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Zaragoza, Aragón, Spain
Sindicalista de UGT Zaragoza entre 1977 a 2006. Periodo en el que fue uno de los refundadores de UGT Zaragoza, Sº de Acción Reivindicativa de UGT Zaragoza, Sº General de UGT en General Motors España, Presidente del Comité de Empresa de GM España, Sº General de UGT Metal Zaragoza, miembro del Comité Confederal de UGT y formó parte del Comité Europeo y Mundial de General Motors .

miércoles, 20 de abril de 2011

No más errores. Regeneración

Con el anuncio de José Luis Rodríguez Zapatero de no ser candidato del PSOE a la Presidencia del Gobierno en 2012, después de haber ejercido esa responsabilidad durante dos legislaturas; se debe abrir una seria reflexión entre los socialistas, con repercusión en los simpatizantes y en la sociedad, con la firme idea de que los trabajadores y los progresistas vuelvan a recuperar la confianza en el partido y en sus dirigentes. Una esperanza que se ha perdido, por los errores gubernamentales cometidos y el abandono de la política socialdemócrata, que ha de volver a ser la seña de identidad.   

Es tanto el deterioro que se ha producido que, se llega a decir, que los “trabajadores no tienen partido” (Carlos Carnicero); dado que en la economía, la política y el Gobierno, se ha impuesto el neoliberalismo como culto general, pasando a ser el socialista como un partido de derechas más. Lo cual requiere la primera reflexión. ¿Se debe volcar el partido en defender totalmente, como lo ha hecho, la política de un Gobierno que se dice socialista, aunque este no respete el programa electoral ni la ideología propia? ¿Cabe mantener un minuto más, el exceso de soberanía de los cabezones y las cabezonas de las listas electorales que, al llegar al poder, someten el partido a su voluntad e interés en sus áreas de influencia? ¿Pueden seguir las agrupaciones locales sin hacer asambleas de afiliados, anulando así el debate interno? ¿Si principalmente se votan las siglas y no tanto a los candidatos, porque estos se imponen a ellas, olvidando que los votos son del partido y no suyos? ¿Por qué se permiten (como en la mayoría de los partidos, por cierto), las familias o los grupos de poder, para que tres o cuatro ciudadanos de la causa escalen los muros del imperio?

¿Acaso, los partidos políticos no son internamente democráticos? En sus estatutos sí, totalmente; más en la praxis van dejando de serlo. El PSOE (posiblemente igual que los demás), se ha convertido desde hace años en una simple máquina electoral, sacrificando a ese fin, todos sus viejos valores de participación y democracia interna. Así, puede ocurrir de todo, nadie controla a los cargos electos, debido a que las comisiones ejecutivas, los comités, los congresos correspondientes, son simples fachadas decorativas de exaltación al líder salvador.

Antes en las organizaciones socialistas, las comisiones ejecutivas dirigentes tenían que presentar su gestión por escrito, de manera colegiada y especifica de cada secretaría cada seis meses; entregándose la misma a cada uno de los miembros de los órganos censores con un mes de antelación, para su fiscalización y aprobación o rechazo. En los debates de la gestión en los comités y en los congresos, nadie podía tomar la palabra para defender la tarea de esos órganos de dirección -salvo ellos mismos-, pudiéndose hacer únicamente para criticar la labor realizada. En 1.976, aun en la ilegalidad, en el primer congreso de UGT en España después de la guerra, las delegaciones extranjeras se alarmaban al desconocer este procedimiento, llegando a decir uno de estos invitados con preocupación: “Hasta ahora han tomado la palabra diez delegaciones y todas han criticado la gestión de Nicolás (Redondo), ninguna la ha defendido”.

En la actualidad se somete la gestión a votación solo una vez al año, pudiéndose criticar como antes, pero también analizarla y alabarla para comodidad de los dirigentes a juzgar. Como resultado: apenas se critica, se hace poco uso de la palabra, los debates se adormecen, las resoluciones pierden valor. Por consiguiente, se ha pasado de un estado de información y debate puro, a otro insustancial de casi obediencia y sumisión interna, que deja el campo libre para el nacimiento de presidencialismos y caudillajes sin crítica ni oposición real. ¿Hasta cuando se va a seguir así? ¿Los dirigentes creen quizá, que este ocaso hay que mantenerlo para siempre, degradándose cada día más? ¿De esta forma, el partido socialista se podrá mantener otros cien años? Me temo que no será la cúspide la que reoriente la organización, si no recibe una fuerte presión desde la base.

En mi opinión, es necesario y urgente que haya una regeneración en el interior del partido, para corregir sin dilación las desviaciones que sufre. Por tanto, de forma estatutaria y por el procedimiento que corresponda, por responsabilidad política y moral, se ha de volver a la critica constructiva en los órganos de control a las direcciones correspondientes, abriendo los procedimientos para que se rehabilite y avive la opinión autónoma de los afiliados, para que nazcan sugerencias de abajo a arriba, no sólo de la cúpula a la planta baja, teniendo en suma consideración las propuestas de las comisiones ejecutivas de rango inferior. Hay que dar vigor a la militancia, para llenar de vida los espacios muertos.

Las afirmaciones anteriores tienen más necesidad de aplicación, si se considera que un  error del Presidente Zapatero ha sido, no contar con la opinión real de los cuadros y militantes del partido; porque ni se han podido expresar adecuadamente por las carencias del funcionamiento organizativo, ni él las ha querido escuchar porque con su propio parecer ha creído tener bastante. En vez de asumir el sistema participativo del partido, implantó un absurdo sistema presidencialista y los fracasos políticos no tardaron en venir. Así las cosas, se llega a no admitir críticas, prescindiendo hasta del que las hace, como se demostró al cambiar a buenos ministros sin motivo aparente; cuando las opiniones discordantes han de ser palancas de superación y un aliciente para mejorar la gestión.

El mal ya esta hecho, pero que no se cometan más errores. A ningún socialista le gustaría que Zapatero acabara su periodo presidencial peor valorado de lo que está, sí mejor; porque se le aprecia y no se olvida que creó ilusión en infinidad de personas, librando a la sociedad de la llegada del PP al poder al menos durante ocho años. Debiéndose reconocer que aun siendo el responsable de sus actos, todo parece indicar que ha estado mal asesorado, al girar su política hacia la derecha y coincidir con asesores neoliberales del Ministerio de Economía y del Banco de España, que no le han debido decir la verdad -o tampoco la ha querido escuchar-, sobre el estado real de la deuda privada de las empresas, el ladrillo y la banca, cuyo alcance es mayor del imaginado; haciéndole creer, que con una reforma laboral y atornillando las pensiones se remediaría la crisis, cuando ambas acciones tan sólo han servido para que los trabajadores perdieran derechos inútilmente, para que él mismo dilapidara la confianza de sus votantes y acaso para que los socialistas pierdan el Gobierno de España, más alguno de comunidad como en Cataluña, la niña mimada del zapaterismo.

Cuando el Presidente afirmo que “reducir impuestos era de izquierdas”, empezaron las averías. Que declaración más nefasta y a la vez clarificadora para conocer su pensamiento real. Pero sin duda lo peor es, que se puede hacer otra política económica, al tener el Estado capacidad financiera para llevarla a cabo y no se aplica. La deuda pública española es baja, del 65% del PIB. ¿Por qué se aporta dinero público para sanear las cajas y los bancos, en vez de dejar caer a las entidades que tengan que hacerlo (cubriendo a los impositores), como ocurre en la inmensa mayoría de las empresas? ¿No quebró Lehman Brothers en EE.UU., el paraíso del capitalismo? Con ese dinero se podría crear una banca pública, que impulsara la concesión de prestamos a las familias y los negocios, incrementándose el consumo y por ende el empleo. El capital público se tendría que dedicar a la economía productiva, no a la especulativa, financiando a las empresas con créditos suficientes para que el crecimiento y el trabajo fluya.

Si el Estado se endeuda más en los mercados financieros mundiales, para cubrir las carencias de la banca, lo cual no esta repercutiendo para conceder más créditos para el desarrollo del país, al explotar ella misma las partidas económicas que se le prestan, en operaciones financieras para generar mayor capital particular, en beneficio de los propios bancos. El Gobierno debería cambiar esa orientación a todas luces negativa, dedicando ese esfuerzo inversor en políticas keynesianas, de desarrollo de la actividad como motor de progresión. Por ejemplo, planificando un ambicioso plan de empleo juvenil -como se esta haciendo en Francia, por medio de un programa de formación con 35.000 millones de apoyo a la universidad, que establece el objetivo de incorporar entre 600.000 y 800.000 jóvenes al mundo laboral-; dado que es reprochable que con más de un 40% de paro juvenil en España, el doble de la media de la unión europea, el Gobierno no diga ni haga nada a este respecto. Y, financiando, un proyecto de rehabilitación de viviendas, como propone MCA UGT, que crearía 600.000 puestos de trabajo. Francia invierte en juventud y nosotros nos dedicamos a reflotar bancos y banqueros. Incomprensible, la verdad.

“Nos van a arruinar. –Ni unos ni otros” hablaban dos mayores en un semáforo, reflejando sabiamente el sentimiento de fracaso de la política en la sociedad. El PSOE perderá representación en los próximos comicios, pero el PP también tiene sus  dificultades. En la última encuesta del CIS, Zapatero obtuvo la baja nota de un 3,3 de aceptación, superando a Rajoy que con un 3,25 aún quedo peor. De manera tal, que por el abandono del socialista su partido tiene que elegir a otro líder; como el popular debería hacer lo mismo, al disponer de un candidato que no gusta a los españoles, por mucho que lo quieran imponer. La verdad es que, los dos principales partidos del país y por diferentes circunstancias, no tienen ahora dirigentes firmes de futuro, lo que  requiere obrar en consecuencia. Es decir, que no sería descabellado considerar la próxima legislatura como un periodo de transición, para que en ese tiempo los dos partidos puedan designar a sus candidatos, que ya frescos y renovados competirían en las elecciones siguientes.

¿Quien podría ser el presidente transitorio, o de continuidad si se diera el caso? Yo creo que Alfredo Pérez Rubalcaba sería la persona ideal, porque entre otros motivos, si no ha ocurrido antes, en ese plazo y con él en la presidencia se acabaría definitivamente el terrorismo. Si en el 2012 el Partido Popular no gana las elecciones, Mariano Rajoy tendrá que levantarse de la tumbona para dejar el sitio al sucesor. ¿Esto puede ser   posible? Porque no. Si la izquierda se lo propone, sucederá. 

20.04.2011                                                   Fernando Bolea Rubio
                                                        Sindicalista 

jueves, 7 de abril de 2011

Juventud indefensa

La mayoría de la juventud esta preocupada por su futuro, en muchos casos con signos de desesperación, pero generalmente ninguno de sublevación, lo cual no tiene una explicación lógica. Como máximo, parecen tener una mínima disposición a secundar alguna movilización si es a la carta, a su gusto y medida. “En una empresa que trabajé tres meses, no hicimos la huelga general del 29-S, porque ya se había hecho la reforma laboral y para qué”, he oído decir a un buen chaval en paro. Hilando tan fino, no zurcirán el calcetín.

Cuando los sindicatos convocan una huelga, se hace. No cabe más explicación. ¿Por qué haces huelga? “Porqué lo dice mi sindicato”, suelen contestar los colegas alemanes. Así de simple puede ser el apoyo más efectivo, porque con este tipo de respuesta se fortalece la central sindical ante la parte que se enfrenta, recayendo las ventajas sobre sus representados. Las movilizaciones son acciones colectivas. No se pueden hacer a la medida de cada uno. En ellas hay que unir muchas voluntades: diferentes sindicatos, sectores, colectivos, comunidades, enlazar las protestas con otras de la Unión Europea a través de los movimientos sindicales correspondientes, acertar en su repercusión política y mediática, buscar el mayor efecto para que el esfuerzo obtenga superior recompensa. No obstante, las huelgas se programan precedidas de innumerables debates en procesos de participación interna en los sindicatos, con asambleas informativas en los centros de trabajo, polígonos y donde proceda.

¿Qué significa lo anterior? Pues simplemente, que tanto las huelgas como las principales decisiones del movimiento obrero, las toman democráticamente los trabajadores organizados. Las personas afiliadas a los sindicatos, al adquirir sus organizaciones la responsabilidad y el compromiso necesario de ejecución de lo acordado, disponiendo de procedimientos y medios para poderlo hacer. Así debe ser, aunque en muchos casos, los no afiliados al no participar en los procesos y ser solo informados, no conocen en profundidad las estrategias y las razones esgrimidas. Si bien ocurre que, en los asalariados no organizados y menos concienciados, se ha ido estableciendo una desviación negativa, en el sentido de que ante las dudas que se pueden tener, en vez de informarse mejor y tratar de comprender los motivos reales de las huelgas a realizar; para algunos de ellos, lo fundamental es buscarse una buena excusa para no hacerlas. Además, tratando de aparentar que la culpa es de la convocatoria y no suya, a veces con un discurso que hasta intenta ser más radical que el sindical, como justificación para obviar el paro y quedar como un gallo valiente ante sus compañeros y conocidos, cuando en realidad se hace de esquirol (obrero que no sigue la orden de huelga o el que reemplaza en su trabajo al huelguista), que es el peor calificativo que se le puede dar a un trabajador o a una trabajadora. 

¿Qué no se esta de acuerdo con el papel secundario de los no organizados? La solución es sencilla, se adquiere la afiliación y asunto solucionado. La sindicación es libre y voluntaria, existiendo todo tipo de opciones para poder elegir; debiéndose hacer, por solidaridad y en beneficio personal y de clase. Una persona asalariada no afiliada no tiene justificación posible. Que un trabajador no este afiliado, para mí es incomprensible. Las empresas tienen sus patronales y los trabajadores sus sindicatos. “Cuando se legalicen las organizaciones sindicales, saldremos de trabajar... iremos a casa a lavarnos y a peinarnos y después al sindicato”, decía yo a mis compañeros de trabajo en los años de la dictadura. Aquella era una ilusión, que parecía que nunca iba a llegar y ahora que se disfruta, no se valora lo suficiente y hasta se desprecia. La juventud no sabe lo que tiene, ni se aprovecha de lo que hay. Sí me gustaría subrayar, que en todo caso, la Unión General de Trabajadores no es una máquina de hacer huelgas, es una máquina de negociación.

Pues bien, que estas pinceladas sindicales sirvan para decir, que los obreros se dotaron de estas herramientas de defensa y emancipación en el siglo XIX, que se fueron perfeccionando durante el XX, y que todavía se aplican en el XXI. Con estas armas, los trabajadores han ido conquistando el bienestar laboral y social alcanzado hasta ahora, quedándose establecidas para que si lo desean la juventud y las futuras generaciones de trabajadores, las puedan seguir utilizando en su bien. Debiéndose destacar que estos utensilios ya han demostrado su eficacia, porque los avances logrados son consecuencia de su virtud y vigor. Hay por tanto un resultado que es cuantificable y digno de la mejor valoración, para las personas mayores que se han servido de estas tácticas y, que sin duda se seguirán sirviendo, siempre con ánimo de luchar por las ideas y los objetivos, optimizando día a día los procedimientos. 

Sin embargo, la juventud esta indefensa. Sufre autenticas calamidades de desempleo, contratos basura, bajos salarios, pérdida de derechos y de estima personal, de inestabilidad laboral con carencia de cotizaciones, no pudiendo dibujar un futuro atrayente y sólido en ningún sentido. Ya está bien. ¡Cómo lo toleran! Pero claro, no se defienden ni saben como hacerlo. La mayoría no confía en los sindicatos, pero esta opción no la han sustituido por otra, por lo cual no tienen ninguna. No se quieren afiliar en mayor medida a las organizaciones sindicales, porque en realidad hay mucha incultura sindical e infinidad de gente sin suficientes ideas sociales y de izquierdas. El problema es muy serio y difícil de remontar. Antes existía la escuela sindical del trabajo que se iniciaba a corta edad desde el aprendizaje en las empresas; sin embargo, en las últimas tres décadas se han sustituido en gran porcentaje las empresas por las aulas de licenciatura, teniendo la juventud menos oportunidades para poderse formar sindicalmente, al no haber experimentado las rigideces y las injusticias del trabajo.

¿Y ahora que pueden hacer? El primer error sería dirigir solo la mirada a la red, porque en sindicalismo y en las movilizaciones los manifestantes se tienen que sentir, tocar y ver en la calle, portando las pancartas reivindicativas y agitando las banderas unitarias e indentificativas; no demostrando su hipotética fuerza con mensajitos por medio de una ridícula, fría e inhumana pantalla de ordenador. En los grandes conflictos laborales, el que domina la calle al final gana. Produciéndose por desconocimiento e ignorancia, algunas anormalidades en el uso de internet, dado que hay jóvenes que no se conectan con la web de los sindicatos  -no, eso no se lleva-; pero sí con las de grupos fascistas y de extrema derecha. Estos chicos no saben por regla general cómo son y actúan esos fanáticos individuos, debido a que rondan por los colegios aragoneses de Dios, un inocente muchacho que se dice fascista, con una gran cresta en el pelo, que es lo más raro y contradictorio visto; así como otros seres de su especie, charlando amigablemente con inmigrantes de países pobres, desconociendo que les pueden llegar a inculcar que sean esos mismos amigos el blanco de sus odios, iras y violencias. ¿Sabes lo que significa esa chapa, porque simboliza crímenes a la humanidad y muerte? Qué dices, tú siempre igual, no lo sé pero es tan bonita. El sindicalismo y la política acabaron con el fascismo. Quedan cuatro nostálgicos pero no renacerá.

Estos días es novedad el pequeño libro: ¡Indignaos!, del joven francés de 93 años, Stéphane Hessel, que con 1.700.000 ejemplares vendidos en Francia, 120.000 en España, y editado en 30 países; hace un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica. “Esto se puede cambiar. Comprometeos, indignaos. Buscar formas de militancia y resistencia pacifica, recuperar la confianza en los partidos y buscad en internet las organizaciones que defienden los derechos humanos. Con un clic podemos contactar con gente que comparte la misma indignación. No estamos solos”, acaba de declarar el autor a la prensa española. “Un grito contra el conformismo”, titulaba El País su crónica. “Yo también estoy indignado”, escribe José Luis Sanpedro de su misma edad, en el prólogo de la publicación. Él se ha convertido a sus años, en el líder juvenil con más seguidores, a los que les dice: “¿Cómo puede faltar hoy dinero para mantener las conquistas de las medidas sociales, cuando la producción de la riqueza ha aumentado?” “Os deseo a todos, a cada uno de vosotros, que tengáis vuestro motivo de indignación. Es un valor precioso”. “Para ser eficaz hoy en día, se debe actuar en red, aprovechando los medios modernos de comunicación”. Es un libro sencillo e impresionante, que convence por los argumentos que muestra, tanto como por el ejemplo de la vida comprometida del  escritor.

Se ha podido leer en la prensa: Los jóvenes tendrán móviles con GPS, pero puede que solo les sirva para encontrar la oficina del paro más cercana. Dispondrán de vuelos baratos para viajar, pero es probable que no puedan hacerlo hasta que se jubilen después de cumplir 70 años. Internet tiene la cualidad de convertir a cada usuario en el chico del megáfono de la manifestación. ¿La próxima rebelión juvenil ocurrirá a golpe de clic? En Portugal, un grupo de jóvenes (Generación de la Precariedad) convocó una manifestación a través de redes sociales y el 12 de marzo reunieron a 200.000 personas en Lisboa al grito de “este no es país para jóvenes”. Perfecto, en España también se puede lograr esta hazaña; pero, ¿después que? “Un líder estudiantil advierte, que la red puede ayudar a difundir los mensajes, pero las conquistas se logran en la calle”. Por supuesto.

Más, no basta con salir y ocupar las calles. Hay que tomar la dirección y la responsabilidad del movimiento, porque si no se hiciera así, podría ser dirigido por gente desconocida y sin compromiso organizativo, siendo posible que orientaran la corriente por cauces equivocados e irresponsables. Y, esto, sin una organización sindical fuerte detrás, sería simplemente una utopía que navegaría a capricho de las olas del mar. Las movilizaciones serias con objeto de impactar requieren, direcciones y líderes con prestigio y autoridad, que digan cuando se empiezan y, lo que es infinitivamente difícil, cuando se acaban; porque todos los conflictos tienen principio y fin, debiendo ser la salida tan exitosa como la entrada, para mantener vivo el espíritu del movimiento que se trate y dispuesto para repetir las acciones que hubiera menester.  

¿Cómo se promueve? Que empiecen a echar humo las web de los departamentos de jóvenes de los sindicatos, poniendo las personales a trabajar en un enjambre cruzado como no ha existido jamás. Acudiendo toda la juventud en masa para llenar las calles en las manifestaciones del 1º de mayo. Pasándose por las sedes de los sindicatos, para descubrir un mundo sumamente atrayente y desconocido para los luchadores novicios. Y una vez que haya aflorado la indignación, solo queda marcar los objetivos a lograr y las fechas de desarrollo. Se comenta que la juventud es cómoda, que no pelea porque los viejos cubren sus gastos; pero yo pienso que sobretodo es una juventud poco atrevida.  ¿Qué no es así? Muy bien, ¡demostrarlo!



7.04.2011                                                          Fernando Bolea Rubio
                                                           Sindicalista  

jueves, 24 de marzo de 2011

Nubes antiobreras

Sigue sin despejarse del todo la tormenta salarial, pero los trabajadores tienen un buen paraguas sindical. Se ha leído: “Zapatero quiere alinear salarios y productividad”, no con el IPC. Que fatalidad. Todos a por el tema, hasta el Jefe del Estado sale en la foto. Nunca se ha visto una irrupción semejante. Aun así, tranquilidad. Este es un país constitucional. Los que tienen que cambiar o no ese concepto de cálculo, son los Agentes Sociales, al tener la facultad.

En cualquier caso, si no se desea la referencia del índice de precios y tanto se insiste en el de la productividad para fijar los incrementos salariales, cuando podría significar que los asalariados perdieran hasta tres puntos de poder adquisitivo cada año -lo cual sería una autentica locura antisocial y económica-. Yo creo que los trabajadores, hartos de tantas limitaciones, podrían perder la paciencia y pensar en soltar ataduras dialécticas, acabar con la línea de moderación salarial y volver de nuevo a las viejas teorías reivindicativas. A los dos puntos por encima del IPC real cada año y ya está. Fuera tanto tecnicismo. Así se hizo en GM España y en infinidad de convenios durante muchos años. Ante tanto bochorno, podría ser una alternativa de contestación sindical.

 ¿Por qué dos puntos? Porque sí, como se decía entonces. Para mejorar el nivel de vida era y sería la contestación. En 1.993, en plena crisis, UGT-Metal-Zaragoza reivindicó un 7,5% en el convenio. “Lo que pedimos ya no puede ser menos, dos puntos por encima de la inflación. Que menos que dos puntos, con los salarios de 86.000 pesetas de este convenio”, dije yo en una concentración de metalúrgicos en la puerta de la sede de la patronal. Ella, sin embargo, proponía congelación salarial, tal era su tacañería. ¿Quieren los super neoliberales, los empresarios y el Gobierno volver a ese estado? Seguro que no. ¿Qué sería negativo para la viabilidad de algunos negocios, al rondar los aumentos salariales un 6% anual? Sí, quizá. ¿Pero, quienes serían los culpables de haber roto el consenso actual y de ese cambio?  Los asalariados y sus sindicatos de ninguna manera. No obstante, que no estiren tanto la cuerda... porque para el sindicalismo las cadenas son hilos de algodón fáciles de romper.

Sé de un convenio de empresa que, erróneamente, se esta negociando sin contar con la inflación y la cláusula de revisión; tomando solo como base un hipotético incremento de la productividad que, de no producirse, resultaría un acuerdo sin incremento salarial.  ¿Es ese el fin de la gerencia? La inflación salvo excepciones se incrementa siempre y los sueldos con ella; sin embargo, la productividad puede llegar a ser un valor muerto e inutilizable. Sí se ha de saber (para evitar dudas y artimañas), que los crecimientos de la productividad a tener en cuenta son tres: el de la empresa, el sector y el del país; acogiéndose los afectados al incremento resultante mayor, en virtud, de que han ser beneficiarios de la mejora de la riqueza general, aunque su empresa o sector obtengan resultados inferiores o nulos. Así la aplica IG-Metall en Alemania y es recomendación de la Federación Europea de Metalúrgicos (FEM). Sea como fuere, salvo anormalidades, beneficios hay  siempre. El que en una empresa no haya crecido la productividad en un año cualquiera, no significa que no obtenga beneficios en ese tiempo; porque si la productividad ha sido análoga, las ganancias serán equivalentes a las obtenidas el año anterior (o en ejercicios precedentes), debiéndose repartir, atendiendo las demandas de la plantilla. La orientación salarial la debe definir la existencia de beneficios o pérdidas, porque no se puede hacer el mismo sindicalismo en una empresa con beneficios que en perdidas, pensando siempre en términos de empleo y estabilidad laboral.

En verdad, las nubes tormentosas antiobreras vuelven siempre. Se pueden ir alejando unas pero enseguida aparecen otras, del mismo o de distinto punto cardinal. La cuestión es no parar. Si no se hace brecha por un lado se intenta por otro. Ahora, el Instituto de la Empresa Familiar (IEF), para abaratar el trabajo de los jóvenes, propone la creación de un contrato juvenil fuera de convenio, exento de pagos a la Seguridad Social, con un salario que no se atendría a lo previsto en los convenios, debido a que se pactaría entre el joven o la joven y el patrón. Pura miseria.¡Qué se va a pactar! Sería, trabajar a propina. Vuelta de nuevo a los “niños esclavos”. Diez pesetas diarias, por trabajar a los catorce años, trece horas al día en una herrería (con trabajos en un molino y una huerta), fue mi primera contratación laboral. Es lo que había. Aunque el herrero, al que tengo en buena consideración, cotizo a la SS por mi desde el primer día. Algo que el IEF no quiere hacer 50 años después. Esto ya empieza a ser una guerra total, de muchas mentes oligarcas de varias naturalezas, contra el mundo del trabajo. Cándido Méndez ha demandado “menos incoherencias en los planteamientos empresariales, ya que el presidente de IEF es, a su vez, dueño de una red de tiendas de moda joven, donde adula como clientes a los jóvenes, a la vez que intenta defender una propuesta de contrato sin derechos, sin cotización, con salarios fuera de convenio”. En este caso, el poder del consumo podría ser determinante. 

Pero las vergüenzas no acaban aquí. El presidente del BBVA, un señor mercado en toda regla, posiblemente nervioso porque la corte de cien expertos de Fedea no termina de hacer faena en la plaza, ha cogido el capote y la espada de matar al señalar, que la reforma laboral es “muy insuficiente todavía”. Afirmando que millones de familias atraviesan situaciones muy difíciles, mientras que los jóvenes solo encuentran trabajo fuera de España. “Estamos perdiendo capital humano para nuestro crecimiento y bienestar futuro”, advirtió. Ay de la juventud, si no se reacciona ante tanta maldad y basura interesada. En realidad, estas personas dan pena, porque deben creer que el pueblo español es tonto, cuando para mí es tal vez el más listo del mundo. Que no se esfuerce tanto, que todos los españoles saben que las calamidades de la crisis se deben a la irresponsabilidad y los abusos de ellos, de la banca, de las finanzas que han promovido la especulación con un afán loco. ¿Qué culpa tienen los trabajadores y el sistema de trabajo de ello?, para que esta gente los haga responsables de su cataclismo financiero y del paro que ha creado. Pronto, con sus amigos populares en el Gobierno podrá matar el toro con más facilidad aún, aunque seguro que lo impedirán los sindicatos con el público asistente.

Por si es poco, otro látigo bancario, la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS), acaba de descubrir que la alta inflación española, en relación a los países del euro, es una nueva piedra en el camino. Es hoy no, ha sido siempre, la piedra esta allí a perpetuidad, sin que la banca, las autoridades monetarias y los gobiernos al uso hayan hecho nada para retirarla; como los trabajadores saben muy bien, debido a que sus salarios tropiezan con ella todos los años. Detalla ciertas causas, alegando que hasta la crisis hubo en España una excesiva relajación monetaria y fiscal que produjo un boom de demanda de consumo e inversión, con la consiguiente presión inflacionista, mas alzas de precios; y, como no, por la indexación de los salarios al IPC. Así dicen, que es imperioso reformar las bases de la negociación colectiva, por los efectos negativos que introduce utilizar el IPC total de diciembre, como referencia en la negociación de los salarios y en las cláusulas de salvaguardia. ¿Solución? Una salomónica, dividen el niño en dos partes, separando el IPC total y real del IPC subyacente (sin alimentos y energía) que suele ser la mitad –en España el 2010 cerro con un 3% uno y el 1,5% otro-. Así que de momento, un 1,5% menos para los bolsillos de los empleados.

Si, bien, la sisa salarial que proponen es mayor, al sugerir que de mantenerse la referencia del IPC debería ser la inflación subyacente media anual de la “zona euro”, no la del país, que a su vez suele ser aquella un 50% inferior. En definitiva, lo que FUNCAS añade a la pelea es otra forma de cálculo, pero con el mismo efecto negativo que si los salarios se ligaran a la productividad; porque en ambas operaciones, los incrementos serían de un 1% o menores, mientras la inflación se situará en el mismo e histórico 4% o más de toda la vida, dado que nada se dice de reducir: los precios abusivos de muchos productos, ni los desorbitados benéficos empresariales y bancarios, ni los desproporcionados salarios de los ejecutivos y directivos. Como siempre, que las clases populares lleven la carga, para que las acaudaladas no tengan que pagar el convite.

Es llamativo asimismo, la reciente creación del foro-lobby de clara presión financiero periodística: “Economismo”, organizado por el periódico El País y expertos de reconocida tendencia neoliberal, con la publicación de un articulo tendencioso semanal; como fue el primero titulado: “España necesita el látigo del Pacto del Euro” (antes de competitividad). En él se decía que, las causas de la recesión de la economía española no hay que buscarlas solamente en el pinchazo de la burbuja inmobiliaria o en la crisis financiera, lo que impedirá la recuperación será la pérdida de competitividad que ha sufrido España entre el 2001 y 2008, casi un 30% respecto a la alemana, debido al incremento de los costes laborales y el escaso crecimiento de la productividad. Califica las reformas de insuficientes y confía en que el Pacto del Euro pueda ser el revulsivo para acometer las reformas necesarias. Permitiéndose la fanfarronería de indicar que si se hacen de forma consensuada, mejor; pero si no hay acuerdo, cada uno tiene que asumir sus responsabilidades. Lo que significa, nada más ni nada menos, que los chicos éstos, han empezado despreciando el hecho sindical e intimidando descaradamente al Gobierno, para que actué aplicando sin dilación las descabelladas tesis que los banqueros y ellos quieren imponer. 

De esto, lo que más me importa es el giro hacia la derecha que en economía ha dado El País, tal como últimamente yo al menos aprecio. Le puede llegar a ocurrir que, la gente progresista deje de llevar con orgullo el diario por la calle, lo que sería para él un serio síntoma de decadencia. En cuanto a los demás argumentos, no hay que dar importancia a lo que dicen, por que como se puede afirmar que los males económicos no vienen del ladrillo, ni de la caída de las finanzas y de los créditos; pero sí, de los incrementos de los costes laborales y de la baja productividad. En primer lugar, en lo que va de siglo los sueldos a duras penas han cubierto la inflación. Y en segundo lugar, como iba a crecer la productividad si todos los recursos financieros y la atención política y mediática estaban dedicados a la vivienda, desatendiendo la industria y otros sectores claves en términos de competitividad. Que no quieran cargar las culpas a los salarios de los trabajadores, porque con ese cuento asustarán a los niños. 

La ultima tontería en materia salarial la acaba de proponer un filosofo sin carrera del PP, al creer que los salarios deben ligarse a la tasa de paro. Y claro, con tanto desempleo querrán imponer la tesis de incremento cero. Dan miedo. El PSOE produce enfado, pero el PP temor. Posiblemente, si los populares gobiernan como es seguro que pronto harán, todo este comando de expertos neoliberales pasarán a ocupar mayores parcelas de poder del Estado, para desde allí lanzar sus dardos envenenados contra la clase trabajadora. Posiblemente, esta llegando el momento de pensar con más detenimiento en no dejar pasar la oportunidad de ir a votar y votar a la izquierda, pensando en nuestros intereses de clase. Zapatero no creo que se vuelva a presentar. Y, si es así, el nuevo candidato o candidata tendrá menos culpa de los desatinos socialistas en la presente legislatura. No en la anterior, porque en ella Zapatero gobernó bien, con criterios si no puramente socialdemócratas, si sociales y de acuerdo con los sindicatos.

A decir verdad, si tanto empeño hay en que los asalariados ganen menos, han pensado esos tipos lo que podría pasar si los trabajadores que son los que producen la riqueza, se impusieran a la vez el que sus empleadores ganen menos, no poniendo voluntad en el trabajo para responder con la misma moneda a las presiones que reciben. En vez de la filosofía gana-gana, sería la de pierde-pierde. ¿Le gustaría más a la señora Merkel? En realidad se busca, la de yo gano y tu pierde... siervo de la gleba. 

Al final, mi más firme y sincera solidaridad con la población japonesa y, todo mi pesar, por los 23.000 fallecidos que ya se calculan por el terrorífico terremoto y el tsunami que han sufrido. En ese país he estado en dos ocasiones y le tengo gran estima. Allí descubrí nuevas formas de organización del trabajo, así como el valor empresarial y laboral de la participación. “Cuando yo tenga 35 años intervendré en las decisiones de la empresa”, me decía un ilusionado trabajador japonés en mi primer viaje, sin que yo entendiera al principio el motivo de su alegría. Todo era porque a esa edad le permitirían entrar a formar parte de los equipos de trabajo, aportando sugerencias de organización y mejora de condiciones. Para un empresario japonés despedir a un trabajador es una afrenta. Y por si los agoreros del salario español no lo saben, los sueldos medios japoneses son casi el doble que los de aquí (3.118 euros) y su competitividad la sexta mejor del mundo.

                                  
                                                                              Fernando Bolea Rubio
       24.03.1911                                     Sindicalista        

             

    






viernes, 11 de marzo de 2011

¡Basta de vejaciones! Por dignidad.

El circo neoliberal sigue haciendo bailar a sus monos. El súper capitalismo disfrazado de mercados financieros oculta su cara y hace hablar a sus muñecos. El capital es listo, sí señor. Ha inventado esa figura comercial genérica que nadie conoce, para mover desde el anonimato la economía a su voluntad; imponiendo unas tesis, cuyos malos efectos, están padeciendo las sociedades de todas las partes del mundo. Así no se puede seguir. Es necesaria una reacción de la izquierda, del sindicalismo, de la juventud para superar su estatus basura. Hay que fijar el punto de inflexión, el cambio de sentido, porque con crisis o sin crisis no se puede perder más.

Lo que esta ocurriendo es vergonzoso. Un locuaz catedrático ha dicho en la SER que lo que se pretende es que: “sobre el 2015, la gente sea más barata y prescindible”. Es cierto, ése es el fin. Y, por tanto, la clase trabajadora y la sociedad afectada debe decir basta de vejaciones y reaccionar por dignidad. Lo que esta en juego es muy serio. Se quiere abaratar el coste del trabajo y despedir aun con mayor facilidad. No cabe duda, de que el poder financiero quiere aprovechar esta crisis para que más parte de las rentas del trabajo vayan a incrementar sus ganancias propias. Parecen enfermos, nada para el trabajador. Toda la culpa de lo que ocurre es por tener que pagar un salario. Hace poco decía un rico venido a menos: “Antes por el almuerzo te picaban la viña”.

Todos los avances salariales y sociales de los últimos treinta y cinco años, que tanto esfuerzo costó conseguirlos, se pueden ir perdiendo paulatinamente, si no se empieza a responder de inmediato. Los neoliberales no van a parar de bailar, cada día llevan más ritmo, están más firmes, tienes más descaro, controlan más medios de comunicación y tribunas de opinión. Los protege y financia la banca. Ríen sus gracias, los de su misma condición que se sientan en las mesas de los gobiernos.

Hay una persona muy mona, que cada vez que habla le debe hacer perder al PSOE cien mil votos. Es una autentica máquina electoral del PP. Sin embargo, desde el Gobierno guardan silencio y otorgan. ¿Acaso no se dan cuenta del mal electoral que les esta haciendo? Lo último de él ha sido, que el Banco de España atribuya el desempleo a los salarios, al considerar que las rigideces salariales que hay en España son la causa principal de la gran bolsa de paro. Este señor es un indocumentado y un provocador social, al que no habría que hacerle caso, porque para los trabajadores lo primero es el empleo y lo saben defender.

Pretende ligar los salarios a la productividad sin contabilizar la inflación, para que las retribuciones sean inferiores a los precios; recibiendo por estas causas y sin ninguna consideración -como se merece, al haber perdido el respeto a los trabajadores- una dura crítica de UGT, al decirle que los datos que maneja el Boletín del Banco de España son completamente falsos. Añadiendo, que el Gobernador en vez de preocuparse por los 4 millones 700.000 personas desempleadas, su única obsesión es ver como las empresas, cómo los grandes empresarios y la banca mantienen su tasa de beneficios. Todo ello para ocultar el que uno de los responsables de la actual crisis, de la burbuja inmobiliaria fue el Banco de España.

Hay marionetas que bailan en compañía y con cobertura musical de primer nivel, como hace el diario El País, con el clan de los 100 economistas neoliberales de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), que según el catedrático Vicenc Navarro: “esta financiada primordialmente por las bancas, por las cajas y por las compañías de seguro. Entre sus mayores patrocinadores están el Banco Sabadell, el Banco Popular, Caja Madrid, BANESTO, el Banco Santander, BBVA, La Caixa, y un largo etcétera”. Con estas uvas, se conoce la cosecha. Así, acaban de hacer nueve propuestas. “Nueve propuestas para bajar los sueldos”, según Isaac Rosa (Público). Su objetivo es, influir en las actuales conversaciones entre sindicatos y empresarios para reformar la negociación colectiva, sin ser invitados a la ceremonia. ¿Pero qué se creen que son? ¿Acaso se han presentado a elecciones, como lo han hecho los interlocutores empresariales y sindicales?

Solo son servidores de dioses mayores, que tampoco están ni se les espera. Que por cierto, no significan nada en términos de representación; pero aspiran a ocupar un trono en el Olimpo, dado que entre la guasa general estos expertos propugnan, la creación de un órgano que reúna a empresarios, sindicatos y expertos (o sea ellos) para analizar los costes laborales y realizar recomendaciones. Que bonito, ¿verdad?; sin embargo, la sugerencia no vale nada, dado que los negociadores ya tienen sus correspondientes técnicos y expertos. Con esta acción, esta gente demuestra que no tiene medida. Aunque si se desea que no molesten, habrá que dirigirse con mala cara a los gigantes que no enseñan la mano, cuando mueven las marionetas antiobreras.

Por lo demás, en esta jaula también piden desligar salarios e inflación en los convenios, vinculándolos solamente a la productividad. Con la condición, de que los salarios reales tienen que crecer menos que la productividad. Otra de sus propuestas es, permitir el descuelgue salarial de los convenios. Piden convenios de sector y eliminar los provinciales. Defienden mejorar la competitividad de las empresas. Desean limitar a un año la prórroga indefinida actual de los convenios. Abogan por  arbitrajes obligatorios y vinculantes, en caso de no haber acuerdo en la negociación colectiva. Siendo, en definitiva, todo un catalogo del horror y de la desvergüenza.

El caso es, que los ataques a los asalariados y al movimiento sindical no acaban aquí. A causa de que otro grupo de economistas ligados a la Asociación Libre de Economistas, con 300 neoliberales más, han elaborado un decálogo que pide más de lo mismo: ligar los salarios a la productividad y al beneficio de la empresa, advierten de que las cláusulas de salvaguardia han frenado la creación de empleo y obligado a ajustar plantillas en tiempos de crisis, destacan efectos negativos en la prórroga automática de los convenios, plantean fomentar la negociación colectiva en la empresa e incentivar una rebaja en la duración media de los convenios. En vista de todo lo cual, tengo la absoluta seguridad, de que todo este ejercito de salvadores interesados no ha negociado  un convenio nunca, ni ha hecho en su vida una Plataforma Reivindicativa; porque si lo hubieran hecho, no tendrían la desfachatez de hacer estas propuestas, por mucho que se eleve su caché en las conferencias a impartir.

 Para incrementar la competitividad hay que hablar de unos conceptos totalmente diferentes, a lo que se plantea. Eso pasa por la participación laboral y por sistemas de compensación, lo que estas personas parecen desconocer. Sí queda claro, que hay en total 400 seres humanos (100 más 300) bolígrafo en mano, para hacer doblar las rodillas a los sindicatos. Más todo lo que va a venir de la Unión Europea, para los países del sur, con el mal llamado Pacto de Competitividad, de la canciller Angela Merkel y sus liberales afines. En cualquier caso, si se cogieran de la mano todos los profesores y economistas que conozco, que hablan y escriben de relaciones laborales y no tienen ni idea, podrían abarcar la basílica del Pilar. La productividad se aumenta tratándola con los ingenieros, no con economistas ni abogados.

Por el contrario, también surgen esperanzas. Frente a la dictadura de los mercados y de sus mensajeros, ha nacido el “manifiesto de los economistas franceses aterrados”, de corte progresista, que descubre diez falsas evidencias y aporta veintidós medidas a la discusión. Haciendo afirmaciones tales como: “La crisis ha demostrado que los mercados no son eficientes”. “El lugar preponderante ocupado por los mercados financieros no puede llevar a eficacia alguna”. “Prohibir a los bancos especular por su propia cuenta para evitar la propagación de las burbujas y de las quiebras”. “Reforzar significativamente los contra-poderes en las empresas, para obligar a las direcciones a tener en cuenta los intereses del conjunto de las partes interesadas”. “Aumentar el esfuerzo presupuestario en materia de educación, de investigación, de inversión en reconversión ecológica... para establecer las condiciones de un crecimiento sostenible que permita un fuerte descenso del paro”.

“Se han multiplicado las reducciones de impuestos y de cotizaciones (sobre los beneficios de las sociedades, sobre los ingresos de los particulares más acomodados, sobre los patrimonios, sobre las cotizaciones patronales...), pero su impacto en el crecimiento económico sigue siendo muy incierto”. “Con el dinero ahorrado de sus impuestos, los ricos han podido adquirir títulos (portadores de interés) de la deuda pública emitida para financiar los déficits públicos, provocados por las reducciones de los impuestos”. “El aumento de la deuda pública en Europa o en Estados Unidos, no es el resultado de políticas keynesianas expansionistas o de políticas sociales dispendiosas, sino más bien de una política a favor de las capas privilegiadas”. “Se establece un mecanismo de retribución al revés, desde las clases populares hacia las clases acomodadas, vía la deuda pública cuya contrapartida es siempre la renta privada”.

“Coexisten dos visiones de Europa sin osar enfrentarse abiertamente. Para los socialdemócratas, Europa hubiera debido proponerse el objetivo de promover el modelo social europeo, fruto del compromiso social de la época posterior a la Segunda Guerra Mundial, con su protección social, sus servicios públicos y sus políticas industriales, construyendo una muralla defensiva frente a la globalización liberal. Sin embargo, Europa no ha querido asumir su especialidad. Actualmente la visión dominante en Bruselas y en el seno de la mayoría de los gobiernos nacionales es la contraria, a la de una Europa social adaptada a las exigencias de la globalización”.

“Quienes han aceptado apoyar financieramente a los países del sur quieren imponer en contrapartida un Pacto de Estabilidad. La Comisión quiere imponer a los países una larga cura de austeridad, para volver a una deuda pública inferior al 60% del PIB. Si hay un avance hacia un gobierno económico, es hacia un gobierno que en vez de aflorar el torno de las finanzas, va a imponer la austeridad y profundizar las reformas estructurales en detrimento de las solidaridades sociales en cada país y entre los países”. “La crisis ofrece a las elites financieras y a las tecnocracias europeas la tentación de establecer la estrategia del choque, aprovechando la crisis para radicalizar la agenda neoliberal”. “La crisis va a permitir imponer fuertes reducciones de los gastos sociales, objetivo incansablemente buscado por los paladines del neoliberalismo”. “Se debe abandonar la doctrina neoliberal, que descansa sobre la hipótesis hoy indefendible de la eficiencia de los mercados financieros”.

Como se observa, todo un tratado de realidad que por su importancia resulta sumamente interesante a nivel político y sindical. ¡Qué diferencia con lo que se propone en España! No dice que hay que combinar formulas salariales, para que los sueldos pierdan valor. Es otra forma de pensar, otro análisis de la situación, son otros los intereses a defender. Nuestra vía es la de la socialdemocracia, con su modelo social europeo y su estado de bienestar. Debiéndose saber, que será mas fácil mantenerlo que en su momento fue  conquistarlo. ¿Alguien está dispuesto a dejarlo perder?

También se producen satisfacciones que es bueno trasladar, como la canción “There is a power in a Union” (Hay poder en un Sindicato), un conocido himno obrero, compuesto por Joe Hill en 1.913 y que el 6 de marzo, unos 20 músicos han grabado en Wisconsin, en apoyo de la lucha de los trabajadores públicos del estado, con el Tea Party del Partido Republicano, que pretende eliminar al sindicato para que pierdan fuerza los demócratas de Barack Obama. De lo cual debería tomar buena nota Marcelino Iglesias, para que no empiece los mítines criticando a UGT. 

Hay poder en un Sindicato[1]


Hay poder en una fábrica, poder en el campo
poder en las manos del trabajador
pero no sirve de nada si no permanecemos juntos
hay poder en un Sindicato

Ahora las lecciones del pasado se han aprendido con sangre de los trabajadores
que tuvimos que pagar por los errores de los patronos
desde las ciudades y las tierras de labor a las trincheras llenas de barro
la guerra siempre ha sido el camino de los patronos, señor.

La Union siempre defiende nuestros derechos
Abajo los esquiroles, abajo el gobernador, unidos todos los trabajadores
con nuestros hermanos y hermanas de muchas tierras lejanas
hay poder en un Sindicato

Ahora espero la mañana que ellos se den cuenta
que la brutalidad y las leyes injustas no nos pueden derrotar
pero ¿quién defenderá a los obreros que no puedan organizarse
cuando los jefes manden a sus lacayos para engañarnos?

El dinero habla de dinero, el demonio por si mismo
¿quién viene a hablar de la piel y del hueso
que apoyo para la viuda, que luz para el niño?
hay poder en un Sindicato.

La Union siempre defiende nuestros derechos
Abajo los esquiroles, unidos todos los trabajadores
con nuestros hermanos y hermanas permaneceremos juntos
hay poder en el sindicato


                                                                   Fernando Bolea Rubio
    11.03.2011                                            Sindicalista

jueves, 24 de febrero de 2011

La productividad como guinda salarial

Ahora al deseado recorte salarial del 20% que la Unión Europea y los cómplices del capital pretenden para España, lo definen como: Muchacho, no pidas tanto salario, que tu no sabes lo baja que tienes la productividad. Pero, no ganarán la ofensiva. El movimiento sindical esta más preparado de lo que creen y superara este nuevo obstáculo sin dificultad, a pesar de las falsedades que se publican en contra, a veces más por desconocimiento que por manipulación.

En mi actividad sindical, los periodistas que he conocido son grandes profesionales y personas honestas. Si bien, los medios de comunicación como tales, deberían ser más pluralistas al informar y opinar, dado que en general van perdiendo esa condición, notándose en ellos cada día más las manos financieras y bancarias que los sostienen. Que le vamos a hacer, hay jefes para todo. A mayor enemigo, mayor victoria. Animándose el partido, con lo que decía un jocoso empresario: “Los datos hay que torturarlos hasta que canten lo que tu quieras”.Y a esto se dedican muchos como deporte de élite, en el país y en la Comisión Europea. Antes los ricos y los recoge pelotas -sus acólitos neoliberales-, jugaban con raquetas de madera; hoy se entretienen, dando de comer salarios de los pobres a los mercados, a ellos mismos; sin mencionar para nada ni reprobar lo suyo: los precios de los productos, los beneficios empresariales, ni los desorbitados salarios de los altos ejecutivos. Que yo sepa, ningún periódico, ni emisora de radio, ni TV, ha censurado una sola vez, estas cuestiones.

Es muy fuerte, la verdad. Las clases populares y los trabajadores españoles y europeos están acorralados; pero no indefensos y sin animo de superación. Joaquín Sabina sabiamente ha dicho: “La batalla en Europa, brutal, es contra el Estado de Bienestar, contra la socialdemocracia, contra los sindicatos. Y la están perdiendo”. No, no se perderá, al menos del todo. Queda mucho por decir y hacer al tener la razón, la fuerza del trabajo y el poder del consumo, si todos estos componentes se combinan bien.

A los trabajadores no les gusta que se les hable de productividad, porque ellos suelen padecer en sus espaldas lo que los malos ingenieros solo dibujan sobre el papel. No significa trabajar más, sino mejor. Las empresas necesitan mejorar constantemente la productividad para ser rentables y seguras. La mejor medicina contra la recesión es, mejorar la competitividad empresa por empresa, ganando mercado exterior. Solo progresa económicamente un país si son competitivas sus empresas.

A estas reflexiones personales añadiré las del Ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, que en diciembre de 2004 afirmo:“La productividad, es un fenómeno que tiene una doble dimensión, porque efectivamente, permite producir con menos mano de obra, y por otro lado, mantiene un nivel de disminución relativa de precios, esencial para mantener las cuotas de mercado”; agregando: “Es necesario mantener un conjunto de políticas de competitividad basadas en la tecnología, en el desarrollo de la investigación y la innovación, en el desarrollo de métodos de la organización de la producción, como fórmula alternativa de un concepto de competitividad, que no puede estar exclusivamente basada en la moderación de costes salariales”. Bien, así es.¿El ministro seguirá pensando lo mismo? Pienso que sí y por tanto ha de estar en el lado sindical, diciéndole al no improductivo muchacho de la historia: Sigue que vas bien y dile a tu anticuado censor que aumente la inversión y la innovación que así, los dos ganareis más. Cada día más baratos ¡NO!, pero cada vez más competitivos ¡SÍ! La productividad no reduce empleo, al incrementarse con ella el volumen de fabricación. Queda claro, pues, que el mundo del trabajo asume y defiende la productividad bien aplicada; pero no a modo de lanza mortífera, o como simple patraña de reducción salarial que tal es el caso.

Alemania quiere acabar con la legislación y las practicas que vinculan el incremento salarial a la inflación, como básicamente ocurre en España. La canciller alemana, Angela Merkel, defiende un sistema de aumentos saláriales basados en la productividad y los resultados de las empresas; llegando a pedir a los socios del euro, que supriman las cláusulas de revisión salarial. En definitiva, que aquí como primera condición, cada año se venga a perder un 2%  de poder adquisitivo, para restar al fin político del 20% del sueldo a devaluar. No tiene otro propósito, a no ser que esta señora no conozca las altas y desproporcionadas tasas de inflación que sufre este país; sin que el señor: “reformas, reformas, reformas, saneamientos...” del Banco de España diga nada a tal efecto, porque tendría que censurar los precios y los beneficios, lo que sería ingrato para él.

El mayor lastre empresarial y de la economía española no son los salarios, sino su desorbitada tasa de inflación, que en periodos de crecimiento dobla la registrada en la zona euro. Por lo general, en vez de un 2%, un 4%. Así, el coste laboral se incrementa anualmente más en España, sin que de ello se beneficien los trabajadores con mayor poder de compra, aun con la cláusula de revisión, al subir a la par el coste de la vida; mientras que los precios de venta de los productos exportados, se suelen elevar a la mitad de lo que lo hace el coste laboral, al regirse los mismos, por la inflación del resto de la UE que es donde se exporta y vende; en algunos casos, hasta el 90% de la producción. Además, a dos puntos más cada año, en diez se tendría que empezar de nuevo la cuenta del 20% de devaluación salarial pretendida, puesto que ya se habría fundido su efecto; o si la diferencia salarial entre una empresa Alemana y otra española fuera de un 30% menor aquí, en quince años sería igual, siendo los asalariados españoles igual de pobres que ahora, al no obtener ningún beneficio por ello. Este fue uno de los mayores problemas que tuvimos que sortear sindicalmente en GM España, cuando en 2005, evitamos la deslocalización de la fabricación del modelo Meriva a una planta de Polonia (con salarios bajísimos allí), que hubiera causado la desaparición de media fabrica.

Pero aún se abre otra variante. Si también se han fijar los salarios en función de los resultados de las empresas como se sugiere, habrá que establecer un sistema que controle muy bien los beneficios, como segunda condición. En realidad no se tendría que inventar nada nuevo, basta con que se copien en España los llamados Aufsichtsrat, los Consejos de Vigilancia alemanes –compuestos por representantes de los accionistas y de los trabajadores-, que con tan poco placer vería el Gobernador del Banco de España, tan mal amigo él de estas cosas progresistas, como sería este método de cogestión. Desde luego, el que algo quiere algo le cuesta. Que no piense nadie, que se toleraría un cambio salarial con pies de barro, como sería dejarse llevar sin certeza, por las cifras de beneficios que se tengan a bien declarar. De todos modos, una cosa es la cogestión y otra la codirección. Con la cogestión las partes son autónomos y pueden proceder en línea crítica. Son elegidos cada cuatro años. Solo pueden intervenir en temas de personal, lo que incluye evolución económica y política salarial. Los sindicalistas alemanes de los consejos si reciben una retribución por esa función, la entregan después voluntariamente a organizaciones humanistas y sociales, sin animo de lucro.

En todo caso, esta disyuntiva sobre salarios con inflación o productividad, hace años que el sindicalismo la ha debatido y superado, fijando su posición por medio de las organizaciones sindicales internacionales y aplicándose en los países con ligeras variaciones. El criterio es simple y justo. Tanto en Alemania como en España se utilizan las dos variables, la de inflación y de la productividad; por el hecho, de que si solo se empleara la inflacionista, el incremento de la productividad repercutiría en el rendimiento de la inversión, y ha de incidir  en los salarios, al objeto de que los trabajadores participen también en el crecimiento de la riqueza.

 Y así, en las reivindicaciones saláriales alemanas, aplican la formula: Tasa de inflación, más aumento de la productividad, más lo que llaman aumento real de la renumeración. De esta manera, en 1999 (año que ellos me citaron como modelo), con una inflación del 1% y con un aumento de la productividad del 3-4%; el sindicato IG-Metal solicito en ese país un incremento salarial del 6,5%, pactándose los convenios en un 4,2%. En concreto, obtuvieron un 3,2% por encima de la inflación y de lo que se hubiera logrado entonces en España, con el hoy perseguido procedimiento de inflación y cláusula de revisión. En los últimos años, el liberalismo de ese país, otras circunstancias, más la crisis mundial, han frenado los salarios reales. No obstante, este mes, Volkswagen ha subido un 4,2% los sueldos en Alemania. En SEAT han pactado para el 2011 el IPC real más el 0,2. En definitiva, en la empresa alemana posiblemente mejoraran su poder adquisitivo un 2,2%, porque la inflación será baja; mientras que en la española aun siendo de la misma compañía y aunque la inflación suba mucho el salario, únicamente mejorarán su nivel de vida en un 0,2%. Por el juego de las inflaciones, para la compañía el coste laboral entre unos y otros puede ser casi igual; sin embargo, por esa perversa inflación descontrolada, los trabajadores españoles no recuperaran prácticamente poder de compra.

En España la configuración de la negociación colectiva es similar, después de que se introdujera por primera vez el crecimiento de la productividad, no solo el de la inflación mediante revisión para pactar los salarios, en el Acuerdo Interconfederal para la Negociación Colectiva del 2002 (ANC-2002). El texto decía lo siguiente: “Puede haber incrementos superiores a la inflación prevista dentro de los limites derivados del incremento de la productividad”. El 10 de enero de ese año publiqué un articulo titulado: “Salarios y productividad”(Periódico de Aragón) donde destaqué las ventajas de este avance, después de haber participado activamente en el sindicato, para que se introdujera en la negociación colectiva española esta interesante novedad, la cual descubrí en Alemania en los foros sindicales que participé. En el hoy en día, AENC 2010-2012 (Acuerdo Interconfederal para el Empleo y la Negociación Colectiva), se contempla que el incremento salarial sea hasta el 1% en 2010, entre el 1% y el 2% en 2011 y de entre el 1,5% y el 2,5% en 2012. Poco supone, la verdad. Es consecuencia de la crisis, aunque si la inflación se dispara de nuevo, estos incrementos  pueden suponer con la revisión un 3%, un 4%, quien sabe.

 Según la Secretaria de Acción Sindical de UGT, se está cumpliendo con la moderación salarial en el conjuntos de los convenios, ya que el incremento salarial medio pactado hasta diciembre de 2010 se sitúa en el 1,31%; mientras que la subida media de la inflación anual se ha establecido en el 1,8%. Un 53,16% de los convenios ha contado con cláusula de garantía salarial; si bien, un estudio de las cláusulas de revisión pactadas, demuestra que un 42,84% de los trabajadores con convenio cerrado en 2010 han perdido capacidad de compra. Por eso son tan necesarias las cláusulas de revisión o garantía. Para Malo de Molina del Banco de España: “Las cláusulas salariales son un residuo, un obstáculo que no permite la suficiente flexibilidad en los salarios. La mayor parte de los países europeos se las han quitado de encima, las tacha de inflacionistas”. Por su parte, Toni Ferrer ha afirmado: “Lo que busca el Banco de España y no se atreve a pedir es un recorte de los salarios”. 

Hay que puntualizar que la trilogía: inflación prevista, productividad y cláusula de revisión, se ha venido repitiendo en España durante siete años, en todos los acuerdos interconfederales firmados y con la misma redacción inicial de 2002. En 2009 no hubo pacto. No figurando esa condición en el AENC 2010-2012, al constar la declaración de que se llevará una política de crecimiento moderado de los salarios que permita el mantenimiento y recuperación del empleo, y que contribuya a la reactivación económica. Con la afirmación, de que los criterios para determinar los incrementos saláriales deberán ser objetivos y tener en consideración las realidades especificas de cada sector o empresa. En total, que no recoge relacionar los salarios con la productividad, debido a que con la necesaria moderación salarial por la crisis y el alto desempleo, en estos tres años se ha optado solamente por garantizar con la cláusula de garantía el IPC real de los sueldos, eliminando temporalmente los crecimientos del nivel de vida establecidos; al objeto de fomentar la reactivación económica, el empleo y la estabilidad laboral.

Con este hecho, ¿No se demuestra suficiente responsabilidad sindical? En los malos tiempos, el sindicalismo español sabe estar a la altura de las circunstancias. Y, en los buenos tiempos, será justo que las trabajadoras y los trabajadores ganen más. A los sindicatos españoles, nadie ajeno les tiene que marcar su política, porque es fruto de muchos años de cultura social y económica, tanto en el ámbito nacional como internacional. 

De todas formas, si la señora Merkel y el ejército liberal español, siguen soñando con la productividad y los salarios como único matrimonio a bendecir, tal vez les haga cambiar de opinión  los datos del ciudadano Miguel Boyer, que en un magnifico articulo titulado “Ni perezosos ni improductivos”, publicado en El País el 17.2.2011, dice:“El tópico de la baja productividad de los trabajadores españoles es una generalización errónea del estancamiento que esta tuvo en el periodo entre 1996 y 2002, dominado por la inmigración y la ocupación en el inmobiliario. Pero el crecimiento del PIB por ocupado español fue más rápido que el de Alemania y el de Italia entre 1982-1993 y, de nuevo, entre 2004 y 2009. Y, en 2009, la productividad por ocupado española, estaba entre el de Alemania y el de Italia. En 2010, la productividad por asalariado fue del 2,4% en el conjunto de la economía y del 6,6% en la industria”. ¿Qué le parecen estos datos... señor Fernández Ordóñez, se viene a negociar el convenio del metal? 


24.02.11                                                                      Fernando Bolea Rubio
                                                                                     Sindicalista     

jueves, 10 de febrero de 2011

Sindicalismo y pensiones

¿Hacia donde dirigir los dardos? El enfado por la política laboral del Gobierno es mucho y sus explicaciones no convencen. Podemos ir contra Ángela Merkel por sus sugerencias, u otro político y de paso criticar a ZP, por ponerse por el medio pitando a favor del equipo contrario; pero así no erradicaremos de todo el mal, porque la avalancha que nos invade como la niebla, tiene una raíz y un componente ideológico de derechas claro, que de modo suave llaman liberalismo Un tsunami que crece y barre desechos de los trabajadores y de las clases populares sin un freno efectivo, debido a que nos dedicamos a sacar el agua con cubos, en vez de cortar de una vez el caudal del río, secando las fuentes que lo imbuyen.

Todos los problemas que nos llegan proceden del mismo punto, de la cuna liberal que domina la economía y la política del país y del mundo. En ella hay, hasta mentes ultra conservadoras con lenguas progresistas. Así las cosas, debemos saber que la lucha fundamental ha de ser contra el liberalismo general implantado, no solo por una o varias consecuencias individuales de éste. ¿Cómo hacerlo? Muy fácilmente, no apoyando ni votando las candidaturas de tendencia liberal y de derecha, como primera condición. Y, en segundo lugar, peleando desde todos los frentes, para que la socialdemocracia sea la guía del PSOE y su fundamento de existencia, que no lo es del todo; corrigiendo lo que proceda  en otras formaciones de izquierdas.

Los dardos dialécticos de oposición, han de ir en esa dirección. Menos banqueros y más trabajadores en las mesas socialistas. No tanta preocupación por el aval alemán o de la Unión Europea, con más calor ideológico y político local. Si se pierde el ideal, no queda nada: incomprensión, desanimo, con sensación de derrota, tan sólo.¿Pero por qué no animarnos? Con desánimo no se avanza en la vida, ni corregiremos la desviación, únicamente se pierde fuerza y facultades de convicción.

Por qué no analizar la reforma de las pensiones con mejor cara, aunque no nos guste; si al fin y al cabo los sindicatos no han podido hacer más, siendo incluso necesario que se hayan comprometido, como lo han hecho, por la desconfianza económica y política existente en el contexto actual. Demostrando así, su alto grado de responsabilidad con los trabajadores, la sociedad y el país. Una responsabilidad que ha sido superior a la del propio Gobierno, si se analiza con detalle las actuaciones de cada cual, incluido el adverso atrevimiento gubernamental de la ruptura del dialogo social, que se acaba de recomponer. “Yo no puedo hablar en términos de satisfacción con el acuerdo. Puedo hablar en términos de implicación y responsabilidad”, ha declarado Cándido Méndez, Secretario General de UGT. 

Cuando se pacta, nunca se esta de acuerdo en todo. En sindicalismo, no siempre se firma lo que gusta. En una negociación jamás se consigue todo lo que se reivindica. La otra parte también existe. Hasta se dice que, los acuerdos son buenos, cuando ninguna de las dos partes se queda contenta con lo conseguido. En sindicalismo raras veces se logran satisfacciones plenas puntuales; si se pueden obtener, si se valoran trayectorias de largo plazo. Y en este caso, la negociación global aun no ha acabado, porque el nuevo Acuerdo Social y Económico (ASE), del 2-F, solamente esta hilvanado al quedar por concretar: la negociación colectiva, la política industrial, el modelo energético, la innovación y las Políticas Activas de Empleo.

De hecho, los sindicatos han implantado un método de coherencia y efectividad, al conseguir agrupar en un mismo paquete los diferentes temas a tratar, porque con la velocidad y la fiebre  reformista del Ejecutivo, las centrales sindicales no podían firmar un día un acuerdo y cuatro días después tener que convocar una huelga por otro asunto. Así diré, que era totalmente necesario establecer el tiempo de calma que las conversaciones requerían, debido a que la táctica sindical o es de negociación o de confrontación; pero nunca de ambas formas a la vez, como si de cambiar de camisa se tratara. 

“Mis hijas van a vivir unos cuatro años más que yo por esperanza de vida”, viene diciendo el ex ministro Jesús Caldera. La esperanza de vida es cada día mayor, “en virtud de que aumenta un año cada lustro, siendo en el 2.050 de 85 años y cuando a principio del siglo pasado, se fijó el retiro a los 65 años era de 40”, según el catedrático Antón Costas. ¡Quien lo duda!, si esta apreciación, hasta los mas firmes opositores de la reforma la han tenido en cuenta. Tanto es así, que no ha habido prácticamente nadie que haya defendido que la jubilación se quedara establecida y, bloqueada, a los 65 años sin ninguna modificación. La discrepancia ha estado en la forma más que en el fondo, porque aun con diferencias, se venía a coincidir en el límite de 67 años; pero con la diferencia sustancial, de cubrir esos dos años de manera obligatoria como quería imponer el Ejecutivo con carácter universal, o voluntaria como pretendían  las centrales sindicales y ya existía. Incrementando más la cantidad del 2% por año, que se obtenía en compensación.

¿Qué posición era la más razonable? Para mí la sindical, sin duda, porque era una opción libre y de mayor deferencia; ya que después de una carrera larga de cotización, había humanidad y consideración personal hacia el jubilado o la jubilada. Entre retraso obligatorio o alargamiento voluntario, se centro el proceso. Del resultado se puede decir que, la negociación ha quedado al 50%, con peores efectos en los más jóvenes con contratos precarios, que ahora más que nunca se tienen que estabilizar (el 43% de los jóvenes españoles menores de 25 años busca trabajo y no lo encuentra). Se alarga de forma gradual la jubilación a los 67 años. Crece el periodo de cálculo de 15 a 25 años. Serán necesarios 37 años (dos más) de cotización para obtener la pensión máxima. Situándose en 38,5 años el periodo cotizado para jubilarse a los 65.

Que por cierto, cuando el 77% de los pensionistas no llega a ser mileurista, esta reforma supone una reducción del 20% del valor las mismas. Un 10% por la ampliación de los años de calculo y otro 10% por el aumento de la edad de jubilación, aunque en realidad el recorte para los afectados será de un 10% en dinero y un 10% en tiempo al tener que trabajar más años, ahorrándose el sistema el 20%. Las medidas entrarán enteramente en vigor en el 2.027.

¿Había una necesidad urgente... de hacer ahora la reforma de las pensiones? Ninguna. El sistema es totalmente solvente ahora y en el futuro, porque a pesar de la crisis, cuenta con superávit y con su Fondo de Reserva intacto. Por consiguiente, las actualizaciones se podrían haber hecho sin ningún problema dentro de cinco años o de más, empezando por contabilizar el incremento de la productividad de las próximas décadas, la cual incrementará sustancialmente los ingresos; cosa que ahora el Gobierno no hace, al enarbolar solo la bandera de la esperanza de vida, como argumento ventajoso de justificación. ¿Por qué se plantea la reforma en medio de la fuerte recesión económica y financiera que padece el país y, cuando por ello, hay más parados y pérdidas de cotizantes a la Seguridad Social? ¿Es el momento más oportuno?

A este propósito, unas declaraciones del Ministro de trabajo, Valeriano Gómez, son tremendamente ilustrativas: “La Reforma de las Pensiones pactada influirá positivamente para calmar los mercados. Tenemos que financiarnos en el exterior, Estado y empresas. Si hacemos reformas que estabilicen el gasto público a medio y largo plazo, tendremos más capacidad de financiación exterior”. Lo que cabe apuntillar con lo dicho sin ningún rubor por el Presidente de MAPFRE, José Manuel Martínez: “Sería una pena que no se aprovechara esta circunstancia (de la reforma) para fomentar el ahorro y las pensiones privadas. Hay que explicárselo a la gente de la misma manera que se le dice que se necesitan más contribuyentes según aumentan los jubilados. Abogando por una mayor deducción fiscal a los planes privados de pensiones”. Para el catedrático Ignacio Zubiré: “Los planes de pensiones suponen altas comisiones y muy baja rentabilidad”.

De lo anterior, por las palabras del ministro queda demostrado, la inmensa preocupación del Gobierno por generar confianza inversora, tranquilizando a la par a los mercados  extranjeros, para obtener en ellos la financiación que las empresas y las entidades publicas necesitan. Así, ¿son estas dificultades de financiación, el principal motivo para que se hayan tratado ahora las pensiones y no en otro contexto más acorde? Creo, firmemente, que sí lo es.¿Por que motivo? Por la sencilla razón de que, todos los abaratamientos de los planes públicos de pensiones, abren un poco más la puerta a los fondos privados de pensiones, para satisfacción y goce de esos mercados financieros y del presidente de la mutua mencionada. En resumen, ¿ha sido la modificación un regalo a los mercados, para que se porten bien e inyecten a precio justo el dinero tanto público como privado, que el país necesita a la mayor urgencia? Esencialmente, sí.

Siendo como siempre muy interesante la opinión - Público de 3.02.11- del catedrático Vicenc Navarro: “Los sindicatos UGT y CCOO han hecho lo que tenían que hacer: han defendido en condiciones dificilísimas los intereses de los trabajadores. Debido a su esfuerzo se suavizaron algunas de las propuestas más duras del Gobierno y la reforma mejoró considerablemente. Es injusto que se les acuse de traicionar a la clase trabajadora, pues hicieron lo que pudieron, aunque se les puede reprochar que nunca debieron haber aceptado el retraso obligatorio de la jubilación”.

A primera vista, parece tener cierta razón en el regaño final. Pero cabe añadir una circunstancia que, oprime el desarrollo y la trayectoria normal del país, y que a pesar de verla todos los días, continuamente, no se percibe en toda su gravedad. Es la siguiente: en España hemos pasado del ladrillo a la deuda, y exagerando el término, de la deuda casi a la ruina. Esto es lo que hay. ¿Acaso olvidamos, que lo mismo que Grecia e Irlanda, España ha estado a punto de tener que ser rescatada? Las Cajas hacen agua. Las empresas están maniatadas por los créditos. Los salarios y el consumo bajando y la inflación subiendo. Las pensiones congeladas. La sociedad no confía mayormente ni el Presidente, ni el líder de la oposición. La alternativa del PP está en campaña electoral permanente, sin colaborar lo necesario en este momento crucial.

Aragón cerró 2.010 con 103.300 desempleados, el 16,06%, la cifra más alta de la historia, según datos de la EPA. 28.700 hogares aragoneses tienen a todos sus miembros en paro. El año acabo con 4.696.600 desempleados en España, un 20,33% de la población activa. 1.328.000 familias españolas tienen a todos sus componentes desempleados. España con una tasa del 42,80%, es el país de la Unión Europea con más paro juvenil, ya hay 840.000 menores de 25 años sin trabajo, los de la generación perdida.

Para mí, estos son los verdaderos motivos que han llevado a la Unión General de Trabajadores, a firmar las pensiones y el Acuerdo Social y Económico. Había que colaborar, dando confianza, para levantar el país y ayudar a salir a infinidad de personas del drama en que se encuentran. Creo que dadas las circunstancias, los sindicatos han actuado responsablemente y con buen criterio. Sin embargo, a la sociedad le falta por asumir, que la especulación en general y los abusos de la vivienda, han pasado de las gracias en los programas del corazón de TV, a la economía real, a las necesidades de la gente y, al propio sindicalismo, que se ve abocado a definir estrategias acordes con la realidad social y política, para hacer más efectiva su gestión, sin renunciar nunca a sus ideales.

Se ha llegado a decir, que los sindicatos han firmado el acuerdo, porque creían que una nueva huelga general sería un fracaso, como ya lo fue la anterior del 29-S. Se buscan mil argumentos tratando de entender el comportamiento sindical, debido a que no se sabe ni se llega a comprender desde fuera de las organizaciones, el que los sindicatos hayan sido capaces de actuar con la altura objetiva que lo han hecho, durante toda la crisis y en el momento actual. Primero, que los sindicatos le tenían que hacer una huelga a Zapatero, ¿dónde están que no la hacen? Segundo, la huelga ha sido un fracaso, los sindicatos están anticuados por hacer huelgas. Tercero, tienen que firmar, no tienen que firmar.

Basta de tanto desatino. En la última huelga pararon masivamente todos los sectores productivos, junto a otros y millones de personas se manifestaron por las calles, lo mismo que harán nuevamente cuando se les convoque. Por lo tanto, ningún temor de fracaso ante nada. En todo caso, es más difícil hacer una huelga general a un gobierno al que se le ha votado y se le piensa seguir votando, que a otro menos afín. El movimiento sindical español, está siempre preparado y dispuesto para pactar o para pelear. Así se ha demostrado y se seguirá haciendo. Claro que sí.


10.02.11                                                              Fernando Bolea Rubio
                                                                             Sindicalista