceres que sufre la economía; han sobrepuesto los recortes de derechos de los trabajadores, de la fallida reforma laboral y de las pensiones como solución. Como una forma de echar algo de comer a los tigres financieros, a cambio de ir paralizando la tormenta de un rescate de España, como ha ocurrido en Grecia e Irlanda. Ya se sabe que la laboral ha abaratado y facilitado el despido; pero no ha creado empleo ni ha reducido la temporalidad. Y, en cuanto a la reforma de las pensiones que pretende el Gobierno, en principio se ha de considerar, como una operación de influencia financiera, para forzar a la juventud (mileurista) a tener que suscribir con la banca un fondo de pensiones, debido a la reducción de las cuantías a percibir y al retraso de 65 a 67 años de la edad de jubilación, cuando la media real se establece en 63.7. Es curioso ver en los periódicos, a los políticos socialistas defender la reforma de las pensiones y, en toda la hoja siguiente, germinar el anuncio de un fantástico fondo de pensiones de un banco o caja. En España solo el 13% de las pensiones son privadas, frente al 60% de media de la OCDE.¿Cuanta hambre de dinero tienen? Que mal se están haciendo las cosas.

Alguien del PSOE puede estar pensando que, por el cambio de política, los votos que se van a perder por la izquierda se ganarán por la derecha. Infausta idea. Acaso que no esperen votos de ningún banquero, porque ellos están en el mundo para vestir otros trajes. Ha de ser girando totalmente la política actual, como se podría llegar a mejorar las encuestas, si el programa político y electoral vuelve a la senda de la racionalidad socialista e ilusiona de nuevo a las bases, a los trabajadores y trabajadoras, a las clases media y baja.

Con los cuadros y militantes basta con poco. Un viejo socialista decía: “Cuando yo me enfado con el partido, le voto pensando en Pablo Iglesias”. Yo por mi parte soy de la vieja escuela socialista, en el sentido de que  si no le voto al PSOE no le  voto a nadie. Que le vamos a hacer, somos así. Sólo una vez no vote, por el enfrentamiento en los ochenta entre Felipe González y Nicolás Redondo. Si hay que elegir entre el padre y la madre, opto por la Unión General de Trabajadores. Eso sí, por abstenerme de votar, nunca ganará el PP. Sólo con pensar en que van a ganar y gobernar al menos durante tres legislaturas, por la situación de indefensión ideológica que, al final por la incapacidad de todos los afiliados vamos a dejar al partido socialista, me produce mucha tristeza. Pero como un medico misionero dijo: “La vida es un minuto. Por eso, hay que parar y oler las flores”. Las de las elecciones de mayo será difícil, porque con el traspiés de José Luis Rodríguez Zapatero no brotará la primavera. 

De todas maneras en situaciones así, es cuando la militancia se tiene que movilizar. Queda más de un año para las generales y a la victoria no se llega hablando de la derrota. Que cada afiliado se preocupe de lo que pasa. La responsabilidad del partido recae en cada uno de sus miembros tanto como en el secretario general. Hace más ruido un árbol cuando cae que un bosque mientras crece. He oído decir, que  para los socialistas hay una familia de sangre y una familia de ideas. Y cuando la familia te llama, se acude siempre.



       9.01.11                                                               Fernando Bolea Rubio
                                                                                  Sindicalista
  

Presidencialismo e ideología superficial

Al formar equipos de dirección, los líderes de verdad se rodean de las personas más competentes y los que no lo son, procuran que nadie les haga sombra para lucir ellos por encima de los demás, como la lucecita del Pardo de triste recuerdo. Esa carencia suprime tajantemente la iniciativa, las opiniones diferentes, así como el poder de decisión individual y colectiva del grupo si se quiere mantener el puesto; dando pie a presidencialismos, o lo que es igual, a la anulación real de la capacidad del órgano dirigente. Produciéndose una contradicción lastimosa. Mientras que en las empresas, se imponen nuevos conceptos de gestión con direcciones que vuelven la pirámide de mando al revés, dando la máxima influencia a la participación de las personas y al trabajo en equipo, naciendo las ideas de abajo arriba, porque se sabe que si el cerebro del director pesa un kilo el de toda la plantilla tantos kilos como trabajadores la componen. En política ocurre lo contrario, no se quieren oír las aportaciones de los afiliados, cuadros, colaboradores y de manera general, repercutiendo negativamente en la gestión y por ende en la población y en las expectativas electorales.

Esta obediencia ciega de ¡Si señor Presidente! ¡Muy bien Presidente! ¡Ya era hora que alguien dijera eso, Presidente! El Presidente es mi amo y señor y yo cumplo su voluntad, es uno de los motivos que ha podido llevar a Zapatero al derrumbe político en que se encuentra. Y hasta diría más, en caso de no volver a presentarse como las circunstancias le obligan, ninguno de los que han sido sus ministros debería ser candidato a sucederle, dado que si como se intuye ninguno de ellos ha tenido la talla política y las agallas necesarias para decirle: no se puede hacer una reforma laboral cuyo único objeto es facilitar y abaratar el despido para que se despida a más gente. Ni tampoco, que no procede reformar el sistema de pensiones en los términos que se hace, con los sindicatos en contra y nuestros votantes en continuas manifestaciones de protesta abarrotando las calles.

¿Nadie en el Gobierno ni el partido se ha atrevido a decirle eso? ¿En que han convertido al PSOE y a la socialdemocracia española? Todo esto es infinitamente serio y habrá que empezar a pedir explicaciones. Todo hace pensar que el partido socialista va a perder las próximas legislativas, dejando el país en manos de una derecha incompetente, irresponsable y gran medida corrupta, de la que los ciudadanos desconfían tanto como de la actual política económica del Gobierno, porque saben que será un azote aún mayor para las clases medias bajas y los trabajadores en particular. Así diré que, aunque yo no me rindo, ni me rendiré nunca a mis oponentes de clase, sí reconozco que a este enjambre del que hay que intentar salir airosos, nos ha llevado la pasividad del partido junto con las  decisiones erróneas gubernamentales, como consecuencia sustancial de la acción personalista presidencial. ¿Habrá capacidad interna para corregir la desviación social e ideológica que reclaman los votantes socialistas? Si no la hay, la derecha gobernará durante muchos años, debido a que si se trata únicamente de realizar la política que los mercados financieros exigen, ¿para que votar socialista? ¿quién lo hará?

Si sorprende como José Luis Zapatero ha podido acumular tanto poder orgánico, si recordamos que fue elegido secretario general del partido, al beneficiarse del movimiento opositor entre las fuerzas internas en el XXXV Congreso Federal que en el año 2000 lo designo. En él, de una parte comparecieron los oficialistas con su vencido candidato José Bono. Y de otra, los vencedores por nueve votos, que resultaron ser un entramado de catalanes, descontentos, trásfugas y principalmente guerristas madrileños, que les dio por apoyar a un candidato sorpresa de León que había declarado ser liberal   -impulsó la corriente Nueva Vía más centrista y a la vez más liberal, alejándose del socialismo clásico-, lo cual fue suficiente para que yo no apostara por él (mi candidata era Matilde Fernández), porque con esa afirmación, dejó de ser para mi un socialdemócrata de verdad y el candidato que la izquierda necesitaba. A partir de ahí, este hombre hasta hizo publicas sus simpatías futbolísticas por el Barcelona, aun sin “hablar catalán en la intimidad” como en mofa se recuerda lo dicho en sentido afirmativo, por el anterior líder de la derecha, José Maria Aznar. Aprobaré el Estatut que propongáis le dijo Zapatero a Pasqual Maragall, pecando de ingenuo e infantil porque por la inviabilidad de la proposición que le hizo, ese ofrecimiento no lo pudo cumplir.   

Sin embargo, sus mentores catalanes se han debido considerar tan artífices del triunfo que obtuvo y por ello con tanto poder sobre él, que hasta incumplieron su política estratégica y el compromiso gubernamental con el líder de CiU, Artur Mas, de que en las elecciones de 2006 formará el Govern a la Generalitat. Hecho el acuerdo en la Moncloa, el Presidente tomó un avión y cuando llegó a su destino, el líder del PSC, José Montilla, ya había formado un tripartito que lo postuló a él mismo como president; quedando Zapatero en desventaja al perder el apoyo de los nacionalistas en el Congreso, y en entredicho como gobernante por quebrantar la palabra dada. Por si esto fuera poco, las diferencias que se generaron entre la Ejecutiva Federal y los guerristas madrileños, sus otros preceptores,  por las primarias para designar la candidatura autonómica del PSOE en 2011, el apoyo de ZP (Zapatero Presidente) a Trinidad Jiménez y el pulso de Tomás Gómez el vencedor, también demuestran que en el entorno que lo subió al poder es donde más desavenencias políticas y partidistas ha tenido, haciendo agua en estos casos la barca del presidencialismo que nos ocupa, aunque no en los dirigentes y cargos en general donde esta por desgracia totalmente arraigado.

La Nueva Vía que orientó su superficial ideología, evocaba la Tercera Vía (Third Way) de Tony Blair (escrita por él en una publicación: “Ese libro al bolsillo. Fernando, no lo saques del bolsillo”, me dijo un colega sindicalista inglés) y también, el Nuevo Centro (Neue Mitte) del canciller socialdemócrata alemán Gerhard Schröder; descartando el socialismo más real que representaba el primer ministro francés Lionel Jospin. Pues bien, Tanto Blair como Schröder  han sido un fracaso descomunal para sus partidos y para izquierda en sus respectivos países y, por descontado en la Unión Europea, lo mismo que José Luis Rodríguez Zapatero lo esta siendo y con una magnitud que no cabía imaginar.

Aun con todo se puede decir, que en los primeros cuatro años de su mandato, Rodríguez Zapatero hizo una política asumible desde el punto de vista social, con una mejora estrella nunca imaginada antes en este país, como fue la Ley de la Dependencia que a tantas personas mayores beneficia, como una nueva pata del Estado de Bienestar, junto al derecho a la educación, a la sanidad, al seguro de desempleo, a la jubilación. Sin embargo, el segundo mandato del Presidente es calamitoso y cada día peor, como fielmente reflejan las encuestas de valoración e intención de voto. Me es penoso decirlo, pero he llegado a la conclusión de que este hombre no sabe nada. Ni personal ni políticamente esta preparado para desempeñar el cargo que ocupa. A veces, hasta se cree con mayor derecho que otros compañeros solo por el hecho de ser joven. Triste conclusión amigo. Ser joven, no siempre es ser mejor. Con la imagen de incompetencia que transmite la ministra Leire Pajín, yo preferiría en su lugar a Cristina Narbona. Y, de lo malo, mejor como futuro presidente socialista a Rubalcaba que a Carme Chacón.



23.12.10                                                                                                                       Fernando Bolea Rubio
                                                                                 Sindicalista 

 






Crisis, pymes e industria

Si de verdad se quiere hacer frente a la crisis, hay que empezar por enumerar las desventajas y las ventajas, sabiendo que uno de los inconvenientes es el minimizado tejido empresarial español. Aquí podemos elaborar muchas tesis reformistas y económicas, pero mirando continuamente con un ojo los polígonos industriales y los negocios existentes, para llegar al convencimiento de que la inmensa mayoría de las empresas son pymes. De menos de siete trabajadores. Por lo tanto hay que pensar que, en la medida de lo posible, estas empresas deberían adquirir mayor tamaño, unificándose entre ellas las que puedan y quieran hacerlo, eso si, sin que peligre el puesto de trabajo de nadie; para disponer de mayores posibilidades económicas, de inversión, formación, desarrollo. Si se están uniendo algunas cajas de ahorros para ser mas solventes, también se debería hacer en este segmento de empresas y en otros. Parece pues, necesario, que se haga una reforma general en todo el país que tenga como objeto unificar entre si, pequeñas empresas, para fortalecerlas y fomentar su viabilidad.

Según el Ministerio de Industria, en España existían más de 3,4 millones de pymes en mayo de 2009, lo que representaba el 99,86 por ciento de las empresas existentes en nuestro país. El porcentaje de pymes en relación al total de empresas es mayor en España que la media de la Unión Europea, ocupando un porcentaje superior del total de trabajadores. Un Plan de Agrupación de Pymes (PAP), que tuviera como objetivo que el 10% incrementara su tamaño, significaría que en torno a 350.000 sociedades aumentarían  su solidez y competitividad, repercutiendo en mayor estabilidad laboral tanto como en la mejora de los beneficios. Si sería conveniente que hubiese líneas de crédito especiales para abordar las operaciones, e incluso aportación de ayudas publicas.

Con tantas pymes y tan pocas empresas medianas y grandes, es casi imposible que España alcance los niveles necesarios de productividad, para abrir mayor brecha en los mercados internacionales, compitiendo en producto, calidad y precio. La competitividad no se consigue solo con superior formación como se llega a decir. La buena preparación de las personas, debe ir acompañada de empresas sólidas, riesgo empresarial, inversiones, investigación, relaciones de confianza con los trabajadores, trabajo en equipo, sistemas laborales de participación compensada, gerencias horizontales y, ante todo, colaboración y empeño de grupo en salir adelante, superando los retos cuanto más unidos mejor. Si cuando una empresa seria esta en  dificultades, las personas que la componen deben colaborar para ayudarla a levantarse; lo mismo tendría que suceder en el fin de ampliar la estructura de las pymes, en aras de la capacidad y eficacia que ahora es menester.

Ir hacia una unificación de pymes, es más necesaria aun, si consideramos que en Aragón la mediana empresa ha tenido una tremenda caída en los últimos treinta y tres años. ¿Cuántas empresas quedan de más de 200 personas? Pocas y cada día menos. Si se piensa en todas las que se han cerrado, invade la tristeza. Principalmente, el sector de automoción ha logrado paliar algo esa perdida con nuevos centros, pero con eso no es suficiente pensando en la necesidad de la diversificación industrial. La Comunidad necesita tener con urgencia un mayor entramado de medianas empresas; como una medida más, para robustecer su economía y hacer frente al futuro incierto que se aprecia. En la última década, la trayectoria del ladrillo ha tapado esta carencia, pero ahora, al caer este, se descubre la perdida en toda su intensidad. Uniendo pymes no se logrará totalmente suplir las sociedades medias perdidas, sin embargo se irá en la dirección correcta. Lo ideal es que se implanten empresas nuevas del tamaño que se demanda, por lo que también se ha de seguir peleando en ese sentido, al ser la pieza capital.  

Lo anterior, nos lleva directamente a la tremenda pregunta, ¿Cuántas empresas medianas y grandes quedan con capital español en Aragón? Pocas, ¿verdad? Cuidado con esta desventaja local. ¿Y, que ocurre con la industria, que para salir de la crisis nadie la menciona? La industria no tiene quien la represente. Hace falta sentimiento industrial y llegar a la conclusión, de que es el único sector con capacidad motora para, junto a los demás, levantar el país. La industria es una ventaja segura siempre. ¿Dónde están los ministros que menos valoraban la industria, diciendo que, había que apostar por el sector servicios, dado que en España iba a ser el fundamental. Sin menospreciar a este, ¿el sector servicios nos esta sacando ahora de la crisis? Ni este sector, ni el primario pueden ser la solución esencial, dado el débil estado de la agricultura. Solo queda el sector secundario, la industria, dispuesta siempre a recibir inversiones y capacitación, para cruzar los Pirineos y llegar a las zonas más remotas... si se impulsa con interés, acierto y determinación. Hay que dar una patada industrial a la crisis, demostrando al mundo, la capacidad española de superación. 


25.11.10                                                                             Fernando Bolea Rubio
                                                                     Sindicalista          

       

       

Donde no llega la ley llega el sindicalismo

Siempre he sido de la opinión de que donde no llega la ley llega el sindicalismo. Así ha sido a lo largo de la historia y en parte ha de seguir siendo, para que el movimiento sindical avance y con él las reivindicaciones de los trabajadores y el bienestar laboral. Con esta doctrina tan clara, que en su momento fue revolucionaria, se pretende crear un contexto social y político superior al generalmente inferior regulado por la legislación, para que ésta posteriormente lo asuma y configure dándole carácter legal; a fin, de subir la escalera del progreso, sin pausa y peldaño a peldaño. La lucha sindical contra la dictadura, así como la defensa durante años de los derechos de la mujer trabajadora en la negociación colectiva, ahora más asumidos por el Estado, son ejemplos tangibles de esta afirmación.

Sin embargo, en los últimos años este fenómeno no se produce porque en vez de ir de peor a mejor, debido sobretodo a las continuas reformas laborales se va de mejor a peor, se baja en vez de subir,  sin que el sindicalismo con protestas generales pueda impedir totalmente la caída; toda vez que, con cada reforma, los asalariados no mejoran y los gobiernos y las patronales suelen conseguir algunos de sus principales objetivos. En su momento fue la implantación de los mezquinos “despidos objetivos” por parte del PSOE y después el llamado “despido exprés” del PP que, en indemnizaciones con poca antigüedad y generalmente menores de 6000 euros que es donde se suelen aplicar, resultan enormemente eficaces para una parte e injustos para la otra, al pagar el empleador 45 días y ya está, sin que los afectados tengan posibilidad al menos de defender legalmente sus puestos de trabajo. Y así, lo mismo podría ocurrir con la ultima reforma, porque hasta que el Gobierno no la rectifique como UGT pretende, es ya evidente que con ella oficialmente se ha facilitado y abaratado el despido, entre otros cambios que empeoran la situación laboral que existía, retrocediéndose demasiados escalones, para no atacarla sindicalmente por todos los frentes posibles.

Por eso ahora, sin dejar nunca de aspirar a subir peldaños de prosperidad, a mi modo de ver, el sindicalismo ha de tratar de recuperar posiciones perdidas y de eliminar en la practica a través de la acción sindical general y local de cada empresa y de cada caso concreto, los efectos negativos de la nueva ley. Hace muy mal el Ejecutivo con no atender las solicitudes de los sindicatos, porque quizá no valora bien la fuerza sindical que en realidad tienen. No calibra suficientemente, que además de las facultades confedérales o generales de los mismos, disponen de miles de delegados, secciones sindicales y de comités de empresa, que a modo de guerrillas, atacan la reforma e impedirán en gran medida las peores consecuencias de ella. Para que una reforma laboral tenga éxito, se tiene que pactar con las organizaciones sindicales y empresariales, e incluso por sufrir los peores efectos fundamentalmente con las primeras. Si no se hace, todo lo que unilateralmente se decrete será en gran medida papel mojado. Así que, donde no llegue y proteja la nueva reforma, debe llegar y proteger el sindicalismo que se efectúa, yendo por delante de esa ley no con el animo revolucionario o de cambio político de antaño, pero si como método social para defenderse de la misma, reparar sus efectos y superar el retroceso ocasionado. 

¿Qué esta ocurriendo ahora? Sencillamente, que como consecuencia de haberse trasformado hace poco tiempo (en septiembre)  la reforma laboral en ley, en la actualidad se padece una avalancha de Expedientes de Regulación de Empleo de extinción de contratos, como no se han visto hasta ahora en los tres años de crisis. Los periódicos los reflejan todos los días y en una cantidad similar al desastre laboral que significó la dura crisis de 1993. A los despidos principalmente individuales y de finalización de contratos temporales, se añaden actualmente muchos ERE colectivos y de cierres de empresas, que debilitan de modo preocupante el tejido industrial y empresarial existente. Esto no puede ser. Cada empresa que desaparece es un valor sustancial que pierde la sociedad. Seguramente, no toda la escalada de despidos colectivos han tenido por objeto esperar el final de la tramitación parlamentaria de la reforma laboral, para reducir personal o eliminar plantillas fácilmente y a menor coste. Hay empresas con serios problemas de viabilidad. Pero, aun sin causas justificativas, la táctica de aprovecharse rápidamente de las facilidades que da la nueva ley, a veces para cambiar unos trabajadores por otros de menor coste, tal como los sindicatos denuncian, naturalmente también se contempla.

En todo caso e incluso con la nueva reforma laboral, el despedir más y más barato no les esta saliendo bien del todo a los empresarios que han creído que el sindicalismo estaba vencido y que podrían especular con las indemnizaciones de despido a pagar. No han contado con que los sindicalistas están haciendo muy bien su labor en cada uno de los ERE y despido a despido, para impedir injusticias e incumplimientos legales. El sindicato esta vivo y profundamente activo. Tanto es así, que la teoría sindical comentada de llegar a donde no llega nada más... ya se esta produciendo, tal como se puede demostrar con las siguientes experiencias.

Durante estos días se ha estado  negociando en el Servicio Aragonés de Mediación y Arbitraje (SAMA), el expediente de extinción de 78 trabajadores de la empresa LEAR. Pues bien, los trabajadores han peleado mucho y hasta realizaron ocho días completos de huelga; obteniendo en consecuencia, una indemnización de 60 días por año trabajado, 40 más de los que fija para estos casos la brillante reforma laboral que nos ocupa. Este es un caso extremo, pero por otras actuaciones se sabe que, la cuantía de las indemnizaciones que se van obteniendo -de 38, 40 días, siempre más de 30-, superan ampliamente lo estipulado por la ley como consecuencia de la actividad sindical. Así se debe seguir. Este es otro frente a mi juicio muy valioso, para limpiar de tanto despropósito la reforma laboral. Las guerrillas no ganan las guerras, pero influyen en la victoria.  

Los sindicalistas saben muy bien en que situación se encuentran las empresas que presentan expedientes. Su primera obligación es saberlo, para orientar correctamente la acción ha realizar pensando ante todo en la defensa de los empleos. Siempre he dicho que para ganar un ERE, lo primero debe ser averiguar cual es el verdadero objetivo empresarial para instarlo, aparte de lo que se alegue oficialmente en la documentación que se acompaña. Y, en este sentido, ocurre de todo. Ante lo cual cabe decir, ¿Una empresa con beneficios que se quiere deslocalizar a otra zona o país para ganar aun más, debe pagar la misma indemnización que otra con problemas verdaderos de continuidad? ¿Otra empresa proveedora de una multinacional que ha obtenido durante años sustanciales beneficios, debe pagar la indemnización mínima existente, porque ha perdido el contrato con la firma principal o no le interesa continuar con él? ¿Una sociedad sumamente rentable, por el hecho de no desear el empresario continuar con ella, es justo que se deshaga de los trabajadores y las trabajadoras que han podido ser los artífices de lograr el suntuoso capital que el propietario tiene, con una baja indemnización? ¿En todos los casos se han de recibir 20 días y basta como dice la legislación?

 El mundo de las empresas y del trabajo es tremendamente complejo y no puede estar sujeto a una sola norma férrea de regulación, si se quiere evitar que la conflictividad laboral brote por doquier y hasta de forma descontrolada. Los expedientes es mejor acordarlos. La negociación es clave en ellos y la mejor manera de tramitarlos. Por consiguiente, que las patronales de las empresas elijan esta vía de solución, como mejor opción que la solitaria de tratar de imponer las ventajas que les da la reforma, puesto que socialmente no es justo que se haga así y, además, casi con total seguridad, por la presión sindical les será imposible hacerlo. Verdad es, que las empresas tienen ahora la reforma laboral a la derecha y el sindicato dispuesto a dialogar a la izquierda, de coger una u otra posibilidad dependerá todo. Yo aconsejo tanto por el fondo como por la forma, olvidarse de esta reforma errónea impuesta sin consenso, puesto que como todo el mundo debería saber, referirse a la negociación es el mejor discurso.


21.11.10                                                                              Fernando Bolea Rubio
                                                                                  Sindicalista