El Gobierno popular es malo para la inmensa mayoría de los
españoles. Porque como ellos saben, les
van quitando cada día más descaradamente, los pocos bienes públicos que tienen,
cediéndolos a una minoría de privilegiados para sus negocios privados. Cargan
hasta arriba los furgones del dinero, llevando a cajas de caudales
especulativas las pensiones, la sanidad, la educación. Se fijó en los derechos
laborales y no quedan ni migajas. Derechos civiles suben al cielo. El tándem
cardenales-banqueros hacen su agosto ideológico financiero, mientras más gente
sufre penurias, por perder salarios, ayudas sociales, renta familiar. “Llevo el
carro lleno de latas de legumbres, pero solo puedo donar una, porque mis tres
hijos están en paro y son para que mis nietos coman”. Se lamentaba una buena
mujer.
El país es ahora como un desagüe al revés. Con una gran
manguera que se lleva lo bueno y deja lo malo, lo sucio, lo peor de la
política, de la economía, del trabajo, especulación, inhumanidad, miedo. Todo
ello aderezado por ejércitos de tertulianos del poder, con casi todas las
cadenas de TV o radio al servicio de esta desviación. Han convertido los
platos, los estudios, en auténticos rings donde se suceden los sopapos, contra
la izquierda, los sindicatos, el Partido Socialista. Al Partido Popular no. Con
él, defensa numantina. Los intereses han vencido la neutralidad. Se llega al
extremo de trasmitir tertulias espectáculo, juntando a mayorías de ultraderecha
y derecha con minorías opositoras débiles, con un resultado escandaloso que
aborrece a la gente de buena fe, alejando la audiencia. Hay periodistas
personificados en políticos que mandan, que más bien parecen marionetas
serviles gruñonas que degradan esa admirable profesión. A mi me producen lástima.
Pero esta degradación general me duele. ¿Cómo es posible que España haya caído
tan bajo, en solo 18 meses de mandato del Gobierno?
Todo esto al menos ha servido para algo. Para saber, que
el Partido Popular no defiende ni lo hará nunca el Estado del bienestar. El
capital de los pobres. Su misión neoliberal en la vida es acabar con él,
anulando el papel del Estado. Continuando así, su callada pero eficaz
revolución conservadora o de la desigualdad, cuyo líder es Mariano Rajoy.
Apocado él, aunque aprovechando la crisis, sigue el rail del capital al pie de
la letra. Debe pensar que, con alguna limosna, basta. Él ya escribió, que “hay
diferencias de cuna” y, que por tanto, las personas no pueden ser iguales. Este
hombre debe ser un castigo de los dioses, a sus votantes sin caballo. ¡Que
cambien de señorito, para no sufrir tanto todos!
En el PSOE, mi partido, sus electores tampoco irradiamos
felicidad. Nunca la sociedad ha estado tan alejada de él. Su estado es
insostenible. Se viene diciendo que, primero el proyecto, después el candidato.
Mas, de ese programa: ¿Qué partido va a salir?
¿Socialdemócrata, medio neoliberal, liberal del todo, una cosa amorfa o
disforme a la que nadie haría caso, como ahora? ¿Tendrá, la bendición de la
iglesia y la banca? ¿Al nuevo candidato, se le va a dejar todo hecho, para que
no se pueda mover en la mordaza? ¿Dejando todo atado por los restos del
felipismo y el zapaterismo? Si Rubalcaba se va, no debe ser él quien lidere el
fondo y la forma del nuevo programa. Tendría que ser la nueva dirección la que
influya en la ruta a seguir, eligiendo los aparejos útiles. Cada cura celebra
su misa. ¿Y si al nuevo cardenal no le gusta el vino elegido? ¿Beberá otro o no
dará la comunión, quedando los fieles en pecado de nuevo?
Para empezar, el partido se debería presentar a la
sociedad como: El nuevo PSOE. Sin embargo, es imposible hablar de algo nuevo
con componentes viejos. El viejo PSOE de los últimos cinco años, está hundido
electoralmente, sin tener capacidad de reactivación, debiéndose orillar del
debate político y mantenerse como agrio recuerdo. Por consiguiente, todo lo
significativo de esa época sobra, su líder actual, el equipo de dirección, la
mayoría de los miembros de los comités de apoyo, secretarios regionales
quemados, corruptos, vividores, los que no presenten gestión acorde con su
responsabilidad. Con políticas derechistas fuera. Dando participación interna.
Eliminando de raíz, familias de poder y desviaciones orgánicas. La candidata a
las primarias andaluzas, Susana Díez, habla de “un tiempo nuevo”. Ahora bien,
con él y “un nuevo PSOE” sería mejor. Hilar esta tela requiere tiempo, pero los afiliados tienen
que empezar a tejer. Según una encuesta, hoy el PP perdería 66 escaños y el
PSOE 5. Éste, en vez de subir baja. Esto es un cataclismo.
El nuevo Partido Socialista tiene que ser un partido de
gobierno y, sobre todo, una formación de carácter social. Socialista democrático
o socialdemócrata, porque como es lo mismo me da igual. Un nuevo PSOE, que esté
junto a los trabajadores, las clases medias trabajadoras, los jóvenes, los
parados, las personas dependientes, la discapacidad, los mayores y sus
pensiones, con todos los seres humanos que tengan necesidades. Siendo una máquina
social de recuperación, de la sanidad y de la educación perdidas. Devolviendo a
los trabajadores los derechos laborales estafados, con estima y consideración.
Tres millones de exvotantes socialistas, podrían esperar un cambio así, para
empezar a confiar en él de nuevo. Saben que el Estado del Bienestar sólo lo
garantiza la izquierda. Que la derecha supone sufrir, dejando los bolsillos con
calderilla.
7.07.2013 Fernando Bolea Rubio
Sindicalista